Un matemático destruye las teorías de conspiración

¿Nunca llegó el hombre a la Luna? ¿Es falso el cambio climático? David Robert Grimes, físico de la Universidad de Oxford, creó un modelo para explicar por qué no pueden ser ciertas estas creencias.

 

No importa cuántas fotografías, testimonios, videos y pruebas físicas existan sobre el viaje a la Luna de Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins. Un grupo importante de personas siguen y seguirán creyendo que la hazaña del Apollo 11 es sólo una gran obra de teatro, una conspiración, orquestada por el gobierno de Estados Unidos en plena Guerra Fría.

Lo mismo ocurre hoy frente al problema del cambio climático y la utilidad de las vacunas. Las teorías de la conspiración se expanden como un virus y no hay un verdadero antídoto.

Acostumbrado a escuchar a mucha gente delirar con teorías como esta, el físico David Robert Grimes, de la Universidad de Oxford, decidió estudiar el asunto y calcular qué tan probable es mantener en secreto una verdadera conspiración. “Quise entender si podrían ser posibles, así que me centré en un requisito fundamental para que una conspiración sea viable: el secreto”, comentó a los medios el físico británico.

El primer paso para crear su modelo matemático consistió en analizar las conspiraciones que sí han resultado ciertas, como la del programa secreto para vigilar a los usuarios de internet creado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos o las pruebas erróneas del FBI que llevaron a pena de muerte a muchos inocentes.

Tras calcular las probabilidades de que una verdadera conspiración salga a la luz pública, gracias a algún “soplón”, Grimes decidió estudiar algunas falsas teorías de conspiración.

Al aplicar su modelo a la teoría de que el viaje a la Luna fue un engaño, Grimes encontró que, para que tal cosa fuera cierta, se necesitaría el silencio de los 411.000 empleados de la NASA que trabajaban en la agencia espacial estadounidense a mediados de los años 60.

Algo similar ocurrió frente a los escépticos del cambio climático. Si fuera un fraude la información sobre el calentamiento del planeta, según Grimes, se necesitaría el silencio y poner de acuerdo a las 405.000 personas de diversas instituciones científicas internacionales que trabajan en este campo. En cuanto al intento de “ocultar que las vacunas no son seguras” se requeriría como mínimo que los 22.000 empleados de la Organización Mundial de la Salud y el Centro para el Control de Enfermedades se quedaran callados.

Grimes asumió que tarde o temprano alguien le cuenta a otra persona el secreto. Al asignar una probabilidad muy baja, de cuatro entre un millón de que alguien del grupo implicado revelera el secreto, el físico encontró que el engaño de los alunizajes se tenía que haber revelado en 3 años y 8 meses, la mentira del cambio climático en 3 años y 9 meses, y una conspiración sobre la vacunación en 3 años y 2 meses.

Para terminar, el modelo matemático le permitió al científico calcular uno de los ingredientes necesarios para crear una conspiración y ser exitosos. Para un complot que dure cinco años, el máximo de personas que se podrían involucrar son 2.521. Para guardar el secreto durante más de una década debe haber menos de 1.000 personas, y un engaño que dure un siglo exige no superar los 125 colaboradores.

“Pensar que no es verdad que el hombre ha llegado a la Luna puede no ser perjudicial, pero tener creencias falsas sobre las vacunas puede resultar fatal”, apunta Grimes y concluye: “No todo el que cree en una conspiración es irreflexivo o poco razonable, pero espero que al mostrar lo extremadamente improbables que son algunas supuestas conspiraciones, sus defensores reconsideran sus creencias anticientíficas”.

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Redacción Actualidad

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