Aprender de las ciudades limpias

Si no se replantean los hábitos de consumo, las próximas generaciones vivirán entre desperdicios, concluyeron los expertos en reciclaje Tomas Outerbridge y Bob Besso.

¿Cómo incluir a los recicladores de Bogotá en la transición tecnológica del procesamiento de las basuras que la ciudad necesita? ¿Cómo juntar los conceptos de desarrollo industrial e inclusión? Con esas preguntas, dirigidas a Tomas Outerbridge y Bob Besso, líderes de procesos exitosos de procesamiento de residuos en Nueva York y San Francisco (EE.UU.), el alcalde Gustavo Petro abrió ayer el primero de los Foros El Espectador de 2013, en el Teatro Julio Mario Santo Domingo.

Después de escuchar al alcalde hablar sobre algunos detalles de la implementación de la política “Bogotá, Basura Cero”, los empresarios de reciclaje respondieron y le compartieron al auditorio cómo han participado en el cambio de mentalidad de sus ciudades frente a su relación con la basura.

Durante el encuentro se conocieron experiencias exitosas, como el proyecto Sierra Viva, que trabaja en la recolección y el aprovechamiento de los residuos de la Sierra Nevada de Santa Marta (impulsado por empresas como Coca-Cola, Tetra Pak y Bavaria), y el manejo de residuos industriales por parte de la cementera Holcin en Colombia, a través de coprocesamiento.

Nueva York, la cultura como obstáculo

La diversidad cultural de Nueva York fue uno de los primeros obstáculos para Tomas Outerbridge y su empresa Sims Metal Management Municipal Recycling, cuando hace diez años se ganó la licitación para manejar el reciclaje de la ciudad por los próximos 20 años. Convencer a más de 8’000.000 de habitantes de distintas nacionalidades de que su basura podría aprovecharse, no sólo en beneficio de las industrias, sino de sus propios hijos, es un reto que aún no termina.

La empresa implementó proyectos de educación frente a la destinación de los residuos, enfocándose en los niños para lograr un mayor impacto en las familias; el Gobierno impuso sanciones a quienes no cumplieran con la separación de residuos, y entre el Estado y la compañía invirtieron cerca de US$100 millones en la implementación de plantas para tratar los desechos reciclables.

Una vez a la semana, Sims Metal recoge los residuos reciclables de Nueva York y los saca a través de barcazas (cada una con capacidad para 100 volquetadas de vidrio, papel y plástico) que viajan por el río Hudson hasta el centro de procesamiento de desechos, una megafábrica con distintas estaciones donde se procesan y se convierten en materia prima que compran las grandes industrias.

Para Outerbridge, ninguno de estos avances se hubiera logrado sin el músculo financiero del Estado. En conclusión, “nada se gana con convencer a la gente de que recicle si no se tiene la infraestructura para procesar sus residuos. Sin duda es una transición costosa, y en el caso de Bogotá la ciudad debe tomar la decisión de reemplazar con máquinas funciones que hasta ahora cumplían los recicladores, como la separación, y que el talento humano se contrate para repara esa máquinas”.

San Francisco, la ley de las tres canecas

Toda la basura de San Francisco va a parar a los camiones de Recology, una compañía que comenzó en 1932 como un grupo de familias que en carretas tiradas por caballos recolectaban las sobras de comida, vidrios, cartones y tarros de la ciudad estadounidense. “Empezamos como ustedes, en los 30 San Francisco estaba lleno de recicladores informales que se vieron obligados a organizarse”, dice Bob Besso, con una naturalidad que esconde la comparación incómoda con una Bogotá que apenas está tomando decisiones frente a un problema de suma gravedad. “Las basuras se parecen a los icebergs, sólo vemos las bolsas que tenemos en la casa, pero nos damos cuenta de que cada vez que adquirimos un producto también compramos un desecho que no tenemos idea de a dónde va a parar, la humanidad tienen que percatarse de que debemos cambiar nuestros hábitos. Sólo tenemos una Tierra”, concluye el empresario.

En el caso de San Francisco, desde los altos funcionarios de la compañía hasta los recicladores que asumen la separación manual de residuos son socios de la compañía, que al año factura US$700 millones y es contratista del gobierno local. Su modelo se basa en la recolección de residuos divididos en tres canecas: una azul, una verde y una negra. En la azul caben reciclables como papel y botellas, en la negra los residuos más difíciles de procesar como los CD y bombillos, y en la verde todos los residuos orgánicos como sobras de alimentos que son utilizados luego como abono. De esta manera están aprovechando más del 70% de los desechos y reduciendo el volumen de los rellenos sanitarios que concentran grandes cantidades de metano, gas altamente contaminante.

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