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Gestando lectores

Durante dos años un grupo de fonoaudiólogos han estudiado la mejor manera para fomentar la lectura en los niños. Finalmente establecieron una rutina que comienza desde las 24 semanas de embarazo.

Al año, en promedio, un colombiano lee 1,3 libros y, si los planes del Gobierno se cumplen, para 2014 esa cifra habrá llegado a 2,6. La inversión que se realizará para este fin, unos $6.500 millones, incluye la capacitación de 30 mil docentes como “gestores culturales”, quienes tendrán como misión estimular entre los niños el hábito de la lectura. Con esa mismo objetivo, el de “gestar lectores”, ha trabajado durante más de dos años un grupo de docentes en fonoaudiología de la Universidad Manuela Beltrán de Bogotá. Su proyecto nació luego de realizar un diagnóstico de lecturabilidad entre niños hasta de quinto de primaria y encontrar que a estas edades la lectura, más que un hábito, es una actividad impuesta, aburrida y monótona.

Entonces empezó un trabajo investigativo con madres gestantes, que concluyó con el planteamiento de una rutina para “gestar lectores” y que comienza a las 24 semanas de embarazo. La fonoaudióloga Jacqueline Díaz Camacho lo explica así: “A las 24 semanas el niño ya está preparado auditivamente para recibir estímulos con una mediana intensidad. La recomendación es empezar desde ese momento las actividades de lectura con cuentos cortos y llamativos; se les recomienda a los papás que manejen la melodía de la voz y la acentuación de las palabras, que cambien de tonalidad dependiendo de los personajes y que lo hagan en un horario establecido, preferiblemente antes de dormir".

La idea es seguir esta misma rutina hasta que el bebé haya cumplido seis meses de nacido. “A partir de ese momento —explica Díaz— el niño ya empieza a explorar, a observar en un espacio más amplio y para eso se sugieren los libros de diferentes texturas, de tela, con sonidos, con imágenes llamativas y poco texto. Se empieza a trabajar el enriquecimiento del vocabulario”.

Y esta misma estrategia se seguirá hasta los 18 meses, momento en el que el niño ya tiene un desarrollo del lenguaje más avanzado y sus períodos de atención son mayores. “Para entonces la idea no es sólo leer el cuento, sino irle enseñando al niño qué es lo que está viendo, cómo se llaman los personajes y los objetos, de qué color son y, si hay animales, qué sonidos hacen”. Entre los 24 y los 36 meses vendrán textos más largos y preguntas más frecuentes de los niños. Ya ellos mismos empezarán a elegir qué quieren leer. Para esta etapa Díaz asegura que lo más saludable es que las bibliotecas estén al alcance de los pequeños y que la lectura sea una actividad compartida con los padres.

Este mismo proceso ha seguido Jacqueline Díaz con su hijo. De su experiencia, y las de otras madres del grupo de investigación, se creó esta metodología que, según ella, forma niños más atentos, con un mejor desempeño en las escuelas, con un lenguaje más amplío y fluido.