El Nobel que eligió la eutanasia

Christian de Duve, reconocido por sus investigaciones sobre funcionamiento y estructura celular, falleció este sábado.

Christian de Duve, Nobel de Medicina en 1974, eligió la eutanasia para morir. / AFP
Christian de Duve, Nobel de Medicina en 1974, eligió la eutanasia para morir. / AFP

A los 95 años, Christian de Duve, el belga que recibió en 1974 el Nobel de Medicina por revelar la estructura y el funcionamiento de la célula, eligió la eutanasia para morir.

El sábado pasado dijo adiós a su familia, rechazó tomar calmantes y, según le contó su hija Françoise al diario belga Le Soir, sonrió y se fue en medio de una gran placidez. Para el primer ministro de Bélgica, Elio di Rupo, De Duve fue un científico “excepcional, cuyo trabajo ha supuesto grandes avances para la medicina” y un hombre “comprometido, que estaba ansioso por contribuir con el progreso humano”, según expresó en un comunicado público.

La muerte de un personaje como De Duve, quien además fue presidente fundador de los premios L’Oréal-Unesco para el reconocimiento de mujeres científicas, sienta un importante precedente frente a la legislación que se adelanta en países como Colombia con respecto a la eutanasia. Aunque el Congreso no la ha regulado, en 1997 la Corte Constitucional dictaminó que el homicidio eutanásico o por piedad, sin el consentimiento expreso del individuo, no se considera un delito, siempre y cuando lo practique un médico.

A propósito de la noticia del Nobel, Juan Mendoza, presidente de la Asociación Derecho a Morir Libremente, considera que “cada persona es dueña de su vida y por eso cada quien debe decidir cuándo morir si está sufriendo de una manera que no se puede curar de otro modo”.

Por su parte, el secretario adjunto de la Conferencia Episcopal de Colombia, padre Pedro Mercado Cepeda, rechaza que se quiera aprobar la eutanasia en el país: “Ninguna circunstancia puede convertir en legalmente aceptable el hecho de causar, intencionalmente, la muerte a un ser humano. El derecho a la vida es constitucionalmente inviolable”. Según el sacerdote, cualquier persona “reacciona con natural aversión a padecer una muerte en condiciones de particular dolor o sufrimiento. Hasta su término natural, la vida es un bien que debe ser amparado por el Estado”.

Después de Holanda, Bélgica fue el segundo país en aprobar una ley de “muerte digna”. En mayo de 2002 logró sortear la oposición de la Iglesia y defender la eutanasia con algunas condiciones: que el paciente sea mayor de edad, capaz y consciente de expresar su deseo y que haya dejado por escrito, cinco años antes, un documento de “voluntades anticipadas”. El enfermo también debe padecer sufrimientos físicos o psíquicos constantes que no tengan cura y que sean resultado de una patología grave e incurable, como le ocurrió al científico fallecido, quien en los últimos meses vio su salud deteriorarse de manera irreversible.

Lo cierto es que pocos países tienen reglamentación sobre la eutanasia: Holanda, Bélgica, Luxemburgo fueron los primeros; después los siguieron tres estados de EE.UU., Suiza y recientemente Argentina, pero, según concluye Juan Mendoza, “ya es hora de que reconozcamos que las personas debemos poder elegir ese final”.

 

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