La tradición navideña que causa terror

Además de visitar las casas junto con San Nicolás, desde hace siglos, el Krampus corre por las aldeas y el centro de los pueblos propagando el temor prenavideño y persiguiendo a los espíritus malignos.

Mucho antes de que los padres dependieran de los poderes de Santa Clos para monitorear el comportamiento de sus hijos, sus contrapartes de las poblaciones alpinas llamaban a una criatura peluda, con cuernos, con un puñado de varas atadas para enviar el mensaje de que más les valdría tener cuidado.

Tom Bierbaumer recuerda la trepidación que sentía cada 6 de diciembre, cuando el sonido metálico de los enormes cencerros marcaba la llegada del Krampus, un duende endiablado de la montaña que funge como la contraparte malvada del buen San Nico. El niño pensaría en las fechorías cometidas en los meses pasados, en los días cuando se había negado a levantar la mesa después de merendar, cuando no había terminado la tarea o le había jalado el cabello a alguna niña.

“Cuando eres niño, sabes lo que hiciste mal todo el año”, dijo Bierbaumer, quien creció en la Alpes bávaros y ahora encabeza un club con sede en Múnich, el Sparifankerl Pass – “Grupo del Diablo” en dialecto bávaro _, dedicado a mantener viva la tradición del Krampus. “Cuando el Krampus llega a tu casa, y eres niño, realmente estás preocupado de que te golpee con su vara”.

Además de visitar las casas junto con San Nicolás, desde hace siglos, el Krampus corre por las aldeas y el centro de los pueblos propagando el temor prenavideño y persiguiendo a los espíritus malignos. Esa tradición disminuyó en gran parte de Baviera en los 1960 y los 1970, ya que la sociedad posmoderna se alejaba de su pasado rural.

Sin embargo, debido a que la homogeneización cultural se propaga por todas partes de una Europa cada vez más unificada, una nueva generación está reavivando el interés en las costumbres que definieron su infancia, y la de sus padres y abuelos.

Hace una década, Bierbaumer, de 46 años, persuadió a las autoridades de Múnich para escenificar un antiguo Krampuslauf: un espectáculo en el que las temibles bestias estacionales corren por hileras de chozas de madera, adornadas, en el mercado festivo más antiguo de la capital bávara. Lo veía como una forma de asegurar que las generaciones futuras compartirían su ritual de la infancia, el cual sucede entre finales de noviembre y el 23 de diciembre. En ese momento, bestias similares, conocidas como Perchta, se quedan a cargo de la diversión hasta la Epifanía.

El Munich Krampuslauf celebra la historia de la costumbre, incluido el arte de las máscaras talladas y pintadas a mano. Los defensores del ritual dicen que revivirlo es importante porque las costumbres navideñas estadounidenses, a las que ven más comercializadas, se han abierto camino en los festejos alemanes.

Solo el Krampus a la antigüita, mezclado con sus primos los Perchtas, los únicos que tienen permitido participar en las carreras en Múnich, que se llevan a cabo el segundo y el tercer domingos antes de la Navidad. Para participar en ellas es necesario portar máscaras de madera con cuernos y zalea de oveja o de carnero, así como cencerros y varas, éstas, solo para exhibirlas.

Apoyar el ritual estacional es de “absoluta importancia”, dijo Günter Tschinder de Lavanttal, en la región de Carintia, en Austria.

“Se trata de una tradición que nuestros tatarabuelos ya hacían, y que debe pasarse a la siguiente generación”, comentó Tschinder, un integrante del Höfleiner Moorteufel de Carintia, uno de 27 grupos que participaron en la carrera de Múnich este año. “Si se pasa en forma apropiada, como era hace 40, 50, 60 años, sin mucha comercialización, como si fuera de película de Hollywood”.

Los clubes Krampus locales gastan de 1,800 a 2,500 euros (unos 2,200 a 3,000 dólares) cada año para adquirir trajes, hechos solo con materiales locales que se encuentran en los Alpes. Las máscaras se tallan en madera de limonero, pino suizo o aliso. Las zaleas provienen de animales de granja, como ovejas o carneros, aunque nadie rechaza a un Krampus que lleve puesta una de jabalí.

El código de la vestimenta no es la única regla que deben cumplir las 400 criaturas cuando corren, casi una milla, entre multitudes en el Christkindlmarkt. Los pícaros agentes encargados de hacer cumplir la buena conducta también tienen que regirse por un decoro estrictamente obligatorio, incluidas normas cardinales del Krampus moderno y urbano: ¡No beber! ¡No golpear! ¡Ser amables!

Gabriele Papke, quien ayuda a organizar el principal Christkindlmarkt en Múnich, en la Marienplatz, ante las torrecillas neogóticas del Neues Rathaus, enfatiza la importancia de las actividades amigables y seguras para las multitudes. Los organizadores estiman que el mercado festivo de este año atrajo a unas 1.7 millones de personas tan solo en sus dos primeras semanas, con vino caliente con especias, galletas de jengibre en forma de corazón y almendras tostadas y confitadas.
Sus clubes de Krampaus se seleccionan con cuidado, con base en mediciones iguales de la artesanía de los trajes y reputaciones limpias.

La gente en Múnich no sabe qué esperar del Krampus”, dijo Papke, y eso es especialmente cierto para los miles de turistas de todo el mundo que llegan al mercado. Este año, una actividad previa a la carrera permitió que los niños conocieran a las personas detrás de las máscaras y aprendieran cosas del traje de 500 años de antigüedad.

Es fácil que el Krampuslauf se salga de las manos. La policía en el pueblo bávaro de Immenstadt busca a un Krampus de pelo claro y larga máscara barbada, que azotó a un chico de 19 años durante un desfile a principios de diciembre, mientras que la policía de Kufstein, en Austria, canceló el acontecimiento anual después de quitarles fuegos artificiales ilegales a varios participantes.

Conforme hombres y mujeres cubiertos con zaleas, las máscaras bajo los brazos – no se permite ponerlas antes ni después de correr _, llegaban a la salida de la carrera un domingo reciente, el aporreo de los tambores y el doblar de los cencerros trascendían los muros de las estrechas callejuelas. Edeltraudt Danzing y su esposo Kurt observaban.

Es una tradición pagana que pertenece a la aldea”, dijo Edeltraudt Danzing, sacudiendo la cabeza ante el espectáculo en la capital bávara. “Me alegro de que mis nietos no estén aquí, estarían aterrados”.

Una vez que comenzó la carrera, algunos niños se escondieron detrás de las piernas de sus padres, mientras las bestias cornudas pasaban con las varas entre la muchedumbre, jalando las cachuchas de los niños para taparles los ojos o alborotando el cabello de las mujeres con sus garras. Un Krampus soltaba las colas de caballo, poniendo las bandas en sus cuernos, largos y curvos, imitando en broma el juego de lanzar los aros.

Sin embargo, otros niños eran más audaces cuando pasaban los Krampus o los Perchtas y se atrevían a jalarles el pelo, revelando la emoción de un gruñido o de una amenaza de recibir un varazo

Marlene Michel, de ocho años, insistió en que no tuvo miedo, al menos este año. “El año pasado fue mucho más aterrador”, dijo. “Este año, ya sabía lo que me esperaba”.

 

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