20 Feb 2017 - 8:05 p. m.

"Usar la pollera les da oso, porque los jóvenes quieren mostrar más piel": Alfredo Barraza

Las nuevas tendencias musicales como el reguetón y la champeta, que se caracterizan por su sensualidad, han producido cambios en la forma de vestir de las nuevas generaciones durante el Carnaval de Barranquilla. Reconocidos diseñadores como Barraza y Julie de Donado temen que las prendas típicas pierden sus raíces.

Redacción especiales

Aunque es considerado el evento cultural y folclórico más importante de Colombia y carga con el título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, otorgado por la Unesco, algunas voces del mundo de la moda no pueden evitar sentir que el Carnaval de Barranquilla se está alejando de sus raíces.Al menos, en relación a los trajes típicos.

Uno de los más directos a la hora de hacer este comentario es Alfredo Barraza, quien ha sido el responsable de vestir a la reina en once ocasiones diferentes. Para el diseñador, la fiesta currambera “es mucho más que moda y tendencia, es tradición en todas sus vestimentas”.

No obstante siente que las generaciones más jóvenes quieren prendas que “les dejen lucir su cuerpo, ponerse una pollera les da oso”, agrega.

Para este reconocido diseñador, mucho tienen que ver los empresarios que “en vez de incentivar las raíces, las matan por imprimirle modernidad”.

Barraza, que ha promocionado el uso de la pollera en los últimos cuatro años, recuerda que hace un año la reina recibió críticas por no ser capaz de bailar champeta con esta prenda. “Obviamente hay que innovar, pero no destruir la tradición”, agrega.

Con esta posición concuerda Julie de Donado, quien lleva 44 años confeccionando y organizando eventos para el Carnaval y también ha vestido reinas en diferentes ocasiones. “Hay muchas personas que no están bien informadas culturalmente hablando y terminan atentando contra el folclor”, señala. Dice que el problema radica en que muchos de los trajes incluyen detalles cargados de significado que tienden a perderse cuando se modernizan.

“Hoy se ve mucha danza de comparsa en donde los bailarines usan, por decirle algo, disfraces de africanos pero llevan botas y cascos de gladiadores. Quieren verse lindos y maltratan el folclor”, señala Donado. Otro caso es el de los congos, que “reformados”, eliminan los lentes tradicionalmente usados para esconder lágrimas de dolor; y los sombreros de flores, que representan la primavera, por cabezas de animales como tigres y cocodrilos.

Sobre estos últimos hace salvedad Mirtha Buelvas, investigadora cultural especialista en el Carnaval y profesora de la Universidad del Atlántico. De acuerdo con esta docente, el Congo reformado existe hace más de 60 años, mucho antes de que se declarara al Carnaval como Patrimonio, por lo que ya puede entrar a considerarse tradición. “Hay muchas cosas que cambian porque la realidad no se mantiene congelada”, y si los cambios son justificados, asegura, pueden aceptarse.

Con esto no pelea ninguno de los dos diseñadores. Aunque Donado señala que todos los cambios terminan siendo aceptados por el público a fuerza de costumbre y acepta que los trajes se pueden enriquecer.

En este sentido Barraza da algunas puntadas y señala que se podría jugar con los colores (sin cambiarlos) y las formas del garabato, por ejemplo. “Uno cada año se reinventa realzando los motivos sea el garabato, la cumbia, María Moñitos o el mapalé. Se toma un detalle y se adapta a la tendencia porque todo en el Carnaval es generacional”, agrega.

Diana Rolando, quien puede llegar a diseñar tres mil prendas para un carnaval, advierte que prefiere tomar los íconos representativos de la fiesta y fusionarlos con formas vanguardistas y texturas artesanales como la caña flecha. Finalmente todos coinciden en que la tradición y la innovación pueden convivir, pues lo importante, como dice Barraza, “es que el Carnaval es la esencia de la alegría”.

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