Descubrieron a Colombia a lomo de mula

El viaje de exploración por el país que emprendieron dos científicos suizos en 1910 renace un siglo después gracias a un genetista colombiano que recuperó su obra perdida en la biblioteca de una universidad.

Otto Fuhrmann era seis años mayor que su colega Eugène Mayor. El primero, reconocido zoólogo, era especialista en Céstodos (parásitos animales). El segundo, médico y naturalista, sentía un especial interés por lo micromicetos (parásitos vegetales). El 20 de junio de 1910 emprendieron juntos la mayor aventura de sus vidas.

Partieron de la ciudad de Neuchâtel (Suiza), donde trabajaban para la misma universidad. Se dirigieron al puerto de Amberes. Pero sólo muy entrada la noche del día 24 les permitieron embarcar en el Schwarzburg, un “barquito sucio y atiborrado de mercancías” que les dejó una primera impresión “deplorable” y el mal presagio de que el viaje estaría colmado de penurias. Cuando ya no había forma de volver sobre sus pasos se enterarían de que en las bodegas, cerca de los camarotes, iban guardadas 900 cajas de dinamita destinadas a las minas de oro de Colombia, además de seis cajas de cartuchos de fulminato.

El relato de aquel viaje que se extendió por cinco meses, así como los informes científicos que se desprendieron de él, quedaron consignados en el quinto volumen de las las Mémoires de la Societé des Sciences Naturelles de Neuchâtel de la Societé des Sciences Naturalles de Neuchatel. Una obra de 1.090 páginas que pese a su gran valor histórico estaba prácticamente traspapelada en la memoria de los colombianos y de los suizos.

Casi un siglo permanecería este trabajo en la sombra. Hasta que en 2002, un exalumno del Colegio Helvetia de Bogotá, biólogo y microbiólogo de la Universidad de los Andes y profesor del Instituto de Genética Humana de la Universidad Javeriana, Alberto Gómez Gutiérrez, recopilando información para una colección sobre expediciones en Colombia, quiso averiguar los detalles de la visita de Otto Fuhrmann y Eugene Mayor, de la que aquí y allá se hacían menciones muy breves.

La pesquisa lo llevó a emprender un viaje en la dirección contraria a la de los dos suizos. De Bogotá partió rumbo a Suiza, donde fue directo a Neuchâtel. En la Bibliothèque Publique de la universidad preguntó por la obra de los naturalistas. Por 25 francos obtuvo una copia original. Pero también una sorpresa: Michel Schlup, entonces director de la biblioteca, había sido uno de sus profesores de El Helvetia en Bogotá y estaba enterado del trabajo de los dos expedicionarios. Gómez se encargaría a partir de ese momento de la traducción de todas aquellas páginas, así como de rescatar los sutiles detalles necesarios para entender parte de las anotaciones, que Schlup ayudaría a verificar. Una tarea que les depararía algunas sorpresas adicionales.

“Todo aquel que se interese de una manera u otra en las ciencias naturales, habrá tenido seguramente el deseo de visitar alguna vez los admirables trópicos de la América del Sur, donde la vegetación es tan maravillosa y la fauna está tan ricamente representada. Hemos tenido, durante algunos meses, la felicidad de viajar por Colombia y conservamos de esta demasiado corta estadía recuerdos imborrables que quisiéramos hacer revivir con estos apuntes de viaje…”. Así empezaron su crónica los dos suizos, así empezó la aventura de traducirlos por primera vez al español.

En tan sólo tres meses desde que arribaron a Barranquilla, navegaron río arriba el Magdalena, pasaron por Puerto Berrío, Medellín, Caldas, Valparaíso, Supía, Filadelfia, Manizales, Honda, Facatativá y Bogotá, los dos naturalistas recolectaron muestras de 1.279 especies vegetales y 647 animales; 350 de ellas eran nuevas para la ciencia de la época.

“De regreso en Suiza, los viajeros contactaron a una pléyade de botánicos y zoólogos nacionales y extranjeros con el propósito de estudiar el material recolectado”, escribiría más adelante Schulp, en el prólogo del libro que la semana pasada se presentó en Colombia y que fue financiado por la Embajada de Suiza, Colciencias, la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia y la Universidad Javeriana.

Una de las sorpresas que se llevaron Schulp y Gómez fue descubrir que entre ese grupo de renombrados científicos europeos figuraba Jean Piaget, quien sería reconocido más por sus aportes a la psicología evolutiva que por su versatilidad con los moluscos. Piaget estudió y clasificó 27 especies colombianas.

La otra anécdota que le gusta recordar al doctor Gómez es que si el viaje por Colombia fue grato para los dos exploradores, en gran parte se debió a las cartas de recomendación que traían consigo firmadas por Ernst Röthlisberger. Este otro profesor suizo había vivido en Colombia entre 1881 y 1885, ocupando la cátedra de Filosofía e Historia de la Universidad Nacional de Bogotá. Röthlisberger se había enamorado de una colombiana, Inés Ancízar Samper, hija del primer rector de la universidad, Manuel Ancízar. Así que la lista de amigos que abrieron las puertas de sus casas a los dos suizos fue extensa. Curiosamente, al regresar a Suiza, el profesor ocupó el cargo de director de la Oficina Internacional de la Propiedad Industrial, donde por aquellos días el joven Albert Einstein era un “experto técnico de tercera clase” rumiando las teorías que sacudirían el pensamiento de todo el siglo XX.

Para Gómez, la obra que ha bautizado “Expedición Helvética” y que se suma a las ya bastante conocidas Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada y la famosa Comisión Corográfica liderada por Agustín Codazzi, se convierte en una muestra más de los lazos históricos que se han tejido entre Suiza y Colombia, visibles en el logo de la Cruz Roja, el teleférico y el funicular de Monserrate, el reloj del Parque Nacional, el artesonado del Teatro Colón de Luigi Ramelli, la repostería de Pierre Albrecht y sus descendientes, las turbinas hidráulicas que en 1900 llegaron para iluminar Bogotá, entre muchos otros detalles que han marcado la vida social, económica y política de Colombia.

Eugene Mayor

Doctor en medicina y posteriormente micólogo, nació en Neuchâtel el 7 de junio de 1877. Era descendiente de importantes científicos, entre ellos Louis Agassiz, un destacado geólogo y paleontólogo que llegó a ser catedrático de la Universidad de Harvard. A lo largo de su vida, llegó a clasificar en su herbario cerca de 25.000 ejemplares de hongos microscópicos, así como un centenar de plantas. Publicó cerca de 125 obras. Murió el 14 de septiembre de 1976, después de vivir 99 años de forma lúcida.

Otto Fuhrmann

Nació en Basilea el 1° de abril de 1871. Su padre era un trabajador en una fábrica de productos químicos. Comenzó estudios en la Universidad de Basilea y, con el tiempo, se convertiría en un renombrado zoólogo, embriólogo y experto en anatomía comparada. Desde 1886 fue invitado como profesor de la U. de Neuchâtel. Dejó más de 140 publicaciones científicas en diversos ámbitos, con especial énfasis en la parasitología. Murió el 26 de enero de 1945.