'Soy un pecador'

Así se definió el papa Francisco durante una franca y polémica entrevista en la que también criticó a una iglesia “obsesionada” con el aborto y los matrimonios gays.

El papa Francisco durante su audiencia general en la plaza de San Pedro, en el Vaticano. Durante una entrevista cuestionó el bajo perfil de las mujeres en la Iglesia. / EFE

El jesuita Antonio Spadaro, director de la revista La Civiltà Cattolica, le lanzó tímidamente la primera pregunta: “¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?”.

“Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”, respondió el papa Francisco al inicio de un diálogo sobre lo divino y lo humano que se extendió por seis horas y que ya le dio la vuelta al mundo.

El papa volvió a sorprender con afirmaciones polémicas sobre la situación crítica de la Iglesia, sobre los temas candentes de su pontificado y sobre sí mismo. Frases que seguramente harán desacomodar del puesto a más de un feligrés.

Se consideró indisciplinado y autoritario, confesó que en ocasiones se duerme rezando, dijo que la Iglesia debería dejar de obsesionarse con el aborto, el matrimonio homosexual y el uso de anticonceptivos, y aseguró que es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina “más incisiva” en la Iglesia.

“Los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia (...). En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío”.

En cuanto a su posición frente a la homosexualidad, el papa aseguró que “la religión tiene el derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres”. Y sobre los necesarios cambios que debe tener la Iglesia como institución, admitió que le urge verlos, pero que requieren tiempo.

“Son muchos, por poner un ejemplo, los que creen que los cambios y las reformas pueden llegar en un tiempo breve. Yo soy de la opinión de que se necesita tiempo para poner las bases de un cambio verdadero y eficaz (…). Pero, mire, yo desconfío de las decisiones tomadas improvisadamente. Desconfío de lo primero que se me ocurre hacer cuando debo tomar una decisión. Suele ser un error. Hay que esperar, valorar internamente, tomarse el tiempo necesario”.

Reconociendo la pérdida de empatía que han declarado muchos de los fieles hacia los líderes espirituales de la Iglesia católica, el papa Francisco dijo que los sacerdotes deberían ser capaces de “caldear el corazón de las personas” y de saber dialogar. “El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’”, dijo.

Mientras alrededor del mundo activistas de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales) aplaudieron las palabras del pontífice y su discurso renovado, algunos vaticanistas, como Luigi Accattoli, advirtieron sobre las reacciones que pueden generar las palabras del papa en el interior de la institución religiosa.

“Es probable que al relanzar de una manera tan fuerte los principios del Concilio Vaticano II se desate una ola de protestas dentro de la Iglesia contra las enseñanzas del pontífice”, dijo a Accattoli.

Por su parte, el vaticanista estadounidense John Allen se declaró convencido de que el papa latinoamericano perderá el apoyo de los sectores más conservadores y dijo que esta confesión “inédita, clara y abierta, en la que se define como ‘no de derechas’, le costará antipatías y simpatías en muchos países y medios políticos. Francisco representa a las mayorías silenciosas de la Iglesia, es decir, a la mayoría moderada que no quiere cambiar las enseñanzas, pero sí el tono”, dijo.

Para John Gehring, reconocido activista progresista estadounidense y director del programa católico Faith in Public Life, “este papa está rescatando a la Iglesia de aquellos que creen que condenar a las personas homosexuales y oponerse a la anticoncepción definen lo que significa ser un verdadero católico (...). Es un cambio notable y reconfortante”.

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2013-09-20T22:00:00-05:00

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Redacción Vivir

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