Colombia pierde atractivo para las aves migratorias

La destrucción de hábitats, la cacería y la contaminación se han convertido en amenazas para los que llegan desde Estados Unidos, Canadá, Argentina y Chile cada año.

Cada año, cuando en Estados Unidos, Canadá, Chile y Argentina empieza a golpear el invierno, cientos de especies de aves dejan sus hábitats y, contra viento y otras inclemencias, emprenden vuelo hacia tierras cálidas, hacia Colombia.

En pocas semanas, aves de tan sólo unos gramos atraviesan el Atlántico y el Pacífico hasta la Sierra Nevada de Santa Marta, el norte de Chocó y la costa Caribe. Después buscan lugares de alimentación y descanso en el centro y sur del país, muchos en la sabana de Bogotá y la región amazónica.

Según la Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia, publicado en diciembre del año pasado por el Ministerio del medio Ambiente y la WWF, las migraciones de aves constituyen una de las adaptaciones más sorprendentes en el reino animal. En Colombia han sido identificadas 549 especies migratorias, de las cuales el 50%, unas 275, corresponden a aves. Este total es apenas un estimativo preliminar, pues para la mayoría no se posee información sobre su estado de residencia en el país.

Entre las aves migratorias, cerca de 154 especies vienen del noroccidente, centro u oriente de Norteamérica, 23 llegan del sur de Suramérica, principalmente a la Amazonia colombiana, y 25 son aves marinas que viajan extensamente, en muchos casos sin tocar la costa.

En el grupo de especies de aves que pueden considerarse como migratorias, en hay un total de 48 familias, siendo las reinitas, los atrapamoscas y los playeros, los grupos con mayor número de especies seguido por los y las gaviotas y gaviotines.

Sin embargo, los hábitats usados por aves playeras, chorlitos, garzas y patos, están siendo altamente intervenidos por construcciones portuarias y urbanas, desarrollos turísticos, expansiones agrícolas, entre otras intervenciones, que han reducido e incluso desaparecido algunas playas, esteros, lagunas y humedales importantes como zonas de alimentación y descanso de estas especies. Algunas rapaces migratorias dependen de zonas boscosas para buscar alimento o descansar. De igual forma, aves paseriformes como zorzales, reinitas, atrapamoscas y verderones, y las falconiformes migratorias, son afectadas por la deforestación y la consecuente destrucción de sus hábitats.

De otro lado, el uso no regulado de pesticidas y herbicidas es amplio y contamina aguas y suelos, lo cual, a su vez, genera efectos negativos sobre la biología reproductiva de aves. Aunque el uso de plaguicidas no es frecuente en los bosques tropicales en Latinoamérica, sí es constante y excesivo en zonas aledañas, afectando a aquellas especies que interactúan en estos hábitats o que habitan en zonas agrícolas, principalmente a playeras, rapaces, patos y especies asociadas a hábitats acuáticos, donde generalmente son descargados todos los compuestos tóxicos derivados de procesos productivos.

La cacería indiscriminada provoca igualmente la reducción a gran escala de las especies; esto incluye patos, playeros y palomas. Las rapaces se ven afectadas en dos sentidos: la disminución de sus presas y la eliminación directa de ellas mismas. En Colombia, los dueños de granjas piscícolas matan águilas pescadoras, pues consideran que menoscaban significativamente la producción de estos sistemas. En algunas regiones, como por ejemplo en el Cañón del Río Combeima, en el Tolima, es frecuente la cacería de rapaces migratorias durante la primavera, fomentada por la creencia popular en las propiedades medicinales de estas aves.

Luis Miguel Rengifo, quien dirige un importante proyecto denominado Libro Rojo de las Aves para determinar amenazas de estas especies, dice que muchas aves que llegan a ciudades principales como Bogotá, Medellín y Cali suelen chocarse contar edificios con fachada de espejos y el golpe en sus cráneos produce muchas muertes.

La desaparición o alteración del hábitat hacer que la cadena de rutas deje de funcionar y una parte significativa de la población desaparezca, al no poder completar su

De las 275 especies identificadas como migratorias para Colombia, 10 están en alguna de las categorías de amenaza a nivel global y dos de ellas, en categoría de En Peligro Crítico De otro lado, se estima que 14 de las especies de aves consideradas migratorias en Colombia están amenazadas a nivel nacional Entre estas cabe resaltar tres especies en estado crítico: el petrel, la Amazilia castaneiventris y el vencejo.

Algo más, según Luis Fernando Castillo, director de la organización Calidris, para la protección de aves, la conmemoración del Día Internacional de las Aves Migratorias es importante para promover la protección de estas especies, sobre todo para generar conciencia de la importancia de generar conocimiento al respecto, ya que según dice: “aunque en los últimos 20 años hemos empezado a mejorar el conocimiento que tenemos sobre esas especies, sabemos muy poco sobre qué hacen, cómo interactúan con otras aves y de qué se alimentan.

La buena noticia parece ser que el Ministerio de Ambiente y WWF Colombia suscribieron un convenio de cooperación para trabajar en la formulación participativa de un Plan Nacional de las especies migratorias que ya produjo una importante guía. Asimismo, la Asociación Calidris está liderando el Plan Nacional para la Conservación de Playeras y una Red de Monitoreo de Aves Migratorias en colaboración con la Asociación Colombiana Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (Resnatur). Loretta Rosselli y Gary Stiles, dos ornitólogos de la Universidad Nacional, también llevan a cabo procesos interesantes de conteo de aves que permitirían aportar más información al respecto y determinar mejores medidas para protegerlas.

 

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