"El genio de Jobs era el opuesto al de Da Vinci"

Donald Norman fue la primera persona de Apple en tener las palabras “experiencia del usuario”, que luego definirían el futuro de esa empresa, en su título de trabajo.

Cuando Steve Jobs regresó a la dirección de Apple, luego de su intempestiva salida, Norman fue despedido, junto con toda la plana directiva. Sin embargo, no dejó de ser de la familia Apple, ni de seguir los pasos de quien, dice, le hubiera gustado que fuera su jefe.

Don Norman es una eminencia del diseño en la tecnología. Es graduado de Harvard y MIT y hoy divide su tiempo entre la academia y la consultoría empresarial. Es el codirector de la firma de consultoría Nielsen Group y explica en El Espectador en dónde exactamente es que radicaba el genio de Steve Jobs.

¿Cómo era Apple antes de la llegada de Steve Jobs?

Era un sitio maravilloso y creativo, con gente emocionante y llena de ideas maravillosas. Pero hay un problema con la gente creativa, no se concentra lo suficiente como para acabar algo. Uno de los problemas era que a 200 personas nos tomaba dos meses terminar un proyecto.

¿Y cómo cambió la cultura Jobs?

Jobs no tenía un genio tecnológico, tampoco era un diseñador. Pero tenía un ojo increíble para los productos. Entendía la importancia del sistema. No era suficiente hacer un iPod que fuera bonito y funcionara bien, tenía que ser fácil de alimentar. Por ejemplo, en esos días era ilegal bajar música, y él lo hizo legal. Esa es la belleza de Jobs, él quería cosas que él pudiera usar, que su familia pudiera usar. Tenía una visión de lo que el producto debía ser y él juntaba a su equipo y los obligaba a hacerlo. Y si alguien salía con una nueva idea, él le decía “Cállate y vete, no me importa que sea una buena idea, no es parte de esta visión”. Eso fue lo que hizo un éxito de Apple.

¿O sea que su genio estaba en poner límites a la creatividad?

Sí, él trazaba la línea entre la fase creativa y la fase ejecutiva. En la creativa le gustaba que la gente lanzara ideas, que discutieran con él, si sabían de lo que hablaban. Si no, estaban muertos. Pero una vez se decidía para dónde iba el proyecto, seguía con la misma idea hasta que fuera perfecta. En eso insistía mucho. Era increíble como su gente terminaba algo y se lo mostraban y él los devolvía. Aunque le dijeran que era imposible cambiar algo, él insistía en que lo hicieran de todas formas.

¿Jobs era un innovador?

Él no precisamente. Tenía una forma de pensar en un sistema completo. Si uno mira los productos de Apple, todos parecen mágicos, pero no hay nada nuevo en ellos: la pantalla táctil lleva en los laboratorios 20 años, pero no había salido como un producto para el consumidor. Él fue capaz de sacar todos estos componentes y puso a su gente a juntarlos en un sistema que funcionaba mágicamente. Él no creaba las ideas, él las conducía. Steve Jobs tenía un genio totalmente opuesto al de Leonardo da Vinci, por ejemplo. Da Vinci estaba lleno de ideas maravillosas, pero totalmente imprácticas. Para la muestra, no llegó a construir la mayoría de cosas que diseñó. Pero el talento de Jobs era mirar el portafolio de Da Vinci y decir, ¡esa!, y convertirla en un hecho.

¿Entonces él sólo juntaba las cosas y las hacía funcionar?

La palabra “sólo” está mal ahí. Eso es increíblemente difícil. Además él juntaba las cosas y las volvía emocionantes, divertidas de usar, hacía que todo fluyera sin esfuerzo. Es una habilidad compleja, difícil y rara. Y no habría tenido éxito si no hubiera sido el director de Apple. Además del genio, tenía la autoridad para hacerlo realidad.

Esa relación especial de sistema entre los aparatos y las personas, ¿usted cree que ha trascendido los productos de Apple?

Lo veo por todos lados. En los carros, electrodomésticos, hasta en los lugares de trabajo. Por ejemplo, el Android copió la mezcal del App Store y el iPhone, que les dio la oportunidad a los estudiantes de crear cosas que funcionaran con todos los sensores del teléfono; la inclinación, el geoposicionamiento, la aceleración, la cámara. Apple puso la vara alta para la combinación de la tecnología con un sentido de la estética. En un sentido amplio, que incluye lo bonito, pero también con la emoción de usar los productos. Como cuando uno baja una lista en un producto de Apple y llega al final, y hay como un pequeño rebote, sutil, pero increíblemente satisfactorio.

¿Le habría gustado trabajar para Jobs?

Mucho. Me da mucha pena no haber podido hacerlo. Tomó una decisión para limpiar a todo el mundo. Y creo que era la decisión correcta, yo también la habría tomado. Jobs revolucionó la manera como pensamos en la tecnología, también lo hizo con la industria de la música, la de los teléfonos, y cambió nuestras vidas para bien.

¿Quién es Donald Norman?

Donald Norman es un académico estadounidense que ha basado buena parte de su carrera en el estudio de algo llamado “diseño centrado en el usuario”, un campo que venía bien en Apple luego del lanzamiento del Macintosh, en 1984, y con él la introducción del computador personal, del computador pensado en el usuario. Desde su salida de Apple, Norman se ha desempeñado primordialmente como profesor en varias universidades, además de ser el autor del libro ‘El diseño de las cosas diarias’.

Ha sido consultor de una variedad de empresas e instituciones que van desde Toyota hasta Darpa, la agencia del gobierno norteamericano al servicio de las Fuerzas Armadas de ese país, de donde emanó la primera idea de internet como una red para comunicarse después del holocausto nuclear.

Steve Jobs en la Gran Manzana

Este martes se realizará el preestreno de La agonía y el éxtasis de Steve Jobs, un monólogo sobre la influencia que el cofundador de Apple tuvo sobre la vida diaria. La obra, según su único intérprete, Mike Daisey, también explora la oscura relación de la empresa de Jobs y el mercado laboral chino, país de donde provienen buena parte de los productos de Apple y en cuyas fábricas varios trabajadores se han suicidado por las malas condiciones laborales, según algunos críticos.

La obra, que promete levantar polémica, se estrenará oficialmente el 17 de octubre en Manhattan.

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