Atender la mente de una persona obesa

Ser parte de la mitad de los colombianos que padecen sobrepeso u obesidad plantea un enorme reto psicológico: ¿cómo vencer la frustración, la falta de autoestima y el rechazo social?

Natalia Silva fue diagnosticada con sobrepeso en noviembre pasado.  / Gustavo Torrijos
Natalia Silva fue diagnosticada con sobrepeso en noviembre pasado. / Gustavo Torrijos

Las estadísticas señalan que uno de cada dos colombianos padece sobrepeso u obesidad. Las historias de vida que escucha a diario en su consultorio Liliana Carvajal Gutiérrez, especialista en psicología médica y de la salud, demuestran que el rechazo y la discriminación de los que son víctimas estas personas están creando seres humanos inseguros, insatisfechos, incapaces de amar, con mentes vulnerables y expuestas a otros trastornos psicológicos.

La obesidad, ese mal que según la Organización Mundial de la Salud se está convirtiendo en un problema mayor que la desnutrición, es un enorme reto psicológico. Al consultorio de la psicóloga Carvajal llegan principalmente mujeres frustradas, rendidas ante la imposibilidad de perder peso.

“Su sufrimiento emocional es mayor que el de los hombres, porque la exigencia social de belleza hacia ellas es más alta y eso las lleva a asumir conductas de riesgo para su salud. Hay mujeres que han vivido en régimen toda la vida y que cada vez que nos consultan lo están haciendo por un problema de sobrepeso mayor”, cuenta Carvajal.

Cada día se vuelven más comunes, también, las historias de niños matoneados en las escuelas por su apariencia y que además soportan la presión de la familia y el grupo de amigos por ser obesos. “Esos primeros años, en los que se forjan la propia imagen, el autoconcepto, y en los que además se forma la autoestima, los niños están siendo atropellados permanentemente. La imagen que cada uno crea de sí mismo se construye también a partir de la imagen que el otro me devuelve. Entonces, ¿qué autoconcepto voy a tener si desde pequeño estoy recibiendo críticas de las personas más significativas?”.

“Todo el tiempo pienso en que quiero adelgazar. Lo único que quiero es perder peso, pero siento que no avanzo”. Natalia Silva fue diagnosticada con sobrepeso en noviembre pasado. Es comunicadora. Tiene 30 años, una hija y una relación en unión libre desde hace diez años. Su profesión, su peso y su condición de madre —dice— llevaron a que fuera rechazada en un sinnúmero de trabajos. Además, reconoce que está en una profesión en la que la apariencia es un requisito.

“¿Cómo me siento? Totalmente desmotivada. Me siento fatigada. Me duelen las rodillas, la espalda... todo me está doliendo. Uno va sintiendo que la vejez lo va cogiendo más rápido. Ojalá no pierda la paciencia”, dice Silva. Frente a ella, en el mismo salón de la Fundación Colombiana de Obesidad (Funcobes), está sentada la psicóloga Liliana Carvajal. Escucha su testimonio de desesperanza, de agotamiento, y dice: “Adelgazar no se nos puede convertir en una idea fija. Si la expectativa es irreal, si es muy alta, se vuelve una zancadilla en el proceso. Hay que fortalecer la autoconfianza, saber que si se tiene un propósito hay que darle tiempo. El problema no se construyó de un día para otro... de la misma manera cuesta solucionarlo. Es necesario replantear las metas y la forma como las voy alcanzar”.

Y continúa: “Nuestro propósito no es que la persona baje de peso. No consideramos la obesidad como un problema de kilos sino como un problema emocional. Es un círculo vicioso. La persona siente frustración y ansiedad porque no puede bajar de peso y entonces se refugia en la comida; nuevamente siente que el problema se le ha salido de las manos y se siente culpable y frustrada por ello. Es muy difícil romper ese círculo, y eso es lo primero en lo que nos centramos”.

Sobre el matoneo del que los niños con obesidad están siendo víctimas en los colegios, Carvajal señala que el principal problema es que “estamos dejando solos a los niños. Si por lo menos las primeras figuras de amor dieran un poco más de confianza, más protección, más seguridad, la persona podría desarrollar más herramientas para sentirse protegida”. Y llama además a los padres a que se capaciten sobre este fenómeno para entender cuáles son los síntomas de un niño que está siendo agredido, porque es muy difícil que el menor denuncie por su voluntad.

 

“Ya puedo mirarme al espejo”: Mery Carrillo

“En 2010 pesaba 241 kilos, ya casi no podía moverme, me la pasaba sentada en una silla de ruedas, en la puerta de mi casa, tomaba alcohol todo el día y en las noches me comía tres o cuatro presas de gallina hasta quedarme dormida. Estaba sola muy sola. Llevaba 20 años en la misma situación. El alcoholismo vino después de que mataran a mi mamá en el año 92. Era el tiempo de la guerrilla, en esa época pesaba 85 kilos y me dedicaba al comercio. Su asesinato me envió a una profunda depresión. Me encerré en mi casa, comía insaciablemente y en un par de años alcancé a pesar más de 200 kilos. Mi obesidad es producto de los malos hábitos.

Sentía las burlas de la gente. Comencé a aislarme, hasta que en un momento me vi sin familia, se me acabó la plata, tenían que pedir ayuda para moverme y no podía montarme en un taxi. Un día vi en un programa de televisión a Salvador Palacio, director de la Fundación Gorditos de Corazón, y supe que tenía que buscarlo para que me ayudara. Comencé el proceso el 5 de noviembre de 2010, llevaba años mandándome a hacer la ropa y dependiendo de la ayuda de alguien para vivir.

Gracias a la Fundación he recibido asistencia médica y psicológica y ahora estoy pesando 130 kilos, la espalda y las rodillas no dejan de dolerme. Al principio fue difícil volver a mirarme en el espejo, aceptarme y quererme. Me puse juiciosa con la dieta porque en mi caso la operación del bypass era riesgosa. Ahora estoy tratando de lograr que me operen para que me retiren toda la piel que me sobra. Volví a tocar guitarra, a maquillarme, volví a enamorarme de la vida. Ya puedo pagar un pasaje en un bus, ya puedo moverme sola. Perdí 20 años que pudieron ser maravillosos, pero ahora tengo mucho por aprovechar. Mi decisión fue dedicarme a mí”.