Bojayá se anticipa a la ola invernal

La Cruz Roja Colombiana está recorriendo algunos municipios en riesgo por el invierno, para asesorar a la comunidad sobre cómo actuar.

Los habitantes de la comunidad de San José de la Calle, en Bojayá, creen ciegamente en este presagio: cuando las culebras se trepan en los techos y en los árboles, cuando las hormigas se enfilan y se alejan del río, cuando los caracoles empiezan a aparecer en los rincones de la casa, es porque viene la creciente. Creen que el Atrato subirá tanto, tanto, que los animales se están resguardando del peligro. “Ellos evacuan antes que nosotros. Cuando empezamos a ver esos movimientos decimos: ¡Ojo, que se va a crecer el río! Y en efecto, pasa”, dice con un acento marcado, golpeado, el profesor Éverth Palacios, de esa comunidad.

Esa era su única alerta, la que los preparaba para lo que venía: una tragedia anunciada de enfermedades, de destrozos, de pérdidas. Y ellos, para intentar contener la naturaleza, construían en el interior de sus casas peldaños improvisados con madera para encaramar el televisor, la nevera y la ropa. Pero en los últimos inviernos, que cada vez han sido más largos y más crudos, ninguna advertencia había bastado.

Sin embargo hoy, por primera vez en su historia, están organizados para enfrentar la tragedia. La Cruz Roja de Colombia, con el apoyo de la Comisión Europea, estuvo allí en San José de la Calle —y en otras comunidades de Bojayá, como Opogadó y Napipí—, entrenando a la comunidad. Enseñándoles que las alertas de la naturaleza —las serpientes, las hormigas— hoy son insuficientes. Y al frente de esa empresa hay dos líderes de la comunidad: el profesor Éverth Palacios y Luis Manuel Romaña, un muchacho de 14 años que hoy lo acompaña en Bogotá para una campaña nacional de prevención de riesgo.

“Sabíamos que esta intervención en las comunidades no se podía hacer sin un contexto educativo”, dice Luis Carlos Manjarrés, oficial de comunicación de la Cruz Roja Colombiana. Por esta razón ellos viajaron hasta allí, reunieron a las gentes en los salones comunitarios, les explicaron paso a paso las principales herramientas de los primeros auxilios, de la prevención de riesgo, de la evacuación.

“¿Sabe qué pasa con estas comunidades? Que son casi anfibias, como las llama el profesor Gustavo Wilches. Que están tan acostumbradas a vivir en medio de las inundaciones, que no lo relacionan con un riesgo. Ya ellos están empezando a entender que sí son un riesgo, que traen problemas graves”.

Luis Manuel también ha sentido que los inviernos ya son inmanejables. No sólo por las inundaciones ni por la madera de su casa que se empieza a pudrir cuando el agua rebosa, sino porque la pesca cada vez es más escasa. Y eso significa que comer y llevar algún peso para ayudar en su casa es cada vez más duro.

“Hace unos ocho años uno cogía pescado para comer y le alcanzaba para vender y hacerse una platica. Uno podía coger en el día hasta 300 arrobas de bocachico durante la subienda. Ahora apenas alcanza para el desayuno, si mucho uno recoge 10 arrobas al día”, dice el joven que también asistió a los talleres, que se ha convertido en un líder entre sus amigos, su familia, su colegio, cuando habla de prevención, de estar atentos al nivel del río, de evacuar a tiempo. Dice que cualquier joven, como él, puede hacerlo. Y esa es la apuesta de la Cruz Roja Colombiana, que cada quien en su comunidad pueda ser líder.

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