El costo de excluir el ambiente

Sarah Hernandez, responsable del Programa Evaluación Ambiental y Económica en el Departamento Científico y Técnico de la Agencia Nacional Francesa para el Agua y los Ecosistemas Acuáticos (Onema), y la directora del Humboldt, Brigitte Baptiste, dicen que incumplir las normas ambientales genera pérdidas millonarias para sus países.

Sara Hernández, de la Agencia de Aguas de  Francia, y Brigitte Baptiste, del Humboldt en Colombia. / Gustavo Torrijos
Sara Hernández, de la Agencia de Aguas de Francia, y Brigitte Baptiste, del Humboldt en Colombia. / Gustavo Torrijos

Mientras en Francia no son necesarias las figuras de conservación para los ríos (porque “hay una obligación de no degradarlos”), en Colombia son urgentes para salvar lo que queda de cuencas como la del Magdalena. En la Semana de la Biodiversidad, Sarah Hernandez, responsable del Programa Evaluación Ambiental y Económica en el Departamento Científico y Técnico de la Agencia Nacional Francesa para el Agua y los Ecosistemas Acuáticos (Onema), habla con la directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste, sobre las diferencias abismales entre las políticas ambientales de ambos países.

Está comprobado que no cumplir las políticas de biodiversidad genera costos enormes. ¿Sucede en sus países?

Sara Hernández: .: Es cierto. La directiva Aves y Hábitat de Francia estima que si no se cumplen sus normas puede perder 2 billones de euros al año. La dirección de aguas dice que serían entre 5 y 20 billones de euros al año por la misma razón. No aplicar las normas tiene implicaciones fáciles de entender: si un agricultor sigue utilizando pesticidas, agrava la calidad del agua necesaria para abastecer a París, y limpiarla implica invertir en una tecnología costosísima.

Brigitte Baptiste: Un estudio reciente de Findeter mostró que hay riesgos asociados con variabilidad climática y con disponibilidad de agua si no se cumplen las normas ambientales. Por ejemplo, si Barranquilla no empieza a invertir en la protección de las costas y no protege el área de inundación de la boca del río Magdalena, va a destruir su propio acueducto y va a ser incapaz de proveer agua a la ciudad, lo que tendría un costo cercano a los 2 billones de pesos.

¿Qué tienen que hacer sus países para contrarrestar la relación entre pérdida de biodiversidad y pobreza?

S.H.: Esa relación no es una fatalidad de los países pobres. En Francia, realmente vemos que la base que sustenta todos los componentes de la vida social, económica y productiva es la base del capital natural. Sin duda, hay que anteponer lo ambiental sobre el crecimiento económico.

B.B.: El lema del presidente Santos es Prosperidad para Todos, pero no podemos seguir pensando en el crecimiento indefinido del aparato productivo. En Colombia, más de 500.000 personas dependen de coger un pescado en el río. ¿Qué pasa si la calidad de los ríos se deteriora tanto como está sucediendo? ¿Con qué vamos a alimentar a esa población?

Algo que tienen en común Francia y Colombia es la importancia de sus humedales, ¿qué tan conservados están?

S.H.: La política de agua considera los humedales como ecosistemas estratégicos de conservación y hemos trabajado mucho para preservarlos. Reconocemos que a veces tenemos que sacrificar cierta cantidad de humedales para otros usos, pero esas decisiones se toman entre la sociedad, las empresas y el gobierno.

B.B.: Aquí el problema es que ni siquiera sabemos cuántos humedales tenemos y en qué condiciones están, porque en principio la tendencia siempre ha sido de secarlos y acabarlos. Aunque hay una Política Nacional de Humedales de 2001, Colombia tiene 5 millones de hectáreas de estos ecosistemas que todavía están siendo consideradas como un problema para el desarrollo.

La política de agua francesa tiene un lema: los ríos no tienen fronteras para su manejo, las decisiones se toman a nivel de cuenca. ¿Qué tanto funciona?

S.H.: En Francia salimos de la lógica puramente administrativa de cortar y manejar el territorio en pedazos, para ponernos en una lógica de componentes biogeográficos delimitada por ecosistemas. Así, toda la política está orientada a que una cuenca completa pueda tener resultados en términos de calidad del agua, hábitat para pescados migratorios y otras especies acuáticas.

B.B.: A pesar de que la política colombiana del recurso hídrico sí dice que la gestión ambiental debe hacerse por cuencas, no hemos logrado ese nivel. Desde hace cinco años el Ministerio de Medio Ambiente señaló esa tarea, pero las decisiones son muy débiles porque la autoridad ambiental municipal tiende a no coincidir con el departamento.

¿Y en cuanto a la política de biodiversidad?

S.H.: Hay una política de biodiversidad a nivel europeo que se llama Nature 2000, la cual trata de conectar las unidades de hábitat con importancia para la conservación. En Francia, esa red representa más o menos el 12% del territorio, y lo más interesante es que tanto el sector público como el privado conciertan y deciden cómo será su manejo.

B.B.: Esas redes de Francia tienen el nombre de estructuras ecológicas en Colombia. Es casi el mismo enfoque, con el grave problema de la excesiva municipalización o administración por departamentos del territorio. Aunque en Colombia estamos muy a la vanguardia, porque seguimos los lineamientos del Convenio de Diversidad Biológica, es en la implementación donde hay falencias. No hemos logrado resolver el problema del ordenamiento territorial y vivimos peleando entre el ordenamiento minero, el forestal y el de cuencas.

¿Sus ríos tienen alguna figura de protección o conservación?

S.H.: En Francia no se necesitan figuras de conservación, porque lo que se quiere es tener un buen estado general. Hay una obligación de no degradación de los ríos que ya están recuperados y el país tiene la gran ventaja de que hace monitoreo, con lo cual sabemos que el 43% de nuestros ríos llegan al buen estado.

B.B.: En ese tema estamos muy atrasados. El Ministerio de Medio Ambiente tiene miedo de tomar decisiones al respecto. Por lo menos, Colombia debería declarar tres ríos afluentes del Magdalena como ríos protegidos, ya que éste está siendo destruido progresivamente. La situación empeora porque no hay inversiones para el monitoreo . ¿Cómo se planifica el desarrollo si no hay mediciones?

 

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