Escuelas, rajadas en acceso a baños y agua potable

Los países centroamericanos tienen los peores indicadores en infraestructura escolar, lo que está directamente relacionado con el desempeño de sus estudiantes. Colombia estuvo en la media.

¿Tiene alguna relación el rendimiento académico de un estudiante con las instalaciones físicas de la escuela a la que asiste? Un ‘sí’ contundente es la respuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que acaba de revelar los resultados de un estudio en el que midió la relación entre infraestructura y aprendizaje en las escuelas de educación básica de América Latina. La conclusión: quienes asisten a instituciones con buenas condiciones de infraestructura superan por varios puntos porcentuales los rendimientos de estudiantes en edificios de calidad inferior.

En la región el peor panorama lo presentan los países de Centroamérica (exceptuando Costa Rica), República Dominicana, Paraguay y Ecuador. Al otro lado de la balanza, con los mejores escenarios, se ubicaron Chile, Argentina y Uruguay. ¿Y Colombia? El informe señala que aunque el país obtuvo unos puntajes medios en la mayoría de las variables estudiadas (servicios públicos, áreas de esparcimiento y aprendizaje) “más del 70% de las escuelas en el país reporta déficit de baños para los alumnos”.

Si por regiones ya se ve una marcada diferencia, la brecha es aún mayor cuando se hace el análisis entre las instituciones urbanas y rurales, y entre las públicas y privadas. Por ejemplo: mientras el 81% de las escuelas urbanas privadas tienen sala de computadores, menos del 13% de las rurales cuentan con ella; así mismo, mientras casi todas las escuelas urbanas y privadas tienen acceso a agua potable, electricidad y teléfono, sólo el 65% de las rurales tienen agua potable, 80% electricidad y 17% conexión telefónica.

Jesús Duarte, especialista principal de educación del BID, resaltó que si bien los gobiernos latinoamericanos le han prestado especial atención a la ampliación de la cobertura escolar y han tenido éxito en esta tarea, tienen ahora el deber de enfocarse en “las edificaciones de esas escuelas y en los recursos físicos que éstas tienen para mejorar los aprendizajes. Allí hay muchos esfuerzos aún por hacer”.

El estudio, que tuvo en cuenta a 200.000 alumnos de tercer a sexto grado en 3.000 escuelas de 16 países de la región, arrojó conclusiones como estas: cerca de 88% de las escuelas no tienen laboratorios de ciencias, 73% no tienen comedor, 65% no poseen salas de computadores, 63% no cuentan con espacios de reuniones ni oficinas para los profesores, 40% no tienen biblioteca y 35% ningún espacio para deportes.

Y hay conclusiones más alarmantes: una de cada cinco escuelas no tiene acceso a agua potable y dos de cada cinco no tienen desagüe sanitario; un poco más de la mitad no tienen línea telefónica y un tercio tiene insuficiencias en el número de baños; uno de cada 10 establecimientos escolares no tiene electricidad.

Si el panorama se mide por países podría concluirse que: en Colombia hay “rezagos importantes” en el acceso al agua potable, al igual que en casi todos los países centroamericanos (menos Costa Rica), Perú, Ecuador y Paraguay. Cuba y Chile son líderes en la implementación de tecnología (más de 90% de las escuelas tienen salas de cómputos). Colombia, Perú y Ecuador, lideran las naciones con déficit de baños para los alumnos. Sólo en Argentina (una de cada tres escuelas) y Chile (una de cada cinco) hay fuerte presencia de salas de arte o música.

Según la concejal de Bogotá Martha Ordóñez, quien lleva meses estudiando esta problemática en la capital, los resultados del BID son fieles a nuestras realidad. “Las carencias en la infraestructura de las escuelas fueron uno de los argumentos que los padres dieron el año pasado para argumentar la cifra de deserción en Bogotá, que llegó a 35.800 menores. Una parte importante de la calidad de vida es que las escuelas provean lo mínimo: buena iluminación, que los espacios estén bien oxigenados, servicios de baños suficientes... es lo que exige la ley”.

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