Efecto de antenas de celular, una incógnita

Especialistas de la salud aseguran que aunque la relación entre cáncer y ondas electromagnéticas no está comprobada, “no se puede decir que no hay peligro”.

La Corte Constitucional ordenó al Mintic regular distancia entre torres de telefonía móvil y los asentamientos humanos.  / Archivo
La Corte Constitucional ordenó al Mintic regular distancia entre torres de telefonía móvil y los asentamientos humanos. / Archivo

La comunidad médica y científica negó por siglos que el consumo de tabaco estaba asociado a enfermedades como el cáncer de pulmón. Los pocos estudios disponibles no eran suficientes para demostrar lo contrario, pero una vez hubo pruebas sólidas, en Colombia, por ejemplo, se emitió la Ley 335 de 2009, que regula el consumo, la venta, la publicidad y la promoción de los cigarrillos, el tabaco y sus derivados con el fin de garantizar los derechos a la salud.

En similares condiciones se encuentra el debate sobre la contaminación electromagnética: “Aunque existen evidencias de que la radiación indiscriminada de microondas, generadas por la red de telefonía móvil sobre la población, podría tener efectos biológicos indeseables y significar un riesgo inaceptable para la salud pública, sigue habiendo un vacío científico al respecto”, dice Carlos Parrado, doctor en contaminación y recursos naturales que por doce años ha indagado el tema.

Por un lado está la posición de la Organización Mundial para la Salud (OMS), según la cual la exposición a las ondas emitidas por los teléfonos celulares “podría producir efectos sutiles sobre las células que influirían en el desarrollo del cáncer”. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) incluso calificó en 2011 los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como “posiblemente cancerígenos para los humanos”. De otra parte, también hay importantes centros, como la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, que niegan la existencia del vínculo entre el cáncer y, por ejemplo, las antenas de celular.

Teniendo en cuenta esta incertidumbre, la Corte Constitucional hizo publico un fallo en el que le ordena al Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones la creación de mecanismos que permitan regular la distancia entre las antenas de telefonía móvil y las viviendas, instituciones educativas, hospitales, clínicas y hogares geriátricos. Se trata de una medida de precaución que se aplica cuando el riesgo o la magnitud de un daño no son conocidos con anticipación, porque no existe conocimiento científico que lo pruebe, aunque se sepa que los efectos son nocivos.

La falta de certeza al respecto podría desviar la atención y esfuerzos de los organismos a los que compete el tema. La sentencia de la Corte Constitucional, por ejemplo, deja claro que la instalación de antenas de telefonía celular en Colombia no está regulada por ningún ministerio, ni por la Agencia Nacional del Espectro, a la que, según el decreto 4169 de 2011, le corresponde dicha función.

Óscar León, director de esta entidad, afirmó que todavía no han sido notificados por la Corte Constitucional, pero asegura que cumplirán con lo que ordenó respecto a la vigilancia y control de la ubicación de las antenas de telefonía celular.

“Es muy prematuro considerar que las antenas de telefonía celular tienen una relación directa con el cáncer, la evidencia no es conclusiva. Pero no se puede cerrar la puerta y decir que no hay peligro”, dice Carlos Castro, presidente de la Liga Colombiana contra el Cáncer.

De acuerdo con Andrés Navarro, director del Grupo de Investigación en Informática y Telecomunicaciones de la Universidad Icesi de Cali, “el fallo de la Corte no es suficiente. En Colombia falta más regulación. Hay países como España en los que, antes de ponerle una antena a una comunidad, le explican las características de la radiación y le instalan apantallamientos, unos elementos que absorben radiación y evitan que se siga esparciendo”.

Según Carlos Parrado, hay desconocimiento del tema entre las autoridades colombianas. Dice que los entes ambientales son los que tendrían que tener las competencias para vigilar el tema, y agrega que “hace mucho tiempo, cuando no había microscopios para ver los microbios, nadie consideraba su existencia ni el poder que pudieran tener. Lo mismo pasa con la contaminación electromagnética: nadie la percibe, nadie la ve, entonces no quieren considerar su existencia, pero con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que está presente en la cotidianidad y está generando serias alteraciones en nuestro sistema celular”.