'Es difícil lidiar con actores tan diversos': ministra de Educación

María Fernanda Campo dice que el Gobierno no está imponiendo rectores en universidades para evitar la oposición a una eventual reforma educativa.

Dos años después de asumir su cargo al frente del Ministerio de Educación y con dos grandes retos todavía por delante, una reforma a la educación superior y elevar la calidad de la educación básica y media, María Fernanda Campo habló con El Espectador.

Si tuviera que elegir un logro en estos dos años, ¿cuál sería?
Diría que haber decretado gratuidad total en el sistema educativo oficial para todos los niños, desde el grado cero a 11. No se puede cobrar ni un solo peso.

Pero el centro de atención ha sido la reforma a la educación superior. ¿Es posible hablar de diálogo cuando todos defienden posiciones tan contrarias?
Hemos venido promoviendo la constitución y creación de mesas de diálogo a nivel regional para construir una política de Estado alrededor de la educación superior. Parte de esa política se puede desarrollar a través de una ley o varias leyes o de decretos. Creo que no hay suficiente comprensión de la riqueza del proceso que se está dando.

¿Cómo van a conciliar esta diversidad de opiniones y propuestas?
Ya tenemos una secretaría técnica que es independiente del Ministerio de Educación. Se trata de Ceiba, un centro conformado por las universidades Nacional, Javeriana, Andes, Rosario, junto con Antioquia y la UIS. Son académicos que no tienen ningún tipo de vinculación contractual con el Gobierno.

¿Cuándo presentaría un documento final?
En la medida en que se vayan dando los resultados. Otra cosa que convinimos es la importancia de oír a grupos no organizados, como padres de familia y estudiantes de 10 y 11. Hay que escucharlos a todos. Este no puede ser el espacio de discusión de unos pocos que tienen sus intereses.

¿Esta reforma se convirtió en una papa caliente para el Gobierno?
Tengo que confesar que ha sido un proceso duro, difícil, complejo. El balance que puedo hacer es que la educación, que no era un tema de agenda pública, se volvió uno de los más importantes.

¿Está pensando en una gran reforma o se van a hacer ajustes pequeños?
No podría anticiparme sin haber culminado el proceso de discusión pública.

Siendo realistas, ¿esto va a tomar uno, dos o más años?
El compromiso es tener al final de este semestre los resultados de esos procesos. No estamos trabajando en un proyecto de ley, sino en unos lineamientos de una política de Estado.

¿Qué puntos de la propuesta de la MANE apoya el Gobierno?
La MANE es un movimiento muy relevante, pero hay otros trabajando, y de qué manera. Por ejemplo, la Federación Nacional de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (Fenares). Son muchos los movimientos estudiantiles en la construcción de una política. En cuanto al borrador presentado por la MANE, tiene planteamientos interesantes y tiene otros que generan preocupación. Particularmente, el tema de financiamiento. Hablan de gratuidad y dicen que no se debe tener en cuenta criterios de sostenibilidad fiscal.

Esta semana anunció un incremento en el presupuesto de universidades. Ellos dicen que faltan $700.000 millones. ¿Está de acuerdo en esa cifra?
Vamos a girar $2,4 billones a las 32 universidades públicas en 2012, y anunciamos $150.000 (millones) adicionales. El mensaje que enviamos es que este gobierno está comprometido con el financiamiento de las universidades. ¿Son suficientes? Por supuesto que no. Vamos a vincularnos a una mesa de trabajo de los rectores para estudiar el tema.

Hablemos de lo que está sucediendo en la UIS. Allá dicen que el Gobierno está poniendo rectores para que no le hagan oposición a una posible ley.
Todo lo contrario. Lo que demuestra es el respeto del Gobierno frente a la autonomía universitaria. Se presentaron varios candidatos, todos tienen sus méritos, pero ninguno reunía el perfil que quiere el ministerio. Esa es la razón por la cual, con el derecho que tenemos, votamos en blanco. El Gobierno tiene 2 de 9 votos. Igual podían ponerse de acuerdo los otros miembros del consejo para elegir un candidato.

¿Qué perfil le gustaría entonces?
Un candidato con condiciones de liderazgo, de grandes cualidades académicas, muy reconocido como investigador y que además tenga condiciones gerenciales.

Dos años después de asumir este ministerio, ¿qué ha sido lo más difícil para usted?
Definitivamente lidiar con actores tan diversos. Cada uno de ellos tiene su propia agenda, sus propios intereses y sus propios objetivos.

Si el Ministerio de Hacienda le diera un billón extra para educación, ¿en qué lo invertiría?
Primero me pondría muy feliz. Le dedicaría el mayor porcentaje a la educación superior.

¿Cómo creer que vamos a mejorar en calidad si el presupuesto para educación es relativamente el mismo, tenemos los mismos profesores y el mismo modelo pedagógico?
Todos los estudios coinciden en que cuando un sistema educativo tiene una calidad baja hay que empezar por los más pequeños. Por eso nos enfocamos en ellos. Buscamos que esos 2’300.000 niños puedan mejorar sus competencias en lenguaje y matemáticas. Ya llegamos a las 3.000 escuelas con las que nos comprometimos. Este programa tiene varios componentes: pedagógico, acompañamiento a profesores, condiciones básicas de aprendizaje como la alimentación escolar, y también mejoramiento de infraestructura. Es una atención integral.

 

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