La predicadora que maldice y tiene el cuerpo tatuado

Nadia Bolz-Weber fue drogadicta, alcohólica, comediante y ahora es pastora de una iglesia luterana en Estados Unidos. Sin duda, se escapa al estereotipo de cualquier predicador religioso.

Tomada de Facebook/sarcasticlutheran

 u cuerpo es una galería de imágenes religiosas: "Ahí están el arcángel San Gabriel, el adviento de Isabel y Zacarías, Jesús en la cuaresma en el desierto, el viernes santo y la crucifixión, el ángel y las mujeres en la tumba vacía de Pascua y María y los Apóstoles con las llamas en la cabeza de Pentecostés", entre otras muchas escenas bíblicas que le describió a Jane Little, reportera de la BBC.

En la espalda tiene un tatuaje que resume su transformación vital: " una enorme pieza de la Anunciación para ocultar un tatuaje horrendo que algún yonqui me hizo alguna vez en 1991, cuando estaba acostada en su casa".

Nadia creció en una familia muy religiosa pero nunca se acopló al molde. Durante el par de meses que pasó estudiando en una universidad de una iglesia cristiana firmemente conservadora, pasó más tiempo drogándose que en clases. "Era una joven que nunca encajaba. Estaba tan enojada", afirma. "Esa ira me protegió, de alguna manera me salvó, hasta que la mezclé con drogas y alcohol y entonces casi me mata".

Pero su conversión vino con el suicidio de uno de sus amigos más cercanos. Al funeral asistieron alcohólicos en rehabilitación, un círculo de personas similar a ella: “descarriados”. Ya se había distanciado de la religión que acogió desde niña, pero ese momento fue decisivo: "Miré alrededor y pensé: 'Esta es mi gente y no tienen pastor. Tal vez estoy realmente llamada a ser la pastora de mi gente'".

Se inscribió a un seminario luterano y se fijó como meta crear una iglesia para gente “como ella”. Así creó la "Casa para todos los pecadores y santos" en Denver, pensada para congregar a los “desadaptados”. Aunque pertenece a la iglesia luterana, se distancia en varios puntos. No tiene problemas con la identidad sexual de la gente y la aburren los debates en los que las iglesias suelen enfrascarse por este tema. Tampoco asume las escrituras al pie de la letra, eso lo considera como fanatismo.

Su escasa convencionalidad se proyecta en su forma de predicar, que ha sido bastante exitosa. Le han hecho propuestas para que se haga obispo y la convocan a ciudades por todo el país para que predique. "¿No es eso gracioso? ¡Jamás habían invitado a una mujer predicadora y luego me invitan a mí! Es como que pasar de cero a 60", le dijo a la BBC.

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