Un complemento entre lo emocional y lo físico

Cuidado propio, alimentación saludable y una rutina de belleza son los factores que influyen para verse y sentirse bien.

El cuidado propio es clave para tener una buena autoestima. Getty Images

Sin duda alguna, verse bien y sentirse bien es más que la imagen. Es un equilibrio que proyectamos hacia los demás, que va de adentro hacia fuera, y ese equilibrio está entre lo que somos y lo que reflejamos”. Estas son las palabras de Johanna Díaz,  sicóloga de Doctoralia, quien explica cómo desde el hogar se va formando esa imagen que durante la vida permitirá a las personas alcanzar sus sueños y amarse o, por el contrario, sentirse inseguras y sin ganas de seguir adelante.

Y es que, como lo afirma la coach Jimena Fajardo, “con nuestras palabras y acciones tenemos la posibilidad de potenciar a las personas y acompañarlas a que crean en sus talentos”. Una tarea que no es fácil, pero que desde la infancia se puede potenciar con palabras de afirmación, dejándolos tomar decisiones, que identifiquen qué les gusta y qué no, de esa manera se van formando personas independientes que pueden asumir riesgos, pero que ante todo se conocen.

Un factor clave para tener una sana autoestima, la cual se fortalece con buenos hábitos alimenticios, una vida deportiva activa y el cuidado personal. Esto parece algo básico, pero hay quienes descuidan estos detalles y reflejan falta de amor propio, personas que no se dedican tiempo. Hablar de autoestima también es identificar esa esencia que caracteriza a cada persona, su identidad, las formas de ver la vida, asumirla, y la capacidad de hacer un viaje al pasado y reconocer que, aunque existen cosas que se quieran cambiar, solo queda la habilidad de seguir adelante con una actitud amorosa. Según Johanna Díaz, “es frecuente autojuzgarnos y no darnos la oportunidad de perdonarnos. Eso daña nuestra vida”.

Por eso cada acción, proceso de perdón y el tiempo para cultivar valores son determinantes para entablar relaciones sanas con la familia, los amigos y el entorno laboral. Eso se refleja en un equilibrio emocional que se va desarrollando a lo largo de la vida y que nos alerta de que la autoestima no es algo estático, sino que varía respecto a las circunstancias.

Pero ¿qué pasa si uno no tiene una correcta autoestima? No poseer una correcta autoestima puede afectar todos los ámbitos del ser humano: profesional, personal, familiar, sentimental y social. Lo que sucede es que, con las actitudes con las que respondemos a diferentes escenarios de la vida, si no hay una buena autoestima, se puede herir a las personas que nos rodean. De ahí que trabajar en las fortalezas de cada persona, reconocer las debilidades y superarlas traza el camino para no dañar a otros. “Evitar la comparación, entender que los procesos son distintos y descubrir las oportunidades de cada persona transforma cómo se vive, para qué, y ese propósito de vida hace la diferencia”, señala Jimena Fajardo.

En conclusión, el equilibrio está entre lo físico y lo emocional. Cada uno debe trabajar en sí mismo todos los días de su vida. La capacidad de las personas para crecer radica en esa autocrítica que las lleve a dar lo mejor de sí en los entornos en los que se desempeña. “Ser la mejor versión es el reto para seguir adelante”.

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* Redacción Especiales

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