Los besos también tienen historia

El deseo de conectarnos con otros es innato, sostiene la autora de "La ciencia de besar", Sheril Kirshenbaum. Lo que cambian son las normas sociales para demostrarlo.

Tomada por el fotógrafo Alfred Eisenstaedt para la revista TIME.

No todas las personas expresan su amor a través de los besos. Algunas, por ejemplo, lo hacen tocando sus narices como algunas etnias indígenas de Nueva Zelanda y Canadá ; otras, cuando tocan sus brazos o piernas; y en lugares como en las Islas Trobriand (Papúa Nueva Guinea), los amantes se muerden las pestañas en situaciones íntimas. De hecho, un estudio publicado en la revista científica American Anthropologist, solamente el 46% de las culturas tienen la costumbre de besarse en los labios.

Antes de esta revelación, la ciencia aseguraba que el beso era parte de un comportamiento universal, como lo dice Sheril Kirshenbaum, autora del libro “La ciencia de besar” y académica de la Universidad de Texas (Estados Unidos). Sin embargo, lo importante según Kirshenbaum, es tener en cuenta la manera cómo se define un beso. Por una parte, el biólogo Charles Darwin, habló por primer vez del beso en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales” (1871). Ahí hizo además una distinción entre la expresión con los labios y lo llamó “expresiones relacionados a un beso”.

 

“Estas expresiones incluían una serie de intercambios que se enfocaban en el uso de labios, la cara y otras partes del cuerpo”, comenta Kirshenbaum en un artículo escrito por ella para el diario inglés The Guardian, y agrega que, después revisar muchos casos a nivel mundial en los que se presentaban intercambios similares, Darwin asumió que se debía tratar de un deseo de recibir placer a partir del contacto con una persona amada. “Concluyó que el instinto humano de besar es innato y, agrupando la definición del beso que incluye comportamientos relacionados, puede considerarse completamente universal”, añade la autora.

 

Sin embargo, algunos antropólogos discrepan con la posición de Darwin pues aseguran que un beso es simplemente un fenómeno cultural que se aprende dentro de las comunidades o a partir de algo que aparece en los medios y una persona lo copia. “No obstante, después de una exhaustiva exploración de la literatura e investigaciones científicas, estoy convencida de que el beso es un comportamiento humano completamente natural. Parece que tenemos un deseo innato de conectarnos con otra persona, pero su forma está influenciada por nuestra cultura y normas sociales”, dice Kirshenbaum.

 

Con esta conclusión, ahora la tarea de la autora del libro “La ciencia de besar”, es definir cómo y dónde nació el beso. Aunque no es fácil llegar a su origen, la primera referencia literaria que Kirshenbaum encontró es de un manuscrito de la India de hace 3.500 años en el que, aunque no exista la palabra exacta para referirse a un beso, hay dos referencias claves: dos amantes que unen sus bocas, y la de un hombre que bebe de los labios de una esclava.

 

“Desde ahí, podemos seguir los hechos históricos del beso desde la antigua Grecia, con Homero y Heródoto, hasta las apasionantes prácticas en el Imperio Romano. Con el paso de los milenios, esta práctica tuvo su apogeo en muchas partes del mundo, pero también desapareció en algunos lugares por doctrinas religiosas y, en ocasiones, para evitar enfermedades”, explica Kirshenbaum. Pero el beso romántico, como es utilizado hoy en día en muchas culturas, no era muy placentero cuando la higiene bucal era algo de qué preocuparse. Ahora, se ha convertido en una manera de expresar un sentimiento universal.

Por otra parte, el ‘beso europeo’ se popularizó en tiempos de guerra, con la llegada de barcos a nuevas tierras, y en el trabajo de escritores como William Shakespeare y Charles Dickens. Si bien el paso de los años no ha acabado con el beso, hasta hoy esta expresión sigue cambiando, según el contexto social. “En lugares como México, Francia, España, Holanda, Argentina, Bélgica, Suiza, Líbano, Haití, y muchos más, tanto hombres como mujeres se saludan con uno o hasta tres besos en la mejilla para expresar respeto y amabilidad”, manifiesta Kirshenbaum, quien agrega que el número de besos y la dirección en la que se dan, depende del país.

En otros lugares, por ejemplo, como en Finlandia o el Reino Unido, un apretón de manos es suficiente para saludar a una persona. En India, Bangladesh y Tailandia, un beso se trata de un asunto privado, mientras que en Japón y China, besarse en público era, hasta hace muy poco un tabú. “Hay variedad de idiomas, de colores de piel, de normas sociales, pero el beso, aunque tome distintas formas, sigue siendo uno de las costumbres compartidas que más nos humanizan”, concluye Kirshenbaum.

Vea el artículo de The Guardian: