Matar a los pacientes para salvarlos

Al reemplazar la sangre con solución salina a bajas temperaturas, cirujanos de Estados Unidos ponen a sus pacientes a un paso de la muerte con la esperanza de ganar tiempo y luego revivirlos.

La llamada hipotermia terapéutica será probada en el centro médico de la Universidad de Pittsburgh. / 123RF

Los pacientes con un disparo o una puñalada que lleguen a la sala de emergencias del centro médico de la Universidad de Pittsburgh serán sometidos a un experimento sorprendente: los cirujanos drenarán su sangre y la reemplazarán con una solución salina fría; la actividad cerebral y los latidos del corazón se frenarán, y los pacientes estarán muertos por algunos minutos. Después, los cirujanos tratarán de salvar sus vidas.

La lógica detrás del procedimiento es que mediante la inducción de hipotermia y la desaceleración del metabolismo los médicos ganan tiempo valioso para reparar las heridas de las víctimas. A temperaturas corporales normales, los cirujanos suelen tener menos de cinco minutos para restablecer el flujo de sangre antes de que ocurra un daño cerebral. “En estas situaciones, menos de uno de cada 10 sobrevive”, dijo el doctor Samuel A. Tisherman, investigador principal del estudio, a The New York Times.

Se ha comprobado científicamente que las personas pueden sobrevivir durante horas con poco o nada de oxígeno si sus cuerpos se mantienen fríos. En la década de 1960, los doctores en Siberia colocaban a los bebés en cubetas de nieve antes de realizar cirugías cardíacas, con el fin de mejorar sus posibilidades de supervivencia. Esta práctica reveló que el cronómetro se alargaba cuando los cuerpos se mantenían fríos.

De hecho, antes de los procedimientos quirúrgicos que implican detener el corazón, los pacientes son enfriados de manera rutinaria. Sin embargo, la llamada hipotermia terapéutica nunca se ha probado en pacientes con heridas penetrantes y, hasta el momento, los médicos no han tratado de reemplazar la totalidad de la sangre con solución salina fría.

Además, los pacientes inconscientes no son capaces de dar su consentimiento para el procedimiento. Para solucionar este problema, el centro médico ha proporcionado pulseras que podrán utilizar los ciudadanos que no quieren participar en caso de que terminen en la sala de emergencias.

En el ensayo, financiado por el Departamento de Defensa, los médicos de la Universidad de Pittsburgh aseguraron que sólo atenderán a los pacientes que ingresen a la sala de urgencias con “traumatismo penetrante catastrófico”, es decir, que han perdido tanta sangre que llegan a un estado de paro cardíaco.

El doctor Tisherman y su equipo insertarán un tubo conocido como cánula en la aorta del paciente y lavarán el sistema circulatorio con una solución salina fría hasta que la temperatura corporal baje a los 10 grados centígrados. El paciente quedará sin signos vitales y entonces los cirujanos tendrán aproximadamente una hora para reparar las lesiones antes de que ocurra el daño cerebral.

Luego, el equipo médico empleará un dispositivo para devolver la sangre al paciente y que calentará su cuerpo poco a poco. Si el procedimiento funciona, el corazón del paciente seguirá latiendo cuando la temperatura corporal alcance de 29 a 32 grados. Pero recuperar la conciencia puede tomar varias horas o incluso días.

El experimento comenzó en abril y los cirujanos dicen que verán un paciente por mes. No obstante, aún les tomará un par de años para completar el estudio. “Si funciona, lo que habrán hecho es traerlos de la muerte a la vida, pero hay un gran riesgo en que las personas no recuperen su estado cognitivo y queden en un estado vegetativo”, afirmó el doctor Arthur L. Caplan, especialista en medicina ética de la Universidad de Nueva York, al New York Times.

Los investigadores e instituciones que avalan el experimento explican que han perfeccionado la técnica en cirugías exploratorias con perros y cerdos en la última década. El 90% de los animales ha sobrevivido sin presentar ninguna discapacidad cognitiva, pues han recordado viejas enseñanzas y son capaces de aprender nuevas.

El doctor Hasan B. Alam, director de cirugía de la Universidad de Michigan, quien ayudó a perfeccionar la técnica en cerdos, le comentó a ese periódico que “sería inquietante si se piensa en todos los ‘qué pasaría si’, pero más allá de esto, es necesario mirar sus riesgos y ponerlos en la balanza con los beneficios”.

Los hospitales de trauma se están enfocando en el estudio de la hipotermia inducida en pacientes terminales. El doctor Scalea, que encabezará el esfuerzo en la Universidad de Maryland, le contó al New York Times sobre la ocasión en que murió un paciente en la sala de cirugía. “Podría haber vivido si lo hubiéramos enfriado”, comentó.

Una hora para maniobrar en situaciones extremas: eso es todo lo que están tratando de ganar los cirujanos.

 

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