El hombre que incomodó a la ciencia

La historia de cómo se construyó el artículo que cuestiona la trayectoria del científico Raúl Cuero y quién es su autor.

Rodrigo Bernal, doctor en Ciencias del Instituto de Biología de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, investigó la trayectoria del científico Raúl Cuero. / Luis Ángel - El Espectador

Hasta el jueves pasado, el nombre Rodrigo Bernal sólo era recurrente en pequeños círculos de científicos, profesores, botánicos y aficionados a las palmas.

En general, la vida y obra de muchos colombianos que dedican años al estudio de la naturaleza apenas se registran en catálogos de fauna y flora, sin la repercusión que merecen en otros ámbitos de la sociedad. 

Pero ese día los usuarios de redes sociales y los medios de comunicación nacional reprodujeron decenas, cientos de veces, aquel nombre y apellido.

¿La razón? El Espectador dedicó tres páginas a una investigación que Bernal, citado al final de su artículo como exprofesor de la Universidad Nacional, desarrolló enumerando, argumentando y confrontando las inconsistencias en la trayectoria del científico Raúl Cuero.

El dudoso ídolo de Cuero”, como titulaba su trabajo, mostró, por ejemplo, que el personaje en cuestión no trabaja en la Agencia Espacial de Estados Unidos, como lo expuso durante encuentros con periodistas y en su primera autobiografía “De Buenaventura a la NASA”, y que la Medalla de la Orden Simón Bolívar, Título de Caballero, que según su página web le fue concedida por el Congreso de Colombia el 21 de mayo de 2004, tampoco existe.

El boom nacional que despertaron las afirmaciones fue tan fortuito como su misma procedencia. (Lea también No he sido deshonesto: Raúl Cuero)

Hace dos años, inquieto por descubrir el trabajo de quien los medios calificaban como “referente de la ciencia en Colombia”, Rodrigo Bernal se aventuró a conocerlo.  (Lea: Pirry se defiende por críticas en caso 'Raúl Cuero')

En su búsqueda encontró a un hombre cuyo perfil no encajaba con la figura estándar de científico: pocos artículos en revistas especializadas, un discurso débil en su área de conocimiento e inconsistencias en su lista de galardones. En fin, el Raúl Cuero de los titulares de prensa terminó por desilusionar a Rodrigo Bernal. 

El temor a las críticas de quienes, con justa razón, tenían argumentos para admirar a Raúl Cuero y sus logros lo llevaron a cerrar el caso que lo mantuvo intrigado por meses y a archivar el manuscrito donde reunía todas las pruebas. (Lea: Verdad y mentira en la ciencia)

 Finalmente, creía, una pesquisa de ese tipo era tarea de periodistas, no de agrónomos, ni de botánicos, ni de catedráticos, ni de expertos en palmas. No era tarea de Rodrigo Bernal. (Lea: Nuestros ídolos)

Entonces continuó con la rutina científica que lleva desde hace tres décadas: estudiar día y noche la enorme variedad de plantas que posee el país.

Con este mérito, El Espectador lo contactó hace unas semanas. Bernal y otra investigadora, María José Sanín, habían culminado un estudio sobre la posible extinción de la palma de cera del Quindío, el árbol nacional de Colombia, en el valle de Cocora.

El artículo “El fin anunciado de la palma de cera” deja en evidencia que el histórico establecimiento de potreros en esta zona del Eje Cafetero conducirá a que más de la mitad de las palmas de cera del lugar mueran en el transcurso de los próximos 47 años sin dejar reemplazo.

El 21 de octubre, justo el día de publicación de este reporte, en El Tiempo apareció una entrevista de la periodista María Isabel Rueda al científico Raúl Cuero, en la que, entre otras cosas, se plantea la pregunta de si el vallecaucano aspira alguna vez a ganarse el Premio Nobel.

“Indignado”, así cuenta Bernal que se sintió. Por eso, y “con la excusa de darles la oportunidad a los medios de ver otra cara del asunto”, recobró el valor de hace un año, actualizó los datos y publicó.

Para los que se preguntan quién reveló en un artículo la auténtica dimensión del trabajo de Raúl Cuero y para aquellos que dudan de las cualidades como científico del autor de éste, Rodrigo Bernal responde con franqueza.

“Nací en Medellín en 1959. Soy agrónomo de profesión y botánico por vocación. Estando en segundo semestre de la Universidad Nacional atravesé a pie las selvas de la cordillera Occidental desde Chocó hasta el Valle. Allí escuché cómo el contacto de la brisa con cientos de palmas producía en cada una un sonido distinto. Ese concierto que me regaló la naturaleza, esa experiencia sensorial tan fuerte, me hizo replantear mi carrera. Entonces decidí que lo mío no era cultivar plantas, sino estudiar la flora silvestre del país. 

Elegí las palmas como mi objeto de estudio y a medida que pasaba el tiempo me di cuenta de que había descubierto una gallina de los huevos de oro: se trataba de la familia de plantas más útiles para los humanos y era tan poco conocida, que cuando comencé a estudiarlas me percaté de que en las montañas que rodean a Medellín había palmas de cera del Quindío por todas partes y nadie lo había notado.

En 1996 me hice doctor en Ciencias del Instituto de Biología de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, donde la investigación sobre plantas tropicales es extensísima.  (Lea: "El promedio de publicación de un científico es 10 artículos por año")

En ese entonces, desde 1984 y hasta 2007, fui profesor asociado del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional. Allí impartí cursos en sistemática vegetal, florística, nomenclatura botánica y seminarios de investigación, y dirigí 20 tesis del pregrado y 6 tesis de maestría y doctorado.

La verdad, me cansé de Bogotá. Del gentío, de la contaminación, de vivir en ciudad. Por eso renuncié a la universidad y me fui a una finca en Montenegro, Quindío, donde vivo tranquilo, estoy cerca del valle de Cocora y puedo estudiar una gran colección de palmas que poseo. 

De vez en cuando regreso a compromisos en la capital, pero no hay nada más agradable que vivir en el campo, sin televisor, apenas con la musiquita de los pájaros. (Lea: Programa del Gobierno sale en defensa del profesor Cuero)

Para los que preguntan cuál es mi historial como investigador, les contesto con claridad: he publicado cinco libros, 77 artículos científicos y capítulos de libros, he presentado 76 conferencias y posters en reuniones científicas en varios países, la mayoría de ellos sobre la taxonomía, ecología y conservación de palmas, y he descubierto 32 especies y un género de plantas nuevo para la ciencia”, concluye.

 Sus afirmaciones las soporta Alberto Gómez Mejía, presidente de la Red Nacional de Jardines Botánicos, quien destaca el liderazgo de Bernal en la construcción por más de 15 años del Catálogo de las plantas de Colombia, obra que vincula a 171 botánicos de 19 países y que reunirá, por primera vez en la historia del país, información sobre todas las plantas que crecen en Colombia (más de 27.000), lo que convierten a esta nación en la segunda más biodiversa en plantas, después de Brasil.

“Esto será fundamental para emprender acciones contundentes de conservación. Cuando esté listo, el próximo año, tendremos información para soportar el ordenamiento territorial del país y ejercer control y vigilancia sobre nuevas áreas protegidas”, agregó Gómez.

De otro lado, Carolina Murcia, colombiana y directora científica de la Organización para Estudios Tropicales, menciona que conoció a Rodrigo Bernal mientras hacía una pasantía en el Jardín Botánico de Missouri (MoBot) de St. Louis, Estados Unidos, donde, según cuenta, “es reconocido como un investigador serio y riguroso”. (Lea: El itinerario mercantil de Raúl Cuero)

Su contribución como botánico, explica, es dar información sobre los recursos naturales del país: “No podemos valorar ni conservar lo que no conocemos, por eso un problema serio que tiene el manejo de la fauna y flora  del país es que no tenemos suficiente información sobre la diversidad de especies, dónde se encuentran, qué tan ampliamente están distribuidas y cómo se relacionan las especies entre sí”.

Murcia, asombrada por el debate que suscitó su colega con el artículo, dice: “Sólo queda por decir que uno de los valores más importantes de un científico es su credibilidad. Vale más que el número de productos que haya elaborado, y sólo se gana con trabajo serio, no con periódico ni publicidad”.

Científicos respaldan a Rodrigo Bernal 

(Lea el artículo completo: Científicos respaldan a Rodrigo Bernal, quien 'desenmascaró' a Raúl Cuero)

"Quiero manifestar mi respaldo al valeroso trabajo del doctor Berna. Digo que es valeroso porque exponerse en público para decir una verdad que duele no es fácil”:  Carolina Murcia, Ph.D. y directora Científica de la Organization for Tropical Studies (OTS).

Rodrigo publicó lo que muchos de nosotros ya sabíamos o intuíamos, por lo cual le "estoy muy agradecida como científica y como colombiana”: Alejandra Vasco, Ph.D. Investigadora Posdoctoral del Jardín Botánico de Nueva York.

El paso por la U. Nacional me enseñó a ser crítica, y lo que veo es que mientras. Bernal expone un argumento claro, Cuero responde con un tipo de falacia argumentativa que se conoce como ‘ataque al oponente’": Gabriela Navarrete Forero, bióloga de la Unal y actualmente estudiante de Ecología Acuática en la Universidad de Bremen, Alemania.

En el medio científico como en el periodístico es legítimo dudar. El indagar para encontrar respuestas siempre será válido. No creo que este tema tenga que ver con envidia o racismo, como algunos sectores de la opinión pública sugieren”: Jorge R. Urrego-Blanco, candidato a doctor en Physical Oceanography Dalhousie en la Universidad Halifax (Canadá).

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