Cruzada contra el cáncer de cuello uterino

Este año 3,5 millones de niñas serán vacunadas contra el virus del papiloma humano.

Herminso Ruiz - Ministerio de Salud

“Este cáncer es una experiencia devastadora para cualquier mujer”, responde Fernando de la Hoz, director del Instituto Nacional de Salud, cuando se le pregunta por las implicaciones que tiene para una paciente el cáncer de cuello de uterino. De la Hoz está en el Colegio Sagrada Familia de San Andrés, en un coliseo en el que 3.400 niñas cantan, se ríen, ovacionan a un cantante de reguetón y les preguntan a sus maestras si la vacuna que les pondrán en unos minutos será dolorosa.

Allí, el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, dio inicio a la jornada nacional de vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), el mismo que es causante del cáncer de cuello uterino, mal que cada año deja 3.000 víctimas fatales en Colombia.

Es una enfermedad devastadora porque quienes la padecen “tienen que someterse a una cirugía del útero que puede ser muy invasiva”, continúa De la Hoz. Dice que hay casos en los que es necesario “extraer todo el aparato reproductivo para prevenir una recaída”, arrebatándoles la posibilidad de ser madres. Y a esa tortura habría que sumar que en algunas zonas del país, “por razones culturales”, las mujeres que han tenido este tipo de intervenciones son señaladas, “no son consideradas plenas por sus compañeros”.

Con esta decisión de vacunar a todas las niñas desde cuarto de primaria (que hayan cumplido los 9 años) hasta el último grado de secundaria, se espera que por lo menos 3,5 millones de mujeres en el país (que son las que recibirán la vacuna) no corran el riesgo de pasar por esta tragedia. La amenaza no sólo es el cáncer de cuello uterino, “el virus del papiloma humano (que se transmite por contacto genital y anal) está también asociado con el cáncer de ano, pene, vagina y orofaringe”, explica De la Hoz, y calcula que si se suman todos estos males, se sobrepasaría incluso al cáncer de mama, que es el de mayor prevalencia en Colombia.

Tanto él como Teófilo Montero, representante en Colombia de la Organización Panamericana de la Salud, coinciden en que ésta es quizá la más importante intervención de salud pública que se ha hecho en el país en los últimos 15 años. Según las cuentas del Instituto Nacional de Salud, con estas vacunas “el país podrá ahorrarse unas 1.500 muertes de mujeres, más una gran cantidad de casos de cáncer en los que no mueren pero son sometidas a cirugías que tienen un alto impacto en la calidad de vida”.

La campaña costará este año US$100 millones, “una inversión muy alta, pero que seguramente representa mucho menos que los gastos que hoy le generan estas enfermedades a un sistema de salud”, dice Montero.

En una pantalla gigante del coliseo del Colegio Sagrada Familia se proyecta el testimonio de una joven de 17 años a quien le diagnosticaron cáncer de cuello uterino terminal. Por primera vez hay silencio. Aunque este mal ataca habitualmente a mujeres entre los 30 y 45 años, como lo explica Marcela Celis-Amórtegui, ginecobstetra especialista en patología cervical, existen casos especiales como el de esta menor. Las niñas en el auditorio la escuchan con atención. Saben que ellas también pueden ser víctimas.

* Invitación del ministerio de Salud

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