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hace 1 hora

La mujer que vive con 42 perros

Diosmary Palacios vive en Barranquilla con los caninos que rescató de las calles. Por una queja de sus vecinos tiene 45 días para sacarlos de su casa.

Preciosa, El Mono, La Flaca y Pepe, cuatro de los 42 perros de Diosmary Palacios.Cortesía.

42 colas se mueven de lado a lado en cada rincón de la casa de Diosmary Palacios González, una mujer de 48 años, bacterióloga de profesión, quien ha dedicado sus últimos 18 a rescatar caninos.

Irónicamente, en 1986, Diosmary decidió no tener mascotas jamás, luego de que su padre le regalara un perro y este muriera. “Si no tengo nada, no lloro nada”, se dijo en aquel momento.

Sin embargo, cuando en el 99 su hermana quería regalar su ‘french poodle’, Diosmary no resistió la idea de que a ese “perro maleducado le iban a dar palo” y decidió quedarse con él. Ese fue el primero de la larga lista que aconteció más tarde.

Una perrita dejada en la puerta de su trabajo, fue la segunda. Guardián Felipe, al que casi mata un bus, fue el tercero. “Lo llevamos al veterinario y luego le buscamos hogar, pero no encontramos. Como era tramador se quedó conmigo”, recordó Palacios.

El siguiente lo rescató de manos de un carromulero y Candy Elena llegó en 2008. Estaba en calor y, por el alboroto que formaban los perros a su alrededor, un hombre decidió tirarle piedras. Diosmary se indignó ante tal acción, le espetó “no te permito que le tires una piedra más a esa perra” y la guardó en su casa.

En ese tiempo Diosmary trabajaba en un laboratorio de Salud Pública, en donde encontró una familia de perros desnutridos a quienes decidió llevarles comida cada día.

“Una frase que marcó mi vida es que uno debe ser caliente o frío, pero tibio no. Y yo estaba siendo tibia dejando esos perros ahí. Cuando volvía me decían: doña, a ese perro lo envenenaron, lo mataron, lo atropellaron”, dice Diosmary, para explicar su decisión de mudarse de casa y empezar a construir su sueño.

Vendió su vivienda ubicada en el barrio El Carmen, de Barranquilla, con el fin de comprar un terreno al que se mudaría más tarde con sus perros, y una casa en la que viviría mientras lo construía. Así lo hizo y en 2014 ya estaba con al menos 15 perros en el barrio Los Continentes, de la localidad Metropolitana de la ciudad.

“Seguí viviendo mi vida de perros con mis perros. La idea era ir preparando el terreno para irme con ellos, porque sé que aquí no los puedo tener”, explicó Diosmary, a quien las cosas se le complicaron cuando perdió su trabajo y no pudo hacer un préstamo para lograr el objetivo. Hipotecó la casa de la mamá, pero el dinero no alcanzó.

Palacios colocó una venta de comidas rápidas, “porque estos chicos necesitan comer y muchos cuidados”. También vendió hayacas, postres, manualidades y, además, aprendió el arte del reciclaje, con tal de conseguir lo necesario para sus perros.

Los gastos por la tenencia de los perros ascienden, aproximadamente, a los 800 mil pesos mensuales, incluyendo servicios públicos, su comida y el servicio de los veterinarios.

¿Cómo llegó a tener 42 caninos? “Yo tengo un problema contra el maltrato animal. No lo soporto, no puedo ser indiferente al dolor de estas criaturas. Por eso, los veía en las calles indefensos y los recogía”, manifestó.

Foto: Rafael Polo/ El Heraldo

 

La queja de los vecinos

No debe ser fácil mantener 42 perros en buen estado mientras no se tiene un empleo. Pese a ello, Diosmary no descuida a sus mascotas e intenta generar las menores molestias posibles a sus vecinos, manteniendo limpios la casa y los perros. Lo único que no puede controlar son los ladridos de los animales.

Así es que sus vecinos presentaron una querella contra Palacios, a quien señalan de perturbar la convivencia ciudadana por residir junto a tantos perros, lo cual, según ellos, genera malos olores y ruido constante.

“Vea, yo me levanto a las cinco de la mañana haciendo oficio y me acuesto haciendo oficio, para que no digan que la casa de los perros huele mal”, señaló Diosmary.

Si bien Palacios es consciente de que los caninos generan ruido, para ella las quejas también tienen otra razón de ser. Cuenta que en agosto, a la casa de al lado llegó una gata, la cual defecaba en la terraza de su vivienda. “Eso generaba un olor terrible y ellos no lo limpiaban”.

La vecina aseguraba que no era su gata la que hacía eso en la terraza y, por tanto, Diosmary la grabó. Sin embargo, esta se negó a limpiar la terraza y, entonces, la dueña de los perros llamó a la Policía. “Luego de eso, ellos se quejaron por mis perros”, dice Diosmary.

Lo cierto es que motivada por la querella la Inspección Tercera de Policía Urbana de Barranquilla, en octubre, practicó una diligencia de inspección ocular para verificar los hechos. En esta se concluyó que, en efecto, los ladridos son constantes y Diosmary no podía vivir en aquellas condiciones con los perros. El Código Nacional de Policía y Convivencia,  trata en el artículo 124 sobre los comportamientos que ponen en riesgo la convivencia por tenencia de animales.

No obstante, Salud Pública Distrital revisó la condición de los caninos, a quienes encontró con sus correspondientes carnés de vacunas y en buen estado de salud. Por tanto, decidieron darle 45 días a Diosmary para que resuelva su situación.

¿Qué hará en 45 días?

“Yo no quiero que me quiten a mis perros porque nadie los va a cuidar como yo”, expresa Palacios, quien fue a la oficina de Salud Pública y recibió la buena noticia de que en unos días los veterinarios operarán de manera gratuita a las perras que faltan por esterilización.

El sueño de Diosmary sigue en pie: irse a Sabanalarga con sus animales, seguir rescatando otros y hacer proyectos de siembra con la comunidad para salir adelante.

Para la bacterióloga de 48 años, no sería lógico haberlos recogido y ahora dejarlos a su suerte, por ello afirma con ánimo, “yo no sé cómo saque a mis perros de aquí, pero de que me los llevo me los llevo. Así me toque armar cambuche en el terreno que compré, porque está apenas semiconstruido”.

Corazón, Preciosa, Start Black, El Mono, La Flaca, Pepe y Como tú, son algunos de los caninos que con el batir de su cola, le demuestran cada día a Diosmary Palacios lo agradecidos que están por haberlos alejado de las inclemencias de la calle.