Una oración por la paz

El 7 de febrero de 1948, el caudillo Jorge Eliécer Gaitán convocó a una manifestación por la paz que fue conocida como la marcha del silencio. Al final de ella pronunció un discurso que es pertinente hoy.

/Archivo El Espectador
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En 1948 la violencia campeaba sin control. En Boyacá, Caldas, Tolima, Sumapaz y el Valle del Cauca, entre otras regiones, liberales y conservadores llenaban de sangre los campos y el Gobierno era poco o nada lo que hacía. Incluso, se sospechaba que, a la sombra, patrocinaba el fratricidio. Esas épocas de violencia no han cesado. Aunque el rostro de la muerte ha cambiado conforme han pasado los años.

El 7 de febrero de ese año, el caudillo Jorge Eliecer Gaitán convocó a una manifestación por la paz a la que asistieron personas de todo el país y al final de la cual pronunció un discurso conocido como la Oración Por La Paz que es pertinente hoy en día cuando la sociedad se apresta a marchar por la paz y conmemorar 65 años de la muerte del caudillo liberal que cayó víctima de esa misma violencia política que sigue arreciando.

Frente a 100 mil personas Gaitán le dice al entonces presidente Mariano Ospina Pérez: “Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria”.

“Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad”.

Y agrega: “Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable. En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!”.

Para luego concluir: “Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia! Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia”.

Casi dos meses después, en las calles de Bogotá, sería asesinado Jorge Eliecer Gaitán. Era candidato a reemplazar a Mariano Ospina Pérez y su popularidad crecía. Su muerte produjo el agravamiento de una ola de violencia de la que el país no ha salido y por la que, en el marco de los diálogos en La Habana (Cuba), miles saldrán a pedir la misma paz que pidió el caudillo asesinado.