El Premio Nobel que llegó tres días tarde

Cuando los delegados anunciaron los nombres de los galardonados, se enteraron de que uno de ellos, Ralph Steinman, había fallecido.

Ayer, cuando el comité del Instituto Karolinska en Suecia puso en marcha el rígido protocolo que se debe seguir para anunciar un Premio Nobel, como el de Fisiología o Medicina, descubrió que un detalle se había escapado de su control: uno de los galardonados había fallecido tres días atrás.

Quienes durante más de un siglo han interpretado el testamento y última voluntad de Alfred Bernhard Nobel, sabían bien que una de las condiciones para otorgar el Premio es que el ganador esté vivo. Con una excepción: que ocurra un desafortunado incidente entre el anuncio del premio y su entrega.

No era el caso del biólogo canadiense. Así que durante varias horas el suceso provocó confusión. Finalmente, en un breve y discreto comunicado, la Fundación Nobel zanjó el problema diciendo que se mantenía en la decisión de premiar al estadounidense Bruce A. Beutler, al francés Jules A. Hoffmann y al canadiense Ralph M. Steinman porque revolucionaron nuestra comprensión del sistema inmunitario.

Los primeros descubrieron los mecanismos que ponen en marcha la primera línea de defensas de nuestro cuerpo, conocida como inmunidad innata. El tercero, en 1973, descubrió las células dendríticas del sistema inmunológico. Una especie de guardianas que alertan sobre la presencia de un intruso y ponen en marcha la segunda línea de defensa (inmunidad adaptativa).

Carrera contra el cáncer
Steinman falleció por culpa de un cáncer de páncreas. Curiosamente, el experto confiaba en que los descubrimientos que había hecho tres décadas atrás en el campo de la inmunología le ayudarían a ganar la batalla contra el tumor que crecía en su abdomen.

Sus aportes abrieron un prolífico campo de investigación: terapias para activarlas ante un ataque de algún microorganismo o de nuestras propias células fuera de control.

Como lo advirtió Beutler en la entrevista telefónica que le hizo ayer en la madrugada el director de comunicaciones de los Nobel, lo más prometedor de sus descubrimientos y los de sus dos colegas es que se creen nuevas terapias contra enfermedades como la artritis, el lupus, quizás el sida y el cáncer.

Steinman, según lo reveló un comunicado de la Universidad Rockefeller donde trabajaba, había tomado la decisión de probar en su propio organismo una terapia inmunológica basada en la activación de las células dendríticas. Fue cuestión de tiempo para que recibiera el Nobel que seguramente anhelaba y ganara la batalla al cáncer.

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