Los orígenes mitológicos de San Valentín

Este 14 de febrero se celebra dicha festividad donde Cupido es protagonista.

 Algunos odian la Navidad y, según argumentan, su falso espíritu de paz y alegría; otros a los Reyes Magos; en su ópera Amahl y los visitantes nocturnos, Gian Carlo Menotti caracterizó sordo a uno de ellos como una venganza, pues al parecer nunca escucharon lo que pidieron él y su hermano cuando eran niños; yo me decanto por la animadversión a Cupido que se celebra los 14 de Febrero. Por supuesto, no estoy en contra del amor ya sea en sus variantes eróticas o fraternas, sino en contra de dos representaciones muy ambiguas. La primera, esos seres rubios, mofletudos y alados, prestos con arco y flechas a jugar con las pasiones de los hombres. La segunda se refiere al patrono de la fiesta, San Valentín.

Empiezo por aquel nacido en Terni en los tiempos del imperio romano, si alguna vez llegó a nacer, pues su existencia aún es discutida. Dicen las leyendas comerciales que fue un obispo que se negó a obedecer la orden imperial que impedía casar a los soldados de Claudio II, pues se esperaba que pelearan mejor si permanecían célibes. Valentín los matrimoniaba en lo oscurito y por ello fue decapitado. La historia de por sí nos plantea dos contradicciones: es bien sabido, y lo aplicaban los romanos, que los soldados más eficaces son quienes están casados y tienen hijos. Las mejores legiones romanas estaban constituidas por hombres que tenían tierras o familias que defender.

Uno de los premios a los soldados que terminaban su servicio activo consistía en otorgar ciudadanía romana a los hijos concebidos al estar enrolados, y después de su baja como veteranus. Paradójico es también, a la luz de la actualidad, con 50 sombras de Grey y todo, que el santo pregonara el amor a través de matrimonio... Para los romanos de la antigüedad, como para muchos ahora, el amor matrimonial estaba más asociado a la procreación y la amistad, que al erotismo. No sobra decir que después de Claudio II, ya con todas las parejas casadas felizmente por Valentín, el imperio se sumió nuevamente en el caos militar con nueve emperadores militares en diecisiete años, de los cuales sólo Aureliano vale la pena mencionar. Luego se abriría la época llamada Bajo Imperio Romano. Ustedes dirán.

Pero no se trata sólo del santo casamentero. Por estos días, la repetición hasta el hartazgo de corazones rojos y arqueros voladores invitando a consumir para demostrar amor, me parece harto vulgar y agobiante. Oportuno sería recordar que este hijo de Afrodita y Ares (para varias tradiciones ilegítimo, porque la diosa era esposa oficial de Hefestos) cargaba dos tipos de flechas. Las de punta dorada y plumas de paloma ocasionaban amor apasionado a quienes hiriera con ellas, mientras que las de pluma de búho y punta plomiza hacían indiferente al herido, pues podían sembrar el olvido o la ingratitud. Así pues, el amor desbocado podía tener como cura una intervención de Cupido con un nuevo flechazo, lo que ratifica desde la antigüedad de los mitos lo cercanos que se hallan el amor y la indiferencia.

El tío político de Cupido, que también tiene alas, pero no en el lomo, sino en sus sandalias o sombrero, se llama Hermes o Mercurio. Éste fue primero patrón de los ladrones, los pastores y los viajeros. Al nacer hijo de Zeus y la ninfa Maia realiza sus primeros prodigios en este mundo a las pocas horas de nacido; inventa la cítara y le roba ganado al dios Apolo. Su astucia y sagacidad le permiten salir bien librado porque hasta su primo quedó satisfecho con sus argucias. A Mercurio, por ser mensajero de Zeus, se le atribuye la protección de los caminos y de quienes permanecen en ellos. Quizás por esa combinación entre la sagacidad, el engaño, el hurto, la trashumancia y los caminos, griegos y romanos lo nombraron patrón de los comerciantes. (No neguemos que hay de todo ello en el oficio...). Entre sus hazañas amorosas bajo el nombre de Hermes, hay que considerar el hijo que le hace a Afrodita (madre de Cupido), bautizado para efectos prácticos como Hermafrodito, y ser abuelo del taimado Ulises, rey de Ítaca, (lo que confirma que la herencia salta una generación).

Por lo anterior, afirmo sin temor a equivocarme que, en consideración a las amplias habilidades del dios olímpico y a las de sus cofrades mexicanos, Mercurio se encuentra oculto hábilmente o quizás se ha metamorfoseado en el pequeño Cupido, y que, con sustento en la mitología consultada, es él, y no Valentín o Eros, el verdadero patrono del día del Amor y la Amistad. Amén.

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