Papá Noel tiene taxi y me hizo una carrera

Por casualidad, en las calles de Bogotá, entendí qué hace Santa cuando no es diciembre.

 Que uno encuentre taxistas malhumorados en Bogotá (claro, de pronto por los trancones), taxistas habladores u otros que le cuentan los problemas, es quizá normal en la capital. Pero no todos los días uno se encuentra a “Santa Claus” para llevarlo a su destino.

Dicen las leyendas, los cuentos de abuela, o como se le quiera llamar, que Papá Noel se toma un descanso en verano. Quizá porque aún hace demasiado calor para entrenar los renos. Será por ello, tal vez, que Miguel Angel Fonseca deja de llamarse “Santa” cuando no es diciembre y en su lugar se dedica a preguntarle a todos aquellos que se suben a su carro qué es eso que les parece tan particular en su apariencia.

Entonces muchos, seguramente, no sabrán que responder. Pensarán tal vez que se trata de un abuelo mechudo que de pronto aún le gusta conservar su look rockero.

Y entonces Miguel Ángel empieza a sacar fotografías donde se le ve sentado en una silla de terciopelo roja. Barba blanca, anteojos, gorrito de navidad y atuendo blanco y rojo.

  -“Yo soy Papá Noel”, dice mientras toma sus gafas, se las pone y caracteriza la voz.

Mientras tanto, mira a sus pasajeros por el retrovisor para ver su expresión. Él espera (se le nota en su rostro) que el que vaya sentado como pasajero sienta la emoción que le provocaría una revelación de tal envergadura a niño de seis años.

Y mientras empieza explicarse, después de las risas de los que van en el asiento trasero, se le atraviesa un carro que no puso la direccional. “Eso, les cuento, es una falta de respeto. Ustedes creen que paz es eso que negocia en Cuba, pero la paz empieza con eso. Vea yo voy a pasar a este carril y pongo la direccional, eso es respeto por el otro”, va diciendo Miguel Angel con un tono curioso, como de abuelito regañón.

Entonces sigue su discurso y va a lo que le interesa. “Yo soy el Papá Noel de multinacionales importantes que están en Colombia, a mi todos los diciembres me contratan y yo creo que este diciembre también me van a contratar en muchas más empresas. Son tres o cinco días en los que me llevan a eventos con los empresarios, los hijos de ellos, centros comerciales y obras benéficas (…) llega uno al evento con los ejecutivos y el presidente me da la importancia del asunto. Primero me saluda a mí y después a toda la junta directiva. Luego van los regalos a los niños, y yo les digo que no pidan cosas tan costosas porque a mí me toca trabajar muy duro todo el año para eso“.

Entonces al pasajero le causa curiosidad preguntarle cómo es eso de “ser Papá Noel”. ¿Lo maquillan? ¿Le pintan los cachetes rosaditos? ¿Qué piensan sus nietos (Juan Carlos y Juan David) cuando lo ven disfrazado?

  - “¿Disfraz? es que esto no es un disfraz, yo soy Papá Noel, o es que usted cree que cualquiera reúne todas las cualidades necesarias para serlo. Los ejecutivos son exigentes, usted sabe.”

Y antes de que el de atrás pueda hablar, agrega, “igual sí me maquillan, pero los cachetes no, esos ya vienen rosados, no ve que yo soy boyaco, entonces hasta en eso cumplo los requisitos”.
  - “Ya vamos llegando a su destino ‘JO,JO,JO’, si ve es que hasta eso hay que saberlo hacer bien, por eso yo soy Papá Noel, porque no cualquiera puede serlo”.

Y mientras va frenando para dejar al pasajero en su destino, uno de los que va en el asiento de atrás piensa, mientras el otro cuenta los billetes, que es una suerte que cualquiera pueda encontrarse a Miguel Ángel –perdón- a Papá Noél manejando por las calles de Bogotá en su taxi y contando la fortuna que es ver la felicidad de los niños cuando reparte los regalos. La cosa es así, Santa maneja taxi por la capital cuando no es diciembre.

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