La maldición del Che: los finales trágicos de los involucrados en su muerte

Tiros a quemarropa contra un inerme prisionero catapultaron, hace cincuenta años, el mito de Ernesto 'Che' Guevara así como su leyenda urbana: la maldición que pesa contra quienes estuvieron involucrados en su muerte.

El 10 de octubre de 1967, un día después de su muerte, el cuerpo del guerrillero argentino Ernesto "Che" Guevara se expuso en una morgue improvisada en Vallegrande, en el sur de Bolivia, donde intentó lanzar una nueva revolución.AFP

A continuación algunas personas que estuvieron involucradas en la detención del guerrillero argentino, desaparecido a los 39 años, y que han tenido un final trágico.

En el caso contrario, junto a la maldición del Che, en un país como Bolivia, fuertemente apegado a la fe y a los milagros de los muertos, el guerrillero, un ateo confeso, ha sido elevado a los altares como un santo milagrero.

 

René Barrientos:

A dos años del asesinato del Che en una escuela de La Higuera (sudeste boliviano), en el apogeo de su popularidad, el general René Barrientos, presidente de Bolivia y jefe de las Fuerzas Armadas en tiempos de la guerrilla, murió calcinado en un oscuro accidente de aviación.

El 'general del pueblo', como gustaba que lo llamasen, ordenó supuestamente la ejecución de Guevara por instrucciones de la CIA estadounidense.

 

Alfredo Ovando:

Su sucesor en la presidencia, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de esa época, general Alfredo Ovando, murió quince años más tarde aquejado de una enfermedad, pero tuvo que soportar antes la muerte de su hijo mayor en un accidente de aviación.

 

Juan José Torres:

El jefe de Estado Mayor de entonces, general Juan José Torres (presidente populista entre 1970 y 1971), encontró la muerte en Buenos Aires a manos presumiblemente de un grupo paramilitar en tiempos del dictador argentino Jorge Videla.

 

Joaquín Zenteno:

En 1968 dos pistoleros asesinaron en una calle de París al general Joaquín Zenteno, comandante de la unidad 'Rangers' que capturó al Che. Y tres años más tarde el jefe de inteligencia Roberto Quintanilla fue abatido en su despacho del consulado en Hamburgo por la alemana Mónica Ertl, quien integró el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano.

 

Gary Prado:

El comandante de la patrulla que capturó al Che, capitán Gary Prado, fue herido en 1981 por un disparo casual de un compañero que lo postró de por vida en una silla de ruedas.

La maldición de Che alcanzó también a otros personajes como el coronel Andrés Selich, asesinado en 1973 tras ser sospechoso de conspirar contra el dictador Hugo Banzer o el entonces ministro del Interior, Antonio Arguedas  -quien envió a Fidel Castro las manos mutiladas y el diario del Che en 1967-, que murió en 2000 al estallar accidentalmente una bomba que manipulaba.

 

Milagros de un ateo confeso

Sin duda, ha contribuido al mito del Che milagrero la apariencia de 'Cristo muerto', de la pintura de Andrea Mantegna (1506), con que el legendario Ernesto Guevara fue fotografiado exánime en la lavandería del hospital de Vallegrande donde su cadáver fue exhibido por los militares bolivianos poco después de su ejecución.

 

San Ernesto de La Higuera

En la foto de su cadáver, su rostro impresiona: con los ojos y labios entreabiertos.

Los lugareños "comenzaron a santificar al Che por este motivo, pues el 9 de octubre habían comprobado que sus ojos se encontraban 100% cerrados y al día siguiente 100% abiertos, con una mirada serena y tranquila", escribió el médico y periodista Reginaldo Ustariz en su libro "El combate del Churo y el asesinato del Che". 

De esta manera, afirma Ustariz, quien estuvo en el teatro de operaciones en 1967, nació el mito de San Ernesto de La Higuera.

En el mismo lugar en que fue asesinado Guevara fue erigido un busto devenido en lugar de peregrinaje, mayormente de turistas, y algunos campesinos que lo veneran como "San Ernesto de La Higuera".

 

Milagros menores

Según relatan pobladores, el ícono de la izquierda latinoamericana ha obrado algunos milagros menores como el haber facilitado que una campesina pueda llegar a tiempo a ver a sus hijos hospitalizados sólo porque ella había invocado el alma del Che, o que no haya faltado comida en una familia.

En Vallegrande y La Higuera se tejen innumerables historias de la época adornadas con semiverdades.