¿Por qué no siempre podemos detener lo que hemos comenzado?

Si intentamos cambiar de opinión después de 100 milisegundos o menos, lo más probable es que podamos hacerlo; pero si nos lleva 200 milisegundos o más, todavía seguiremos el plan original.

Pixabay

Cuando tratamos de detener un movimiento corporal en el último segundo, tal vez para evitar dar un paso en lo que nos acabamos de dar cuenta de que es hielo, no siempre podemos hacerlo, y neurocientíficos de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, han descubierto por qué. Detener un comportamiento planeado requiere una coreografía extremadamente rápida entre varias áreas distintas del cerebro, según los científicos.

Si cambiamos de opinión acerca de dar ese paso, incluso unos pocos milisegundos después de que el mensaje original de "ir" se haya enviado a nuestros músculos, simplemente no podemos detener nuestros pies. "Tenemos que procesar todas estas piezas de información rápidamente --explica la autora principal Susan Courtney, profesora de Ciencias Psicológicas y del Cerebro--. La pregunta es: cuando tenemos éxito, ¿cómo lo hacemos? ¿Qué debe suceder para que podamos detenernos a tiempo?".

Estos hallazgos, que se detallan en un artículo que se publicará el 20 de diciembre en la revista 'Neuron', esquematizan la base neuronal para inhibir el movimiento y ayudan a explicar qué está mal en el cerebro cuando las personas fallan más a medida que envejecen y cuando los adictos no pueden detener el comportamiento compulsivo.

Los científicos creían que solo una región del cerebro estaba activa cuando las personas cambiaban de planes, pero los hallazgos del equipo de Courtney sugieren que se necesita una interacción entre dos áreas en la corteza prefrontal y otra en la corteza pre-motora para detener, revertir o cambiar un plan que ya está en progreso. Existe incluso otra área del cerebro, que continúa procesando lo que deberíamos haber hecho si no podemos parar; a la cual Courtney llama en broma el área "ups".

Además de las tres áreas del cerebro que se comunican con éxito, la clave para poder detenerse, descubrieron los investigadores, es el momento oportuno. Supongamos que conducimos y nos acercamos a una intersección cuando la luz del semáforo se vuelve naranja, pero decidimos acelerar y acelerar. Sin embargo, justo después de que enviemos esa decisión a la parte del cerebro que moverá nuestro pie para pisar el acelerador, vemos un coche de policía y cambiamos de opinión.

UNA DECISIÓN DE MILISEGUNDOS

"¿Qué plan ganará?", dice la primera autora Kitty Z. Xu, exestudiante graduada de Johns Hopkins que ahora es investigadora en Pinterest--. Cuanto antes veamos el coche de la policía después de decidir atravesar la luz, mejores serán nuestras posibilidades de levantar nuestro pie del acelerador". Y con pronto, Xu quiere decir milisegundos.

Si intentamos cambiar de opinión después de 100 milisegundos o menos, lo más probable es que podamos hacerlo; pero si nos lleva 200 milisegundos o más, menos de un cuarto de segundo, todavía seguiremos el plan original. Eso es porque la señal original ya está en camino hacia los músculos para ese momento, más allá del punto de no retorno. "Si ya estás ejecutando el plan cuando ves el coche de la policía --apunta Xu-- pasarás el semáforo".

El equipo ideó una tarea informática casi idéntica para sujetos humanos y no humanos. Mientras los investigadores monitorizaban su actividad cerebral, tanto las personas como un mono vieron una de las dos formas en la pantalla: una forma es el azul supone detenerse y el amarillo significa ir, la otra forma significaba lo contrario. En el experimento aparecía un círculo negro y los participantes tenían que intentar mover los ojos para mirarlo rápidamente; pero luego podría aparecer un punto azul o amarillo, después de diferentes periodos de tiempo, y los sujetos tendrían que detener o continuar su movimiento ocular planeado.

Los investigadores pudieron observar lo que sucedió en todo el cerebro con los resultados de la imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) humana, mientras que los electrodos implantados en el cerebro del mono medían las células individuales. Tener resultados fuertes y convergentes en los niveles macro y micro proporcionó una visión más holística de cómo la corteza prefrontal y la corteza pre-motora se comunican entre sí para detenerse, según Xu.

Cuando estas áreas del cerebro no se comunican adecuadamente, o no interactúan lo suficientemente rápido, es cuando nos encontramos con problemas, según Courtney. "Sabemos que las personas con daños en estas partes del cerebro tienen problemas para cambiar de plan o para inhibir las acciones --señala--. Sabemos que a medida que envejecemos, nuestro cerebro se ralentiza y nos lleva más tiempo encontrar palabras o intentar hacer estos cambios de plan de fracción de segundo. Podría ser parte de la razón por la cual las personas mayores fallan".

Saber más acerca de cómo el cerebro puede detener una actividad prevista también podría ser revelador para aquellos que tienen adicciones, considera Courtney. "Creemos que hay procesos similares en 'debería hacer esto' y 'puedo desactivar ese pensamiento sobre la bebida' --plantea Courtney--. Cuanto antes puedan cerrar el plan para beber, es menos probable que lleven a cabo el plan. Es muy relevante".