De los números a la educación

Después de una larga carrera como economista y administrador de empresas, Rudolf Hommes quiere cambiar el modo de aprendizaje de los colombianos.

Rudolf Hommes, ex ministro de Hacienda , ex asesor de la Junta Monetaria de Colombia y Socio y Director de Capital Advisory Partners. / Gabriel Aponte
Rudolf Hommes, ex ministro de Hacienda , ex asesor de la Junta Monetaria de Colombia y Socio y Director de Capital Advisory Partners. / Gabriel Aponte

Cifras, finanzas, índices económicos. Balances, tasas de interés e infinidad de cálculos, muchos cálculos. Esa ha sido la vida de Rudolf Hommes. O, por lo menos, eso era hasta este momento. Ahora, después de más de cuatro décadas de estar sumergido en el mundo de los números, decidió probar suerte con una idea que desde 1966, cuando cursaba su pregrado en la Universidad de California, anda rondando su cabeza: romper el paradigma de una educación que, para él, tiende a ser cada vez más complicada en Colombia.

Para simplificarla, para evitar que los universitarios tengan que aprender asuntos que van en la dirección opuesta a sus intereses, este administrador de empresas, responsable de la apertura económica del gobierno de César Gaviria como Ministro de Hacienda, creó una institución educativa cimentada en unos principios liberales que pretenden reemplazar el acostumbrado conservadurismo.

“El estudiante está teniendo dificultades con su aprendizaje y es porque no le gusta la manera como le enseñan, porque no lo hacen para que él desarrolle lo que le interesa. En muchas ocasiones, el profesor es un desperdicio frente a una clase”, dice Hommes como presentación de Capital Junior College, una simulación de los junior colleges de Estados Unidos que viene funcionando desde finales 2011 en Bogotá: entidades que permiten hacer cursos rápidos y especializarse en áreas técnicas a bajos costos, para así poder salir de forma rápida al mercado laboral.

Aunque, sin duda, extraña que este exministro de Hacienda, que fue director de Crédito Publico, candidato a la Alcaldía de Bogotá y asesor de Álvaro Uribe, se lance a esta aventura, algunos antecedentes certifican sus propósitos.

En 1995, por ejemplo, asumió por dos años la rectoría de la Universidad de los Andes, donde intentó simplificar el currículum, pese a la enorme cantidad de intereses que había en contra. Y hace un par de años, alejándose de los ineludibles números, tuvo un fugaz paso por la literatura, con un cuento que alcanzó las páginas de El Malpensante y que, junto a otros relatos breves, sorprendió a su editor, Mario Jursich.

Pero la idea de planear unos cursos de arte, literatura, diseño, administración y finanzas, que espera sean acogidos por cualquier persona que quiera aprender sin importar su grado educativo, proviene realmente de su padre. Él, antes de la década de los 30, en una Alemania próxima a soportar las amarguras del nacionalsocialismo, enseñaba en un colegio que rompía el esquema de una sociedad estratificada, en la que, según recuerda Hommes, los niños se educaban de forma clásica o técnica. “Los primeros tenían la oportunidad de ser ministros y los segundos se quedaban estancados”.

Sin embargo, una escuela de Berlín les daba la oportunidad a los de estratos superiores de aprender cosas que nadie les ofrecía (carpintería, mecánica) y los de escasos recursos podían recibir una especie de educación de élite.

Entre otras cosas, eso espera Hommes que suceda con su nueva institución. Sabe que no es fácil que las universidades los acojan y que necesita una actitud muy liberal de parte de estudiantes y académicos. Si lo logra, podrá continuar con el propósito de su padre: una historia que inevitablemente se desmoronó en 1933, cuando ascendieron los nazis al poder.

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