“La mía es una historia de liberación”

Este periodista, doctor en psicología y activista de derechos LGTBI, está de acuerdo con la adopción por parejas gais y dice que Colombia deberá aprender a enfrentar la depresión en el posconflicto.

Andrew Solomon es licenciado en artes y doctor en psicología, de Cambridge. / AFP.

Es probable que buena parte del mundo haya oído de Andrew Solomon por su activismo en la defensa de los derechos LGTBI. Él, quien vive con su marido y su hijo entre Nueva York y Londres, es el fundador de las becas de investigación en estudios LGTBI de la Universidad de Yale y desde 2011 es asesor de salud mental y de los derechos de esta comunidad en la Escuela de Psiquiatría.

Pero pese a su visible trabajo en esta área, para muchos la faceta más fascinante de Solomon es cuando ha logrado combinar el periodismo con esos temas tan propios de la condición humana que lo han inquietado desde su juventud. En su último libro, Lejos del árbol, explora, por ejemplo, la paternidad, la búsqueda de identidad y la idea de familia desde el testimonio de personas con sordera, síndrome de Down o esquizofrenia. Su trabajo fue elegido por The New York Times como uno de los mejores libros de 2012 y también ganó el National Book Critics Circle en la categoría No Ficción.

Por estos días, y luego de pasar por el Hay Festival de Cartagena, está en España para la nueva presentación de El demonio de la depresión, un libro que empezó a escribir desde su propia experiencia y que combina la ciencia con la intimidad de los pacientes. Esa obra fue finalista del Premio Pulitzer en 2002 y el Times de Londres lo incluyó en la lista de los 100 mejores libros de la década. Esto fue lo que le dijo a El Espectador.

En Colombia intentamos resolver si las parejas del mismo sexo pueden adoptar hijos, pero hay personas que se oponen de manera radical. ¿Qué les diría?

Algunos creen que el amor llega en cantidades limitadas. Mi familia y mi último libro me han enseñado que el amor es un fenómeno que fortalece al mundo. Sí, comulgo con la libertad reproductiva porque cuando podemos elegir de una manera más amplia, ese amor se expande. Así como la diversidad de especies es crucial para sostener el planeta, esta diversidad fortalece la generosidad. Amar a los propios hijos extraños es un buen entrenamiento para amar a los hijos de personas extrañas. Lo que les diría es que el camino menos transitado conduce más o menos al mismo lugar.

Con sus investigaciones ha tratado de resolver asuntos personales que lo inquietaron en su adolescencia: depresión, relación entre padres e hijos... ¿Ha logrado responder esas preguntas?

Sí. He resuelto las preguntas que me perturbaron en mi adolescencia. Y estoy seguro de que las preguntas de la vejez están a la vuelta de la esquina, pero por ahora siento cierta paz conmigo mismo y con el mundo. Luché durante mucho tiempo para averiguar quién era yo, y poco a poco llegué a entenderme y aceptarme. Es una historia de liberación, de la forma en que puedes conocerte a ti mismo y cómo eso te hace libre.

Una década después de haber publicado su exitoso libro ‘El demonio de la depresión’, ¿cree que por fin cambiamos nuestra concepción de esta enfermedad?

Ese es un proceso constante, gradual. Cada vez más personas se sienten capaces de hablar de su depresión. Ahora reconocemos que las enfermedades mentales son enfermedades y no fallas morales, como sucedía antes. Estamos mejorando en nuestra capacidad para tratarlas.

En Colombia hemos tenido una larga guerra y muchas personas viven con recuerdos dolorosos y experiencias difíciles que pueden desembocar en la depresión. ¿Cuál es su consejo para convivir con esos recuerdos?

La depresión es el resultado de una vulnerabilidad genética que interactúa con la experiencia de vida. Así que alguien con extrema vulnerabilidad sólo necesita una ligera provocación. En Colombia ha habido una gran cantidad de factores provocadores en las últimas décadas, por lo que la tasa de depresión tiende a ser alta. Pero la depresión es una enfermedad mental y es tratable. Les sugiero que traten de construir experiencias nuevas y valiosas para que puedan desplazar los malos recuerdos del pasado.

¿Cómo abordar esos temas tan complejos desde el periodismo?

El periodismo ha sido un medio maravilloso. A partir de ese ejercicio, que es escuchar acerca de la vida de los otros, he llegado a entender mi propia vida. Cuando estaba creciendo mi madre solía decir: “Un buen oyente es mucho más interesante que un buen orador”. Así que traté de ser un buen oyente, y descubrí que me fascina esa intimidad de la entrevista. El periodismo es la mejor manera de explicar los matices y la complejidad de la experiencia humana.

¿Qué está escribiendo ahora?

Justamente un libro sobre la naturaleza cambiante de la paternidad. Los padres de hoy están cambiando. La ley, la psicología y las ciencias duras han redefinido las obligaciones. La distinción entre la maternidad y la paternidad se ha desdibujado, desafiando esas identidades. Nuevas estructuras familiares han proliferado. Algunos reconocemos esos cambios y otros nos resistimos a aceptarlo.

 

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