Llevar un animal a la casa es una decisión de familia

Las mascotas no son un buen regalo de Navidad

Pueden ser desde los tradicionales perros y gatos, hasta pájaros, hámsters o conejos, pero hacer de un animal un nuevo integrante del hogar es una decisión que se debe meditar.

Es una decisión que debe tomarse con responsabilidad. Según los expertos, una mascota no es un obsequio porque comprarla, o preferiblemente adoptarla, debe ser un acuerdo entre todos los miembros de una familia, considerando las necesidades que el animal tendrá como el alimento, cuidados en su salud y aseo. Puede ser un pez o un hámster, que tienen menos requerimientos , pero será necesario asear su hábitat –jaula o pecera–, darles alimento y estar atento de su comportamiento.

Cuando se trata de un perro o gato hay que vacunarlos y desparasitarlos, lavarles los dientes o hacerles la profilaxis periódicamente, acudir al veterinario y, de ser necesario, seguir un tratamiento. Hay animales que deben tomar medicamentos de por vida porque sufren de la tiroides o tienen problemas cardíacos, otros son alérgicos a ciertos alimentos —como los enlatados— o por las condiciones de su raza tienen problemas respiratorios o en su piel.

Todas las personas que vivirán con la mascota deben estar de acuerdo con su llegada. El zootecnista de la Universidad Nacional, Iván Vélez, explica que “es una decisión de familia, como la llegada de un hijo, todos tienen que estar de acuerdo y todos tendrán cierto grado de responsabilidad”. También hay que revisar si hay personas alérgicas al pelo de los animales o que se sienten incómodas con su presencia, porque el objetivo de tener una mascota en casa es crear equilibrio y tranquilidad, no un problema.

Además de ser una decisión consensuada, en la que se deben considerar los gastos económicos que implica y las responsabilidades que se adquieren, la familia debe pensar a futuro. Qué pasará con la mascota cuando haya un viaje, quién lo sacará a pasear -si es un perro- o qué tanto las costumbres del hogar pueden adaptarse a la presencia del animal son algunas de las preguntas que se deben plantear.

Así como en Navidad muchas personas piensan en regalar una mascota, hay familias que no saben qué hacer con ellas durante esos días, porque no pueden llevarlas a sus planes, tienen un paseo o éstos se ponen nerviosos con el ruido de la pólvora. Spa Can, guardería de Medellín, explica que a finales de diciembre y principios de enero es cuando más demanda tiene para cuidar animalescuyos dueños tienen viajes a los que no pueden llevarlos. No todos los perros son aptos para quedarse en una guardería porque deben tener completo todo el esquema de vacunación y saber cómo relacionarse con otros de su especie.

“Hay personas que lo pasan de mano en mano y no saben bien qué hacer con ellos. El animal sufre y hay brotes de enfermedades como la parvovirosis”, afirma la veterinaria Mariam Acero. Durante la investigación de sus tesis de doctorado, La relación humano-animal de compañía como un fenómeno sociocultural y sus perspectivas para la salud pública, encontró que al recibir una mascota como regalo, cuando no estaba en los planes, algunas personas van a los centros veterinarios para preguntar qué hacer con el animal y éstos se convierten en una carga adicional para las madres porque los niños pequeños no han adquirido las responsabilidades que implica tener una mascota.

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Acero cuenta que es un error cuando los primos o tíos deciden darle a un niño un perro o un gato, porque la decisión debe ser tomada por quienes serán directamente los responsables de ellos. Si bien reconoce que las mascotas sí ayudan a crear responsabilidades en los menores y son una buena compañía, asegura que es necesario evaluar las condiciones de los menores. Por ejemplo, para el zootecnista Vélez, es ideal los niños o niñas sean mayores de 10 años.

Cuando se trata de mascotas, antes de comprarlas hay que pensar en todos los animales que están en refugios, fundaciones o en los centros para animales rescatados de la calle de cada municipio. En el caso de Zoonosis, de Bogotá, hay aproximadamente 320 perros y 60 gatos a la espera de encontrar una familia que los adopten. Para esta institución del Distrito lo ideal es que no se vea a los animales como objetos, un premio o un regalo. “Es un acto de responsabilidad total y en muchos casos los llevan como sorpresa y terminan en devoluciones o abandonados”.