La pareja de colombianos que va por el mundo salvando matrimonios

Mediante conferencias gratuitas dictadas durante más de dos décadas, los bogotanos, radicados en Miami, se han dedicado a ayudar a restaurar cientos de relaciones. El objetivo: entender que el amor es una decisión.

Giovanny Castro y su esposa Gloria Cuellar, nacidos en Bogotá, están casados hace 36 años. / Archivo particular

En plena catarsis colectiva, entre manantiales de lágrimas y con las emociones al límite, decenas de personas afloran sus sentimientos pidiendo perdón o confesando aquello que quisieron decir o hacer, pero que no dijeron o no hicieron a tiempo. Cuando ya casi era tarde, la voz de un hombre irrumpe más fuerte que las demás para pedirle perdón a su esposa y rogarle que continúen caminando juntos. Apenas días atrás, tal vez horas, se le había atravesado el disparatado deseo de matarla,  porque pensaba que acabar con la vida, la de ella primero, y la propia después, era la única salida a una súbita crisis financiera. El episodio ocurrió en Costa Rica.

Como aquella pareja costarricense, al sitio del encuentro en San José, Santiago, Toronto, Bogotá o Santa Marta, llegan el comerciante, el doctor, el prestigioso empresario, el médico, el abogado, el acaudalado, altas ejecutivas; el desempleado, la pareja famélica o la tragaldabas, la actriz, el cantante, la modelo. Llegan el anciano, el adulto, el joven y  cinco parejas de indios koguis que durante la madrugada descendieron de la sierra para asistir puntuales a la cita. Cientos de personas con vidas disímiles y el objetivo común de querer darse una segunda oportunidad. No hay distingos socioculturales; simplemente son un hombre y una mujer buscando salvar su matrimonio.

Giovanny Castro y su esposa Gloria Cuellar, nacidos en Bogotá, casados hace 36 años y con 23 en su propósito, un día se dieron  cuenta de que tenían en sus manos una herramienta, el don de escuchar y de orientar, para ayudar a  relaciones en problemas. Conocieron muchas situaciones, algunas por las cuales ellos mismos habían atravesado, pero ninguna que ameritara dejar a niños huérfanos con padres vivos, según sus palabras. «Hablábamos con parejas y logramos impactos bien poderosos. No hay personas malas, sino diferentes», dice Giovanny desde su oficina de Miami, la ciudad donde comenzó esta suerte de apostolado.

La pluriculturalidad del puerto estadounidense resultó justa para entender que, independientemente del origen de las personas, las situaciones de pareja son exactamente las mismas y no cambian por cuenta de la nacionalidad o del idioma. «El diseñador que nos hizo creó al varón y a la hembra, independientemente de que hablen español, inglés o mandarín». En dicho lugar es común encontrar cruces de colombiana con cubano, de colombiano con americana, de chileno con cubana, de alemán con venezolana o de mexicano con puertorriqueña.

En efecto, advierte Castro, los temas tratados y el material de apoyo que utiliza en los seminarios llamados S.O.S. Matrimonios son los mismos en cualquier país  a donde sea invitado. En tales charlas, uno de los principales objetivos es que los hombres se concienticen de que no pueden meter a las mujeres en su mismo molde, y viceversa. « ¡Ahora entiendo; estaba tratando a mi esposa como si fuera un macho! », recuerda el consejero, fue la exclamación de uno de los participantes en alguna de las tantas reuniones dirigidas en dos décadas.

Gloria, la esposa de Giovanny, y su socia en el matrimonio, en las empresas que han forjado y en la misión asesora, lleva la cuenta de que son algo más de mil las uniones que hasta ahora ayudaron a restaurar; un logro del que no se apropian sino que confieren a su fe cristiana. «Simplemente somos instrumentos de Dios», coinciden quienes, lejos de cualquier fanatismo, señalan que sin importar la clase de matrimonio o el credo que practiquen los consortes, uno de sus propósitos es  llevarlos a entender que Dios quiere una relación con él.

Lo segundo después del infierno es un mal matrimonio

Que el estado ideal sea la soltería o el matrimonio, es decisión de cada cual, pero de lo que sí está seguro Castro es de que «lo segundo después del infierno, es estar mal casado». Frase cruda que soporta en situaciones de infelicidad vividas al interior de las familias. Considera que si mamá es feliz en casa, todo el mundo es feliz; pero si ocurre lo contrario, la felicidad no aparece, el hogar perfecto, así, no existe. Según él, las personas se acostumbraron a vivir teniendo momentos de alegría, pero con enormes vacíos en sus vidas. Solo en los colegios se pueden advertir situaciones de conflicto cuando se ven niños retraídos, ansiosos e irritables.

En la gran mayoría de los casos, es la mujer el centro alrededor del cual funciona todo en casa, y es ella, la esposa o la madre, de acuerdo con lo que refiere Gloria, quien generalmente agota hasta el último recurso por sacar a flote las relaciones. Así lo han determinado en los seminarios, a los que buena parte de los hombres, escépticos y de rostro adusto, acuden persuadidos por sus compañeras. La única condición para asistir a los talleres es que ambos quieran estar allí, recalca.

Muchas féminas lo hacen cuando ya empiezan a contemplar el silencio como opción y a alejarse dramáticamente de su cuota de veinte mil palabras diarias. El cálculo surge de varios estudios realizados, entre ellos el de la psiquiatra inglesa Louann Brizendine, autora de El cerebro femenino, quien establece que las mujeres hablan tres veces más que los hombres, que apenas pronuncian siete mil. «La comunicación es para la mujer en la relación de pareja lo que el contacto sexual es para el hombre. Hablar es innato en ellas; cuando lo hacen, no están transmitiendo información sino intentando establecer una intimidad verbal con su compañero», señala Giovanny Castro.

Por eso, las alarmas se prenden cuando la mujer deja de hablar en el hogar; si eso ocurre _añade_ el matrimonio entra en cuidados intensivos. Gloria lo complementa al afirmar: «si llega el momento en que ella definitivamente no quiere seguir, ahí no hay nada que hacer». La esposa pide cambios, atención, consideración, colaboración; él, mientras tanto, promete. «Pero cada promesa rota produce una expectativa negativa en el corazón de la mujer», señala el guía.

Los consejeros no cobran por su labor, sino que en los eventos cuentan con el apoyo en la logística de  empresarios que han superado conflictos matrimoniales. Ellos manejan una línea base de temas sobre la cual se mueven para para que el auditorio llegue a causas, acciones y reacciones, muchas desgarradoras, como la del hombre de Costa Rica o la de una mujer en Bogotá que confesó haber deseado en algún momento  que su compañero muriera.

Gloria y Giovanny han identificado que a tales extremos pueden conducir las peleas de pareja, cuyos orígenes, paradójicamente, están en situaciones simples que los mismos involucrados identifican fácilmente, pero que solo logran revelar en los encuentros masivos. Sin hablarlo antes, los cónyuges llegan al matrimonio cargando un pasado que puede marcar su nueva vida de pareja; es lo que los Castro denominan como cenizas o deudas emocionales. «Dime cómo fue tu infancia y te diré quién eres», es uno de los primeros planteamientos al público.

Esas cenizas tienen que ver, explican, con la forma  como los esposos fueron educados por sus padres, y estos a su vez por los suyos. «Hay puertas del pasado que quedan abiertas y que en algún momento de su vida la persona debe estar dispuesta a cerrar si quiere mejorar su relación de pareja».

Así mismo, hay traumas y culpas que cargan en secreto las personas, pero que apenas vienen a revelar durante los seminarios. En Toronto, por ejemplo, conocieron a una mujer que no lograba entender por qué, después de cuatro matrimonios, no había podido establecer una relación sólida. Esta persona, muy joven, había sido víctima de una violación en la que pudo evitar que su agresor no le arrebatara el brasier, un dolor que hizo íntimo y que inconscientemente llevó a sus relaciones  maritales. A ninguno de sus compañeros les había permitido desnudarla totalmente.

Otro caso, narra Giovanny, fue el de una  joven en Miami incapaz de tener relaciones sexuales con su esposo porque, siendo colegiala, un hombre la encañonó y la llevó al interior de un  vehículo para masturbarse en su presencia. En esa ciudad también, recuerda, un personaje de dos metros de altura rompió en un llanto inconsolable al descifrar cómo había sido la relación con su madre.  El corpulento sujeto confesó que cada vez que era castigado, la matrona lo dejaba en el umbral de la casa, durmiendo desvestido y a la intemperie.

Por aquel trauma de la niñez, describe el consejero, el sujeto creció con un resentimiento hacia el sexo opuesto, de tal manera que al casarse, convirtió a su señora en objeto de múltiples agresiones, al punto de que un día le fracturó el cráneo pasándole por encima un automóvil. Milagrosamente la mujer sobrevivió, no así un maltrecho maridaje en el que había predominado la violencia. Aunque con un perdón de por medio, que incluyó el de los hijos, aquella familia tuvo que seguir por caminos distintos, pues el esposo, no había identificado a tiempo sus deudas emocionales. Siempre vio en su esposa a la madre de la que quiso vengarse.

Las personas van cargando con resentimientos y culpas que no les pertenecen, incluso, piensa Castro, llegan a creerse victimarias cuando realmente han sido víctimas. Por tal razón, una de los propósitos de su estrategia es que las personas se quiten pesos insoportables de sus espaldas, que las parejas perdonen para que puedan empezar una nueva vida.  «Es más importante el ser interior que el hacer. Siembra un pensamiento y cosechas un acto, siembra un acto y cosechas un hábito, siembra un hábito y cosechas carácter, siembras carácter y cosechas destino. Tus decisiones van a cambiar tu destino», reflexiona este trotamundos consejero colombiano.

Evitar los matrimonios exprés

La labor de Castro y su esposa cobra más mérito en una época de relaciones abiertas y desapegadas, en la que la juventud le huye al compromiso  y el amor eterno alcanza hasta para tres años. En este tiempo de matrimonios exprés con hegemonía de la relación física-erótico-sexual que suele desembocar en embarazos inesperados, aparecen personas como los esposos Castro, empeñados en ayudar a restaurar esas relaciones de parejas que han decidido amar y compartir un proyecto de vida, pero que en alguna etapa: a los dos, a los diez o a los treinta años de unión, terminan perdiendo el rumbo. 

El objetivo, al término del seminario, que hombre y mujer entiendan precisamente que el amor es una decisión, como también lo es dejar de amar cuando duele, porque la felicidad no depende del otro, sino de cada uno. «No hay manera de que otra persona te haga feliz; si no lo eres, no puedes dar nada de lo que no tienes. No puedes dejarle a alguien la responsabilidad», enfatiza Giovanny Castro.

Una finalidad es que se tomen medidas a tiempo y no cuando es imposible, de ahí, muerte y pérdida, el acto culmen del método, en el que las parejas son puestas en el contexto de lo irreversible. Hombre y mujer se someten al rictus de la muerte, mientras el otro se sincera, le pide perdón o le dice de qué se arrepiente. «La única manera como muchas parejas reaccionan, es cuando están en esa situación de “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”» El impacto del momento lleva a que personas, que han posado de impasibles durante toda la sesión, resultan cediendo para reconocer que han cometido errores. Define el orientador que hay dos temas que tienen una incidencia impresionante, pero que no se hablan en la relación: la sexualidad y el fallecimiento de uno de los dos.

Gloria y Giovanny, que fácilmente podrían dedicarse a tener una vida más relajada en Miami, atendiendo sus empresas, decidieron que la consejería de parejas era su proyecto de vida. La recompensa está en las llamadas y mensajes que reciben de matrimonios renovados que volvieron a creer, que perdonaron y que eufóricamente les dicen que los consejos funcionan, aunque algunos hayan requerido de terapias de refuerzo con psicólogos de familia.

El matrimonio Castro, con dos hijos y cuatro nietos, y que  de cierta manera ha terminado apadrinando a quienes lo consultan,  encuentra también que el estímulo a su labor se manifiesta en casos como el de los jóvenes estadounidenses que el mismo día del seminario los localizaron por Internet, en la desgarradora confesión de quien pensó en matar y morir o en la sincera conclusión de la raizal kogui cuando les dijo: «Aprendí que no debo ser cantaletera (sic) con mi marido».

Al terminar, los consejeros se doblegan, porque la experiencia también los conmueve, los renueva. Por unos días vuelven a sus asuntos particulares en Miami, pero su agenda les indica que el próximo  destino es London (Canadá), luego El Salvador, Guatemala, Pereira, Medellín  y cualquier otro lugar donde un matrimonio que quiera renovarse, reforzarse o volver a empezar, les lance un S.O.S.: solución, opción, sanidad; el significado que le han dado a la señal de alerta.
 

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