Los aeropuertos y los choques contra la globalización

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El Espectador, en alianza con el Aeropuerto Internacional El Dorado, publica hoy la columna del ingeniero Juan Benavides, bajo el lema ¿Cómo se imagina el aeropuerto después de esto?

Existe una extraordinaria similitud entre los modelos matemáticos de propagación de contagiados por enfermedades y de ideas porque, con las variaciones del caso, ambas magnitudes crecen en proporción al producto de contactos entre individuos. En las grandes ciudades, la propagación es muy alta por la densidad poblacional, y en el caso de las ideas, se amplifica por la variedad de orígenes y perspectivas de los individuos. Las ciudades hacen viable la oferta de bienes públicos de gran escala y la innovación. No en balde, los autores en economía geográfica bautizan a la ciudad como el mayor invento de la humanidad: las ciudades producen más, y a menor costo.

La circulación de personas es determinante para materializar las ventajas de las economías aglomeradas, puesto que las personas son portadoras de ideas y talento. El capital humano renovado por la interacción directa contribuye a la innovación regional, la creatividad y el crecimiento económico. El mundo no se aplana mucho por la presencia de internet para las actividades intelectuales y sociales, a diferencia de oficios que no exigen habilidades especializadas, como los call centers, que se pueden descentralizar totalmente.

Los aeropuertos definen la localización de los negocios y el desarrollo urbano en el siglo XXI de manera similar a como las carreteras lo hicieron en el siglo XX, los ferrocarriles en el siglo XIX, y los puertos en el siglo XVIII. En su libro Aerotropolis, Florida, Mellander y Holgersson (2015), argumentan que los aeropuertos impulsan la prosperidad económica regional y tienen una conexión más fuerte con el crecimiento regional que la industria de alta tecnología, y casi el mismo impacto que el talento de alta gama. Estos impactos van más allá de los impactos clásicos de la movilización de carga y pasajeros.

El volumen de tráfico aéreo tiene un efecto positivo sobre el crecimiento de la población, los ingresos y el empleo en las ciudades, incluso después de controlar estadísticamente por otras características regionales. Pero este cálculo enmascara el aporte clave de los aeropuertos, como canales de la globalización, sobre el crecimiento. Florida (2018) enfatiza el papel de la disponibilidad de vuelos directos de alta frecuencia entre los aeropuertos de tipo hub y ciudades globales. Este autor encuentra que los vuelos sin escalas y los altos niveles de conectividad generan inversiones en negocios innovadores que sobrepasan la inversión de capital en el aeropuerto. Esto se cumple para los aeropuertos que disponen de vuelos directos a ciudades globales que se encuentren a una distancia de más de 7,500 km.

En cualquiera de los dos escenarios gruesos de evolución de la economía (choque temporal de duración indeterminada, o endemia) podría haber una pérdida irreversible de viajes aéreos por turismo y de viajes comerciales sustituibles por la digitalización (i.e., la itinerancia de los ejecutivos de cuenta desaparecería). Esta reducción en masa crítica, sumada a las restricciones de pasajeros por vuelo, aumentarán los costos directos e indirectos de viaje. Con una reducción a la mitad de los vuelos directos a las principales hubs de aviación mundial, por ejemplo, se reduciría el apetito de gente de negocios extranjeros por visitar el país, o la posibilidad de que colombianos visiten San Petersburgo, Estambul, Oaxaca, las Islas Hébridas o el Huascarán.

La ausencia de viajeros internacionales locales e internacionales reduce las economías de globalización antes discutidas. Las consecuencias se sentirían en muchísimos sectores, incluyendo la pérdida de diversidad gastronómica y en oferta de artes escénicas (música, teatro, etc.). Este retorno a lo parroquiano y a lo homogéneo es malo para la innovación y para consolidar una clase media liberal y cosmopolita.

La pérdida de corto plazo de viajes y el aumento de costos de los tiquetes debe contrarrestarse con innovación en el turismo, el entretenimiento, el comercio, el hospedaje, el transporte y, en general, en todas las actividades que requieren interacción entre individuos. Con las tecnologías existentes antes de la pandemia, el transporte, los restaurantes y los espectáculos eran actividades ´superdispersoras´ de epidemias -y de ideas-. Las industrias que inviertan agresivamente en tecnología, en logística y en hibridación (adecuación de activos con baja utilización para diferentes negocios) para ofrecer mayor cercanía con menor riesgo de contagio, podrán sobrevivir.

Las apuestas públicas para reactivar sectores deben pasar de las soluciones poco imaginativas que funcionaron para choques financieros temporales en el pasado (transferencias a consumidores y a firmas), a programas enfocados y audaces de desarrollo de capacidades de funcionamiento cuasi normal. El retorno a la vida aldeana y local es inviable y aburrido. La ciencia ficción de autores no distópicos como Liu Cixin se despliega en escenarios y tiempos de gran escala, como reflejo de la búsqueda de novedad que caracteriza al ser humano. Para viajar en cohetes se inventaron los trajes especiales. Para transitar terrenos complejos o recorrer grandes distancias a pie, se inventaron variedades de calzado. Algo parecido puede suceder en el futuro inmediato con tecnologías y prácticas que permitan cercanía y seguridad al tiempo en presencia de pandemias. En tal caso, las actividades de soporte a la aviación y la aviación misma tendrán una nueva oportunidad, indispensable para mantener el flujo de ideas y talento, lo mínimo a que las ciudades pueden aspirar. Ya no tendrían sentido las restricciones absolutas a los vuelos.

*Especialista en administración de sistemas de energía de la Universidad de los Andes. Ph. D. Mineral Economics de la Universidad Pensilvania State . Investigador Fedesarrollo

Contenido desarrollado en alianza con el Aeropuerto El Dorado

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