Tres décadas de la desintegración del Challenger

Se conmemoran 30 años del más trágico accidente de la carrera espacial que provocó la muerte de sus siete tripulantes y retrasó dos años la carrera de vuelos tripulados.

Imagen del transbordador Challenger mientras despegaba.

El fracaso más recordado en la historia de la exploración espacial. Así será recordado por muchos el accidente que hace treinta años sufrió el transbordador Challenger de la NASA, el cual cobró la vida de siete personas —entre ellas Christa McAuliffe, una profesora de colegio que se convirtió en la primera civil en subirse a un transbordador— y desencadenó una enorme crisis en el interior de la agencia espacial más importante del mundo. Setenta y tres segundos después de dejar la Tierra y a unos 15 kilómetros de distancia del océano Atlántico, frente a las costas de Florida, en Estados Unidos, la nave se desintegró en pedazos. Eran las 11:38 de la mañana del 28 de enero de 1986 y ese país veía en directo, a través del programa Teachers in Space, cómo se volvían a derrumbar sus sueños espaciales en la intensa carrera por conquistar el universo que había desencadenado la Guerra Fría. Ya el incendio del Apolo I en 1967 había dado las primeras muestras al acabar con la vida de tres tripulantes.

Aunque han pasado tres décadas del trágico accidente, que frenó los viajes espaciales por 32 meses, aún no se sabe con claridad cuáles fueron sus verdaderas causas. Se sabe, sí, que una parte del cohete derecho falló durante el despegue y que un escape de gases calientes produjo una reacción en cadena, pero aún siguen apareciendo conjeturas sobre quienes estuvieron detrás de las decisiones que desencadenaron los errores. Por ejemplo, un par de años después se supo que varios directores de la NASA habían recibido advertencias sobre las posibles fallas en el diseño de los cohetes aceleradores sólidos, pero decidieron pasarlas por alto. Se supo también, luego de un estudio encargado por el presidente Ronald Reagan, que la organización de la entidad rozaba la crisis, y eso había desembocado en una serie de decisiones infortunadas.

Para algunos analistas, sin embargo, más allá de esos errores, el problema había empezado en la década de los 70, cuando, en medio de las primeras pistas sobre la gran crisis petrolera que puso en jaque al planeta, se empezaron a reducir los costos de la misiones espaciales, aunque la meta de seguir por delante de la Unión Soviética siguiera intacta.

“Siete héroes murieron. Pagaron con su vida el espíritu pionero de la humanidad, pero las misiones espaciales continuarán con éxito. El futuro pertenece a los valientes”, dijo entonces el presidente Reagan.

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