Lo dice la premio nobel de paz a propósito de la crisis política en Venezuela
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“Las personas calladas también tienen responsabilidades”: Shirin Ebadi

La escritora iraní habla de Nicolás Maduro y de los gobernantes de su país: “En ambos hay mucho petróleo, son muy ricos, la gente está cada vez más pobre y no está contenta. Ambos gobiernos, en vez de acercarse a lo que el pueblo les está pidiendo, lo encarcelan”.

Shirin Ebadi es abogada, activista de derechos humanos y escritora. / Paula Cubillos

Shirin Ebadi estaba sentada en uno de los pasillos del hotel Santa Clara en el centro amurallado de Cartagena. Premio nobel de paz en el 2003, es la primera mujer musulmana y ciudadana iraní que lo ha recibido. De baja estatura, ojos profundos, voz segura y muy elegante. A los 23 años fue abogada y una de las primeras magistradas de Teherán. Hoy vive en Londres exiliada y fue una de las invitadas al Hay Festival 2019.

“Yo soy una activista de derechos humanos y mi responsabilidad es luchar para la libertad”, dice al comenzar esta entrevista con El Espectador.

Le agradezco por recibirme. En el hotel donde estamos, hace años Gabriel García Márquez encontraría la cripta donde estaba Sierva María de Todos los Angeles y su extensa cabellera, que da inicio a su obra Del amor y otros demonios. ¿Qué sabe del realismo mágico?

“Muchos de sus libros han sido traducidos al idioma de Irán, los he leído y uno de mis preferidos es El amor en los tiempos del cólera. Lo he leído varias veces. Qué bueno que nos haya dicho lo de la cripta. Intentaré bajar a conocer ese sitio”.

Ebadi se apoya en su traductora y sonríe. Le pregunto por su libro Hasta que seamos libres, una obra autobiográfica. Se ha vuelto una vocera de los que no tienen voz. ¿Nos falta mucho para ser realmente libres?

“Cuando perdemos la democracia no es solamente la responsabilidad del dictador. Las personas que se han quedado calladas también tienen su responsabilidad. Quiero ponerle un ejemplo: si usted y yo nos montamos ahora en un barco y a mitad de la noche se rompe el barco y estamos en medio del océano, ¿qué otra nos queda si no es nadar? ¿Cree que nos habríamos puesto a preguntar cuándo llegaríamos a la orilla? Hubiéramos tenido derecho a cansarnos, a desesperarnos por lo que está pasando. Tenemos que nadar pase lo que pase, con todas nuestras posibilidades, y no debemos pensar siquiera si vamos a llegar a la orilla. Yo estoy en esas condiciones ahora mismo, no me queda más que nadar”.

La mañana sigue siendo fresca, algunas personas pasan, toman fotos. Ella sonríe y entonces hablamos de Colombia, la guerrilla, el narcotráfico, las muertes de líderes sociales en el primer mes del año, de su visión del país. Recordó el 2005, la primera vez que vino.

“Yo sé que tienen muchos problemas, pero celebro la firma del Acuerdo de Paz. En la intervención de mi conferencia hablé sobre la democracia y el sentido que tiene que tener y dije que proteger la democracia es la responsabilidad de las personas más fuertes, porque la democracia, decía, se parece a una flor. Si usted tiene una planta con flores bonitas en su casa, cada día tiene que regarla de manera equilibrada… Necesita del cuidado diario de los ciudadanos. Nuestra obligación no se acaba solamente con un voto. Cada día tenemos que mirar lo que está haciendo el Gobierno y ver en qué cosas no lo está haciendo bien. Protestar. Escuché que el año pasado asesinaron a un grupo de líderes sociales. Con el primer asesinado tenían que haberse convocado manifestaciones grandes y preguntarse por qué ha pasado esto.

Sobre Irán y Venezuela

En el Hay Festival se han congregado mas de 150 escritores, músicos, científicos, artistas e intelectuales. Shirin Ebadi, como activista, se define como una escritora social y es ese camino el que nos lleva a hablar de la dictadura de Venezuela y su país. Le recuerdo una entrevista para El Mundo, de España, donde afirmó que “el régimen iraní no se puede reformar, se debe acabar”.

“Es un buen ejemplo, porque esos dos países se parecen muchísimo y tienen muchas cosas en común. Y sabe usted, un amigo muy bueno de Maduro es el gobierno iraní: en ambos hay mucho petróleo, son muy ricos, la gente está cada vez más pobre y no está contenta. Ambos gobiernos, en vez de acercarse a lo que el pueblo les está pidiendo, lo encarcelan. Si el gobierno iraní no cambia su manera de actuar, no escucha a la gente y no le devuelve el poder, en dos años más seremos igualitos a Venezuela.

Estoy muy contenta porque el mundo respeta el deseo del pueblo venezolano y le ha dado la espalda a Maduro. Los venezolanos le han mostrado al mundo que son inteligentes y sus protestas han sido pacíficas. Maduro se quedó con las ganas de que la gente salga a la calle con armas, eso hubiera hecho que se restableciera más su régimen. Lo más importante de todo es que estoy muy feliz porque el presidente encargado (Juan Guaidó) ha prometido que habrá amnistía. Tengo esperanzas de que el poder se llegue a restablecer Cuando pase eso voy a felicitar a los venezolanos”..

El tiempo transcurre lento con esta mujer que recibió el Nobel por los esfuerzos y la democratización de los derechos humanos y es hija de un profesor. Hablamos de los Estados Unidos y le pregunto por las declaraciones del presidente Donald Trump cuando dijo hace unos días, según ABC News: “Cuidado con Irán. ¡Tal vez la inteligencia debería volver a la escuela!”. Hace una pausa, mira a su traductora y con un gesto de entendimiento y algo de admiración me dice: “Soy crítica de la política y las actuaciones de Estados Unidos. Desde hace 40 años el gobierno de Irán, con la excusa de la enemistad con el gobierno de Estados Unidos, está gobernando oprimiendo a la gente. Cada vez que alguien habla y critica la actuación del gobierno de Irán, dicen: eres una espía de Estados Unidos”.

Cuarenta años de enemistad se han convertido en una excusa para que el gobierno de Irán sea corrupto, exactamente como las condiciones que vemos en Venezuela. Maduro tenía la mejor excusa: soy enemigo de Estados Unidos. Por lo tanto la enemistad con Estados Unidos no da legitimidad a ningún gobierno en el mundo”.

Y de nuevo vamos a la literatura. Comenta su nuevo proyecto editorial, sobre la Revolución de 1979 en Irán y cómo cambió el destino de Oriente Medio. “Estoy escribiendo y relatando sobre los ojos de dos refugiados iraníes que se conocen. Uno ha venido de Afganistán y el otro de Irán, ¡y qué cosas les han pasado!”, dice. Tres de sus libros han sido traducidos al español. Uno de ellos es La jaula de oro. Se va a parecer mucho a su nuevo libro, me dice, mientras nos avisan que el tiempo se agota.

Antes de despedirnos me cuenta que hablará con sus hijas en Londres sobre la comida colombiana y de las frutas que le encantan, y que lamenta tener un solo estómago. También les dirá de “la amabilidad y calidez del pueblo colombiano, la humildad que he visto”. Lentamente se va caminando, ya la mañana está más caliente. La veo bajar por la escalera del hotel y solo espero que vaya y conozca la cripta donde empezó la novela Del amor y otros demonios. Una esclava dijo: “Lo malo es que no puede prohibirme lo que pienso”.

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