Mejor sin prisa

Así como lo hizo con la comida, las ciudades e incluso la educación, el movimiento slow también está irrumpiendo con fuerza en la sexualidad.

Los británicos, los japoneses y los españoles son, según una encuesta de Durex, los más rápidos en la cama. Se demoran en promedio 14 minutos desde que comienzan las caricias y los besos con su pareja hasta que alcanzan el clímax y se vienen. La tendencia de hacerlo todo en el menor tiempo posible ha invadido la cotidianidad de las oficinas, los hogares, las ciudades e incluso de la vida sexual. La prisa y la necesidad de estar siempre conectado ha llevado al 7% de los estadounidenses (de acuerdo con una encuesta de la marca de equipos electrónicos Retrevo) a mirar su celular mientras lo hacen, cada vez que suena porque entró un mensaje o alguien les está chateando.

Por cuenta de lo anterior comienza a cobrar cada vez más fuerza el slow sex. Contrario a lo que muchos creen, no está relacionado con el tantra o con las prácticas orientales que buscan retrasar la eyaculación. Es más que eso. Se trata de disfrutar, de gozarse cada beso, cada roce, cada segundo de placer que brota del encuentro entre dos cuerpos. Es hacer el amor en todo el sentido de la palabra.

Y para ello, explica la sexóloga Debbie Hernenick en un artículo del portal Gal Time.com titulado “Cinco pasos para el slow sex”, resulta fundamental darles espacio a las mujeres para que se exciten lo suficiente antes de la penetración. Quitar rápidamente la ropa y tratar de estimularlas al tocar sus genitales o las tetas no es suficiente, por el contrario, advierte, más bien equivocado. Concentrarse en las zonas erógenas, descubrir aquellos lugares que con sólo una caricia las estimula (el pelo, el cuello, detrás de la oreja, el abdomen, las manos, los dedos, la parte interna de los brazos o los muslos) incrementa el placer y no restringe el sexo sólo a un acto.

Se calcula, advirtió Hernenick, que una mujer necesita entre 10 y 20 minutos para llegar a un nivel de excitación suficiente que le permita disfrutar de uno o varios orgasmos. Asimismo, hay que tener en cuenta que estar mojada no es sinónimo de sentirse excitada ni tampoco de estar próxima a llegar al clímax. De hecho, en los consultorios médicos se está empezando a hablar con más frecuencia del trastorno de la excitación genital persistente, que consiste en presentar signos físicos de esta sensación cuando en realidad la mente no la está percibiendo.

Aunque siempre habrá arrebatos, one night stands y quickies increíbles, la propuesta es tener sexo sin afanes, cambiar de posición sin perder la conexión genital y crear nuevos estímulos al variar el ritmo y la velocidad de los movimientos. No conformarse con segundos, sino con largos minutos de placer. En medio del caos, la inmediatez y el acelere de los tiempos de hoy, tomarse con calma los encuentros sexuales es para muchos un desafío y para otros tantos la oportunidad de descubrirse, de explorar en pareja y dejarse recargar por el flujo de energías que emana cuando dos cuerpos se disfrutan mutuamente.

Temas relacionados