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Los pugs, ¿un accesorio de moda?

Los veterinarios lo confirman: hay razas que se ponen de moda y se vuelven tendencia. En Reino Unido hay cafeterías exclusivas para estos perros.

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Pasó con los tacita de té, con los huskys y los collies, también con los bulldogs franceses, los San Bernardo y otras razas caninas. Fueron muy populares hace unos años, pero hoy casi no se encuentran.

De acuerdo con veterinarios, las razas de perros también son cuestión de moda y el turno de esta época es para los pugs, una raza que, explican, resulta ser una buena elección para quienes tienen mascota por primera vez. “Son fáciles de entrenar y su cuidado también es sencillo: no hacen mucha actividad física y son aptos para los espacios modernos”, dice Marta Sánchez, experta en conducta animal.

En el Reino Unido, la fiebre por los pugs rompe los límites. Los ingleses los han convertido en su último accesorio de moda.

En el barrio Brick Lane, en el este de Londres, se inauguró esta semana el Pugs & Pals Cafe, un lugar en donde los dueños de estas mascotas se reúnen. “¡Es fantástico poder ir a un café con el perro!”, dice Sally Afrasiab, de 46 años, feliz propietaria de Dude, de ocho años, que lleva un gorro peruano y una pajarita. Sally es una de esas personas que publican fotos de su pug disfrazado en Instagram. “Tiene más ropa que yo”, dice riendo.

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Algo que expertos en educación animal como César Millán, el conocido “encantador de perros”, catalogan como maltrato, pero que los dueños de estos perros no admiten. “En Halloween, en las fiestas... ¡Le encanta! En cualquier caso, no creo que le moleste...”, añade Sally, observando de reojo a Dude.

Al parecer, el cine, la televisión y ahora las redes sociales han hecho crecer la pasión por los pugs. “Es como cuando Lassie tuvo película, todos querían un collie, o un San Bernardo después de la película Beethoven”, explica Sánchez. Pero también hay casos tristes: después de 101 dálmatas la fiebre fue tal que se empezaron a producir perros en serie. La demanda bajó, los abandonos aumentaron y era común ver dálmatas vagando en las calles. Lo que pasa con los pugs también es triste. Organizaciones defensoras de animales denuncian que cada vez los hacen más arrugados y chatos, lo que les causa serios problemas de respiración.

Para entrar en la cafetería en Londres es necesario reservar un sitio y desembolsar cinco libras (US$6,56), o el doble si va sin perro. Mientras los humanos charlan y se quedan embelesados ante los animales, éstos se olfatean el trasero y comen panes de jamón y queso. Algunos pugs hacen sus necesidades discretamente en algún rincón.

Lauren Lowe pasó cerca de una hora mimando perros y sacándose fotos con ellos. “Adoro a los pugs. Hace siglos que quiero uno, pero trabajo mucho, así que no puedo. Por eso hoy he venido a ver unos cuantos. Es genial”.

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Aída Martínez cuenta que la gente le pide acariciar a su perra de ocho meses, Mia, cuando la pasea por la calle. Por eso decidió abrir con su novio el Pugs & Pals Cafe. Otros bares efímeros dedicados a esa raza canina abrieron en el barrio londinense de Shoreditch, en Mánchester y en Brighton, y atrajeron a cientos de personas, según Anushka Fernando, creadora de esos pop-up cafes.

“En el Reino Unido nos encantan los perros, y los pugs tienen caracteres geniales. Son increíblemente afectuosos y simpáticos y se llevan bien con los demás perros y con los niños”, dice. “En los dos o tres últimos años, hemos notado un enorme aumento de su popularidad”, cuenta Gudrun Ravetz, vicepresidente de la Asociación Británica de Veterinarios. “Muchas celebridades tienen uno. La gente los considera bonitos y quieren los mismos”.

Estrellas populares

Esos perros se han convertido en estrellas en las redes sociales, como Doug el pug, que tiene 1,45 millones de seguidores en Twitter, 2,9 millones en Instagram y productos derivados con su imagen. En el Reino Unido, su número casi se ha cuadruplicado en 10 años (10.408 en 2016). El pug es la cuarta raza favorita de los británicos, por detrás el labrador, el cocker y el bulldog francés.

Esta moda preocupa, sin embargo, a los veterinarios. “La gente piensa que son bonitos con su cara aplastada y sus grandes ojos, pero eso es justamente lo que les provoca problemas de salud”, como dificultades para respirar, problemas oculares o hernias discales, avisa Ravetz.

“Mucha gente no es consciente de ello y no se informa antes de comprar un perro”, lamenta. Aída y Anushka aseguran que tratan de sensibilizar a sus clientes y trabajan con asociaciones. Pero la veterinaria duda de que esto sea suficiente y recuerda que las golosinas compradas en esos cafés pueden favorecer la obesidad de los animales y agravar sus problemas de salud. Para ella, “mostrar amor por un animal es llevarlo a pasear, no a un bar”.