Las cuatro plagas del siglo XXI

"Existe una historia vergonzosa y bien documentada de ciertos actores en la industria que ignoran la ciencia e incluso su propia investigación y colocan a la salud pública en situación de riesgo para proteger sus intereses".

Con estas palabras el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dejó claro, durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, que una gran parte de la responsabilidad por la muerte de 36 millones de personas afectadas por enfermedades no transmisibles corresponde a la industria agroalimentaria.

Juntas, el cáncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y pulmonares crónicas, dan cuenta de tres de cada cinco muertes en el mundo. De ahí que la más alta instancia de las Naciones Unidas decidiera convocar una reunión para discutir estrategias de prevención y control para estos problemas de salud pública.

La mala noticia es que el panorama tiende a empeorar. Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que el número de muertes provocadas por estas enfermedades aumentará 17% en el mundo en la próxima década. Los países en vías de desarrollo serán los más afectados, con un 80% de las muertes. La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, señaló que su país ya sufre el enorme costo humano y material que representan estas enfermedades: un 1% del PIB.

Para la directora de la OMS, Margaret Chan, se trata de “un desastre anunciado” que sólo podrá evitarse si los gobiernos se comprometen a fondo y se libra una verdadera batalla contra el tabaco, la sal, las grasas no saturadas y el azúcar.

“Este no es un problema que puedan solucionar los ministros de salud. Necesitamos a todas las partes: a los gobiernos, para proveer los incentivos adecuados; a los individuos, para que protejan su propia salud; a los grupos civiles, para que presionen por la venta de productos responsables, y a los empresarios, para que produzcan mercancías más sanas y sustentables”, recalcó Ban Ki-moon y pidió especialmente a las corporaciones que actúen con máxima integridad, especialmente a las que obtienen sus ganancias vendiendo alimentos procesados dirigidos a los niños.

La Asamblea General adoptó una declaración en la que los gobiernos asumen la responsabilidad de integrar políticas para reducir esos padecimientos a sus agendas de salud y desarrollo nacional.

 

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