Un día en la vida de una nutricionista mexicana

Patricia Rodríguez, una de las representantes del Colegio Mexicano de Nutrición, se acostumbró a recibir en su consultorio niños que pesan más de 80 kilos. “México actuó tarde frente a su obesidad”, dice.

Un mexicano celebra el Día del Taco en su país. La OMS estima que el 70% de los mexicanos tienen sobrepeso. / EFE

La obesidad en México es una epidemia. El 70% de su población presenta sobrepeso y ahora está comprobado que el número de nutricionistas que tiene el país (2,4 especialistas por cada 1.000 habitantes) no alcanza para atender sus 60 millones de obesos.

Patricia Rodríguez, representante del Colegio Mexicano de Nutriólogos y responsable de la Clínica de Nutrición de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Nuevo León, es uno de los rostros visibles de esta situación.

Trabaja para la facultad que más nutricionistas le entrega anualmente a México y sabe que pocos colegas se dedican a trabajar en entidades estatales porque pagan muy poco, así que, al igual que muchos, tiene su consultorio privado. Viaja por el país enseñándoles a las amas de casa a reemplazar harinas por frutas, tiene un programa de radio, decenas de seguidoras y sale en la televisión. “No me puedo quedar de brazos cruzados, no podemos dejar de actuar frente a una situación tan grave como lo es la obesidad en México”.

Rodríguez recibe en su consultorio entre ocho y diez pacientes al día, la mayoría niños, la mayoría con avanzados problemas de hipertensión, altos niveles de colesterol y triglicéridos, problemas en las articulaciones y serios impactos psicológicos.

“Tengo niños de siete u ocho años que pesan más que yo. Atendí hace poco a una chiquita de cuatro años que se cansaba mucho. Cuando le hicimos los exámenes resultó que tenía el colesterol por las nubes. ¿Qué calidad de vida espera a estos niños? Ya vemos jóvenes que son víctimas de ataques cardiacos. ¿Nos tocará ver cómo mueren niños a los que ya no les funcionan las arterias?”.

La nutricionista asegura que el problema de obesidad de los mexicanos tiene detrás tantas causas que sería imposible encontrar un culpable. Lo cierto es que “México llegó tarde a enfrentarlo”.

Todos tienen que ver, afirma. Los mexicanos viven rodeados de una cultura determinada por la comida, la época de violencia impide que la gente se apropie de los espacios públicos y se ejercite, los hijos de padres separados son víctimas de los “premios” y afanes de los adultos, que eligen cadenas de comidas rápidas y cajitas felices para satisfacer a pequeños. Incluso se podría culpar a las mamás que eligen vestir a sus hijos con tallas grandes sin que sea necesario, a los pediatras que no recomendaron a las nuevas madres cuidar bien a sus bebés o a la cantidad de comidas procesadas que ahora se alojan en los refrigeradores.

“El Gobierno tendrá que enseñarles a los mexicanos a comer bien, tendrá que enseñarles a las mamás a cocinar. No puede seguir tomando medidas tan absurdas como los impuestos a las gaseosas. Quienes tienen malos hábitos seguirán comiendo de la misma manera, así tengan que pagar más por obtener lo que quieren. Yo seguiré de un lado a otro hablando de la importancia de consumir frutas”, dice la nutricionista.

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