¿El eslabón perdido?

Los fósiles hallados en 2008 en la famosa “cuna de la humanidad”, cerca de Johannesburgo, podrían responder muchas de las preguntas sobre el origen del Homo sapiens.

Nada mejor para ambientar el hallazgo de un conjunto de fósiles que podrían representar un puente evolutivo entre los Homo sapiens y los monos que tener en las carteleras de cine una película como El Planeta de los Simios.
Mientras un grupo compuesto por 80 científicos de distintas nacionalidades presentaba esta semana al que han bautizado como Australopithecus sediba, el director inglés Rupert Wyatt nos recuerda con su filme la delgada línea que nos separa de los primates. 

El detallado informe de dos esqueletos hallados en Malapa, en la famosa "Cuna de la humanidad" al noroeste de Johannesburgo en 2008, fue revelado por la revista Science. Para los antropólogos y demás expertos que analizaron los restos fósiles, este nuevo homínido podría ser uno de los eslabones perdidos de nuestra evolución. Uno que vivió en África hace 1,9 millones de años.

El análisis de cada pequeño hueso del A. sediba permitió a los antropólogos reconstruir una parte de su historia. Se cree que sus manos le permitían balancearse entre los árboles como un chimpancé, pero los dedos eran suficientemente largos y hábiles para manipular algunas herramientas. También las extremidades inferiores mostraban rasgos híbridos que le permitían caminar erguido sin perder habilidades para trepar. En cuanto al tamaño del cerebro era más similar al mono, con 440 centímetros cúbicos, que al de 1.200 centímetros cúbicos del nuestro.

"La mano sediba revela una sorprendente mezcla de características que no habríamos predicho que podrían existir en una misma mano", dijo una de las investigadoras, Tracy Kivell, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania.

Una larga lista de características compartidas entre estos fósiles y los antepasados del Homo sapiens, como lo son el Homo habilis y el Homo rudolfensis llevaron a Lee Berger de la Universidad de Witwatersrand, en Johanesburgo a decir que “tiene directamente el potencial de ser el ancestro que llevó a la aparición del género Homo".

Sin embargo, demostrar que este es el “eslabón perdido” que uniría a los Homo con una especie anterior no es tan sencillo. Los científicos aún no están seguros si el género Homo, que incluye a los humanos contemporáneos, evolucionó directamente del Australopithecus sediba, o si esta especie constituyó una de las llamadas especies "sin salida", una rama muy cercana a nosotros pero que en algún momento se truncó.

“El registro fósil de los primeros Homo es caótico", dijo otro de los investigadores, Steven Churchill, de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, Estados Unidos a la agencia EFE, "muchos fósiles son dudosamente atribuidos a varias especies o su datación es muy vaga".

Por su parte, el profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, dijo a la BBC: "no es el fin de la historia. Lo que debió pasar es que habían muchas formas de Australopithecus evolucionando en criaturas similares a la humana, a medida que empezaban a comer carne, fabricar herramientas y trasladarse a distancias más lejanas”.

 

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