Lecturas para cielos despejados

El Espectador presenta uno de los capítulos de 'Guía para los viajeros del cielo' ( Sello editorial Grijalbo), el más reciente libro del astrónomo Germán Puerta.

Hay cientos de estrellas dobles, cúmulos de estrellas, nebulosas, galaxias y otros objetos celestes además de la Luna y los planetas, que cualquier aficionado que sostenga en sus manos unos modestos binoculares y que sepa cómo usarlos y hacia dónde dirigirlos, puede localizar y observar. Pero se necesita algo más para una buena sesión de observación.

Tal vez lo primero sea una dosis de suerte para contar con una noche despejada y sin nubes. Ciertas épocas del año son más favorables, el verano por ejemplo, aunque las noches libres de nubes en el invierno son más nítidas. Además, la ausencia de la Luna es esencial para detallar los objetos más débiles. En pocas palabras, el éxito de la navegación celeste depende, primero, de las condiciones de luminosidad del sitio de observación.

Cualquier lugar es un observatorio cuando se está armado de unos binoculares. Aun desde la ciudad son visibles muchos de los detalles del cielo, pero es evidente que la máxima fantasía de la navegación solo se obtendrá en los sitios más alejados de la luz y los ruidos artificiales. Una noche de observación en un lugar apropiado es por lo general una experiencia inolvidable.

Si se tiene la fortuna de poder seleccionar entre diferentes sitios, hay que tener en cuenta, además de la ausencia de luz artificial, la interferencia de árboles, edificios y carreteras con tráfico. Una buena idea es evaluar los posibles lugares durante el día. Sin embargo, cada vez es más difícil para los habitantes de las ciudades acceder a sitios rurales realmente oscuros; incluso una pequeña localidad en el área rural interfiere con su luz la calidad de la observación. En ese caso hay que tratar de efectuar las observaciones en dirección opuesta a las fuentes de luz. Si se trata de auscultar los cielos del norte, conviene escoger un sitio al norte de la ciudad; si se van a observar los cielos del sur, viajar hacia el sur.

Pero como no es posible viajar todos los días, aun desde el patio de la casa, la terraza o el parque vecino se puede perfectamente ver en detalle una enorme cantidad de objetos en el espacio, siempre que el punto de observación permanezca oscuro. Incluso se obtienen buenos resultados si se observa el cielo con los binoculares a través de la ventana de la casa, sentado en un sillón en medio de la oscuridad de la habitación. Considérese que en promedio el ojo humano tarda al menos media hora en adaptarse completamente a la ausencia de luz. En resumen, hay que mantenerse en la oscuridad más completa posible.

En realidad, este es el término adecuado para describir el lugar donde se practica la astronomía con binoculares. Además de una noche apropiada en medio de la oscuridad, un viajero celeste serio debe recrear las mejores condiciones de observación, algo así como el puente de mando de una nave espacial.

Lo primero es la comodidad. La recomendación es que todos los observadores estén cómodamente sentados. Un asiento confortable o una silla reclinable con brazos es esencial para las varias horas de observación. Cuando la noche es fría, es fundamental el uso de ropa abrigada, de pies a cabeza si es el caso. En lugares realmente fríos se sugiere que cada persona tenga a mano una manta. Definitivamente la astronomía visual es un pasatiempo que debe hacerse con toda comodidad. No olvide tener alimentos y bebidas.

Ya mencionamos los mapas y la luz roja. También el cuaderno de notas para consignar alguna descripción o la hora de observación del fenómeno. Aunque no es tema de este libro, la fotografía astronómica básica nos revela los colores y detalles de los objetos celestes mejor que el ojo humano. Puede necesitarse una mesa auxiliar para todo esto.

Se ve más y es más divertido si se observa en grupo, con amigos, pero es importante que todos tengan interés por este pasatiempo. La astronomía visual es para personas capaces de asombrarse con el universo que habitamos. De allí el enorme entusiasmo que despierta entre niños y jóvenes una sesión de observación de estrellas.

También se requiere una especial actitud que involucra iniciativa: no es tan simple como sentarse a observar; hay que tener paciencia: a menudo la noche ideal se transforma súbitamente en un enorme manto de nubes, y constancia: ciertos objetos son difíciles de encontrar. En realidad hay algunos que nunca he visto, pero estoy seguro de que observando el sentido de aventura, esencia de la navegación celeste, finalmente brillarán en mis binoculares.

Por último, es de suma importancia la organización. El éxito de una sesión de astronomía comienza con una preparación previa, confeccionando y revisando la lista de materiales; nadie quiere llegar a un espectacular sitio de observación y encontrar que ha dejado los binoculares en casa. Además, hay que tener un plan de navegación celeste de acuerdo con la época del año, para concentrarse en secciones especiales del cielo, en constelaciones particulares y en objetos previamente listados. Observar el firmamento erráticamente afecta la orientación y es una de las maneras más seguras de perderse lo mejor de la navegación.