El universo con un pie en el acelerador

¿Cuál es el destino que le espera al universo? ¿Colapsar y convertirse en una gran bola de fuego en la que se reúne toda la materia y la energía? ¿O por el contrario tarde o temprano será un lugar gélido, donde cada estrella ocupará un lugar inalcanzable?

Si tienen razón los tres astrónomos galardonados con el Premio Nobel de Física este año, Adam Riess, Saul Perlmutter y Brian Schmidt, la respuesta correcta es la segunda: vivimos en un universo que desde hace 14 mil millones de años tiene el pie puesto en el acelerador y no ha hecho otra cosa que expandirse y expandirse.

Parapetados detrás de telescopios poderosos, supercomputadores y delicados sensores para fotografiar el espacio, los astrónomos americanos se dieron a la tarea en los noventa de buscar las pistas necesarias para demostrar qué dirección estaba tomando el universo. El asunto se convirtió en una carrera de observación entre dos equipos: uno comandado por Perlmutter desde el Lawrence Berkeley National Laboratory en California, y el otro por Schmidt y Riess de la Universidad Nacional de Australia y el Space Telescope Science Institute de Baltimore.

Ambos equipos utilizaron un método similar consistente en estudiar unas 50 supernovas. Estas estrellas, tan pequeñas como la Tierra pero tan pesadas como el Sol, en su proceso de explosión son capaces de emitir tanta luz como una galaxia entera. Comparando la luz que producen con la distancia a la que se encuentran, cada equipo por su lado llegó a la misma conclusión en 1998. Como lo insinuó Albert Einstein en 1915 cuando formuló la Teoría General de la Relatividad, el universo no es estático.

“Todo lo conocido en el espacio se originó con el Big Bang”, explicó Juan Manuel Tejeiro del Observatorio Astronómico de la U. Nacional a Unimedios, y la aceleración a la que se expande nuestro universo se debe “a la energía oscura, que constituye más del 70% del universo. Pero aún no conocemos ni su naturaleza ni sus características”. Ese es el gran misterio que las próximas generaciones de astrónomos y físicos tendrán que desentrañar.

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