El monstruo dormido de Segovia

El uso de mercurio en la minería hizo de esta región la más contaminada del mundo en 2009. Hoy intenta revertir el mal, que según expertos podría causar tragedias en 20 ó 30 años.

Desde pequeños, los niños están expuestos a los efectos del mercurio, ya que se inician temprano en la minería. / Jesús Olivero
Desde pequeños, los niños están expuestos a los efectos del mercurio, ya que se inician temprano en la minería. / Jesús Olivero

“El mercurio se consigue por kilos o por onzas en Medellín y se trae a Segovia y a Remedios en un carro. Después de sacar el oro de la tierra o de las quebradas, se mezcla con el mercurio, se lava, se quema a fuego lento y luego se evapora. El oro se manda a Medellín para que lo purifiquen, pero el mercurio nos queda en las manos, en la sangre, en el aire y en el agua”.

Pedro Luis Atehortúa tiene 59 años y desde hace veinte se dedica a la minería en Segovia, al nordeste de Antioquia. Su pueblo tiene una tradición minera de dos siglos, desde que llegaron esclavos negros traídos de Cartagena y Santa Marta, indígenas tahamíes despojados de sus tierras y ocupados en labores de minería, e inmigrantes maravillados con el tesoro escondido bajo esta región, quienes después fundarían una de las compañías mineras más antiguas de Suramérica, la Frontino Gold Mine, que todavía funciona y tiene la mayoría de concesiones en el municipio.

Según Atehortúa, aparte de la minería, “en Segovia no hay nada más para hacer”, por eso no se imagina dedicado a otro oficio, incluso si su salud está en juego. Después de manipular por cinco años mercurio con guantes y tapabocas, poco a poco empezó a sentirse débil, le dolían los huesos, la cabeza, vomitaba y su visión no funcionaba igual que antes. De acuerdo a un estudio realizado por la Onudi (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industria), realizado en diciembre del año pasado, Pedro Luis y otras 50 personas del municipio elegidas aleatoriamente están intoxicadas con mercurio, es decir, los niveles del metal en su orina superan los 35 microgramos.

Además de síntomas de malestar, Pedro Luis sufre de temblores, caída de las uñas y del pelo y pérdida de memoria. Los síntomas coinciden con los que la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de Estados Unidos ha declarado como derivados de la exposición al mercurio, a los cuales se suman daño cerebral, malformaciones y problemas de riñón (en Segovia se han tenido que hacer 15 trasplantes en los últimos tres años, según la Onudi).

En 2009, Naciones Unidas alertó que la zona entre Segovia y Remedios era la tercera más contaminada del mundo por el mal uso de mercurio, cromo y cianuro, principalmente en la minería (se calculaba que había emisiones de 180 toneladas de mercurio al año en la región). Según Oseas García, investigador de la Onudi, la presencia prolongada de mineras y el uso histórico del mercurio son los principales responsables. Sin embargo, el organismo internacional y la Gobernación de Antioquia emprendieron en 2009 un proyecto para mitigar los efectos del nocivo metal. Así, con programas de prevención y educación lograron cambiar el sombrío panorama: en las calles de Segovia se pasó de 13,6 microgramos de mercurio por metro cúbico en el aire en 2010, a 2,85 en noviembre de 2012.

Pese a la leve mejoría, la problemática del municipio empeora con las graves condiciones humanitarias. De acuerdo a un reciente informe de la Defensoría del Pueblo sobre la zona, la población convive por la contienda entre los grupos armados ilegales denominados Urabeños y Rastrojos, que se disputan el control territorial para extraer oro y amenazan a quienes se opongan a la minería. Para Hambler André, personero de Remedios, en los siete años transcurridos desde que llegaron las llamadas bandas criminales, la minería ilegal se intensificó 300% en la zona. “Se nos salió de control. El Gobierno no ha tenido una respuesta inmediata y hay 100 retroexcavadoras sin permiso de extraer recursos que nos están desviando los ríos”, asegura. A esto se suma que, según Freddy Ordóñez, investigador del Ilsa (Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos), “la subregión, a pesar de ser determinante en la producción departamental y nacional de oro, presenta contradicciones entre la riqueza de la tierra y las condiciones de vida de los pobladores”, de los cuales un 38,9% vive en la pobreza y un 45,1% en la miseria.

La salud de estos habitantes tampoco tiene un futuro prometedor. Oseas García dice que, de acuerdo a sus investigaciones, el 90% de la población todavía no percibe los efectos a largo plazo. “Por lo pronto, el monstruo del mercurio está dormido, pero ese enemigo silencioso, que no se puede descomponer y se queda por siempre en el cuerpo, en el agua y en la atmósfera, podría generar tragedias ambientales y en salud en 20 o 30 años”, concluye.

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El plan contra el mercurio

Controversia por estudio sobre atún contaminado