El sueño de tocar el mundo digital

Hiroshi Ishii, director del Media Lab en el MIT, trabaja para que desaparezcan las barreras entre el mundo físico y el mundo virtual.

Hiro shi Ishii, director del Media Lab, juega junto a su hija con uno de los prototipos en los que se mezclan objetos físicos con información digital.
Hiro shi Ishii, director del Media Lab, juega junto a su hija con uno de los prototipos en los que se mezclan objetos físicos con información digital.

Cuando Hiroshi Ishii, el ingeniero japonés que dirige el Media Lab en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, entró a la sala en que lo esperaba y me saludó, entendí que no estaba en una situación favorable. Luego de un año en Estados Unidos mi inglés había mejorado y me creía listo para enfrentar casi cualquier entrevista. Pero estaba equivocado. Me hacía falta una prueba de fuego: entrevistar a un japonés.

Apenas lograba pescar unas pocas palabras entre esas primeras frases en inglés cargadas de un fuerte acento nipón. Confíe entonces en mi grabadora, en que no notaría mi incomprensión y en que algún amigo sería capaz de traducir luego sus respuestas.

No mejoró mucho mi situación cuando lancé la primera pregunta. Quería saber qué diferencias veía Ishii entre la cultura de innovación en Japón, donde trabajó en los años ochenta como ingeniero, y la de los Estados Unidos.

Para una mente organizada y matemática como la de él, esa era una pregunta demasiado imprecisa. Sus modales amables no fueron suficientes para ocultar su molestia ante la vaguedad de la pregunta y se limitó a mencionar una sola diferencia: que mientras en Japón la mayoría de organizaciones dedicadas a desarrollar nuevas tecnologías buscan ser consistentes en el tiempo y aumentar su capacidad creadora progresivamente, la filosofía en el Media Lab del MIT consiste en ser revolucionarios, en pensar siempre de forma diferente.

Para escapar de allí volví la vista a mi libreta de apuntes y el panorama no era muy alentador: todas mis preguntas eran generalidades sobre su trabajo. ¿No es difícil dirigir tanta gente tan brillante y de especialidades tan distintas, desde artes hasta ciencias de la computación? Una vez más Ishii fue breve: “Tienes que reinventarte continuamente. Eso es lo más difícil. El éxito es peligroso porque la gente deja de pensar críticamente”.

Le pedí que explicara qué era aquello de “átomos radicales”, palabras con las que describe el trabajo en que está enfocado su grupo de investigación. “Tenemos una visión del futuro que llamamos átomos radicales”, respondió, “personalmente no estoy muy contento con la forma como interactuamos con el mundo digital, porque son diseños incorpóreos, son formas abstractas y complejas”.

“¿Tiene una llave con usted?”, me preguntó. Pero antes de sacar la que llevaba en el bolsillo Ishii continuó con su explicación.

“Usted sabe de la existencia de esa llave porque la puede sentir en la piel, con sus dedos. ¿Pero usted sabe cuántas claves de seguridad tiene, sabe dónde están sus llaves digitales, sabe cuándo alguien se las roba? Lo que hacemos aquí es tratar de combinar el mundo digital y el mundo físico”.

Los problemas de comunicación entre los dos desaparecieron cuando nos paramos de la mesa y comenzamos a caminar por su laboratorio, o mejor, por su taller. En medio de escritorios y mesas de trabajo están exhibidos algunos de los proyectos que ha desarrollado junto con sus estudiantes. Ya no fueron necesarias las palabras para entender la visión que tiene este japonés sobre el futuro de la tecnología. Un futuro en el que el mundo digital escapará de las pantallas y las redes para incorporarse y fusionarse con objetos reales.

Primero me dejó jugar unos cuantos segundos con Sandscape, una especie de arena artificial que uno puede moldear con sus propias manos, colocar objetos sobre ella, mientras una cámara registra los cambios y los convierte en imágenes digitales. Un juguete ideal para arquitectos.

Pasamos al lado de Recompose, una superficie formada por pequeños cuadrantes que suben y bajan de acuerdo a los movimientos que uno haga con las manos en el aire. Sobre una mesa estaba un pincel “mágico” que al apuntarse a cualquier objeto real es capaz de copiar el color de ese objeto para luego dibujar sobre una pantalla táctil.

Así es como Ishii sueña que sea el mundo en unos cuantos años. Un mundo en el que lo digital y lo real finalmente se fusionen en objetos con los que todos interactuemos de formas cada vez más sencillas.

 

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