El presidente Iván Duque condenó el atentado en la Escuela General Santander

hace 1 hora

'Somos monógamos, infieles y desconfiados'

Después de infiltrarse en clínicas, probar el sexo tántrico, un bar swinger y hacer cientos de entrevistas, Pere Estupinyà recopiló en 448 páginas el fascinante estudio de la sexualidad humana.

El escritor Pere Estupinyà será uno de los invitados al Hay Festival de Cartagena. / Archivo particular

Luego de escribir ‘S = EX 2: La ciencia del sexo’, ¿qué descubrió?
Mil cosas. Que no todo está en la mente, que los hombres y las mujeres no somos tan diferentes, que nuestro comportamiento sexual tiene un fuerte componente irracional, que a veces deseamos cosas que no queremos hacer, que hay infinidad de personas con dudas o insatisfacción, pero ni la medicina ni la educación se lo han tomado lo suficientemente en serio, y que se puede aprender mucho al escuchar sin prejuicios a quienes practican tantra, bdsm, poliamor o, en general, forman parte de esa rica diversidad.

¿Con que historias llamativas se encontró?

Un sexólogo que enseñaba cómo facilitar el orgasmo a mujeres a las que les costaba alcanzar el clímax, un taller de tantra para aumentar la sensibilidad erógena del cuerpo, lo que descubrí al hablar con asexuales, hipersexuales, bigéneros y todo lo que vi cuando visité un club de swingers en Nueva York (pero eso lo cuento en el libro, no aquí).

¿Qué nos puede adelantar de esa experiencia?

Fue interesantísima por lo que vi y por cómo me sentí. Refleja el componente irracional del sexo: si nos imaginamos una situación así antes de vivirla, todos pensamos racionalmente cómo actuaríamos y si seríamos capaces de hacer ciertas cosas o no. Una vez adentro todo cambia, porque quien decide son las emociones, no la razón.

¿A la ciencia le falta indagar sobre el sexo?

Absolutamente. Ha empezado tardísimo, pero está despegando. En el libro explico cosas sobre el funcionamiento del cuerpo y el porqué de algunas reacciones inesperadas. Por ejemplo, la diferencia entre un orgasmo vaginal y uno clitoriano, qué es el punto-G, por qué baja el deseo (y cómo se puede aumentar) y las razones fisiológicas para que algunos hombres sean multiorgásmicos.

¿Con qué mitos y tabúes se encontró?

El mayor es el miedo al qué dirán. He descubierto que todo el mundo siente curiosidad por explorar cosas nuevas en el sexo y, si supieran que nadie los ve, lo harían. Esto ocurre incluso entre las parejas. Falta comunicación. Por esos tabúes y las ganas de brindar información sólida fundé un consultorio online (http://www.consultoriosex2.com), con una sexóloga e investigadora española.

¿Cómo nació la idea de este libro?

En un congreso de neurociencia, cuando descubrí una investigadora que estudiaba las hormonas relacionadas con el deseo sexual estimulando el clítoris de las ratas. Lo hacía con un pincel. Me pareció gracioso y sin mucho sentido, pero luego de hablar con ella resultó apasionante. Las ratas hembras, como el resto de animales a excepción de los humanos, sólo sienten deseo sexual durante la ovulación. Ella investigaba cuáles son las hormonas claves que activan este proceso y empezaba a ver su papel en la falta de deseo en las personas.

El sexo tántrico genera curiosidad. ¿Es tan extraordinario como se lee en los libros?

Sí. En los libros se exagera, obvio, pero es una manera de acumular energía sexual, aumentar la sensibilidad y llevar al cuerpo a experimentar sensaciones nuevas que pueden ser muy gratificantes. De hecho, en nuestra página http://www.consultoriosex2.com ofrecemos sesiones de introducción al sexo tántrico para parejas.

¿Qué halló sobre la conexión entre la mente y los genitales?

Ya se sabía que están conectados. Por ejemplo, si un hombre está nervioso puede perder la erección o una mujer a veces se excita más cuando tiene fantasías sadomasoquistas. Lo interesante es que también funcionan de manera independiente, con excitaciones inesperadas o problemas exclusivos de origen fisiológico.

¿Y acerca de nuestra naturaleza polígama versus la llamada monogamia social?

Según la psicología evolucionista, somos monógamos, infieles y desconfiados. Tenemos cierta predisposición a formar parejas estables durante períodos cortos, pero también un fuerte instinto a la infidelidad y a vigilar a nuestra pareja para impedir que sea infiel. Somos un desastre. Por suerte la educación y la cultura nos permiten controlar nuestros instintos (si queremos).

Temas relacionados