Holandesas buscan a su madre colombiana

Tras 17 años de investigación, Fiona Teggatz y Kim Nijland intentan hallar a su madre biológica para que sepa que viven bien y que no le guardan rencor.?

Kim Nijland y Fiona Teggatz, antes y después de conocerse. /Cortesía Fiona Teggatz

Los amigos les dicen que sus ojos oscuros resaltan el lazo de consanguinidad que mantienen y del que supieron hace un poco más de un año. Fiona Teggatz y Kim Nijland tienen 38 años de edad y viven en Holanda, sin embargo nacieron en Colombia y fueron entregadas en adopción a diferentes familias de esa nación cuando apenas tenían unos meses de vida.

Dos actas de nacimiento son los únicos datos que tienen sobre su origen. El nombre de la madre: María Olga Sandoval Rangel. El del padre, no aparece. Según los documentos Fiona nació el 15 de mayo de 1976 y fue registrada como Piedad Jácome, mientras que Kim llegó al mundo el 23 de noviembre del mismo año bajo el nombre de Juanita Sandoval. Ambas dudan de la veracidad de las actas pues la información está escrita a mano y es imposible que entre sí se lleven seis meses de diferencia si se tiene en cuenta que la madre biológica es la misma.

El tema de la adopción lo han tomado con naturalidad. Desde que eran niñas sus padres les contaron la verdad y, aunque en principio fue difícil, las han acompañado en todo el proceso de búsqueda de la madre adoptiva. Una tarea que hasta el momento no ha arrojado ningún resultado trascendental. "Nuestros padres están contentos porque quieren lo mejor para nosotras, por eso nos apoyan para que busquemos nuestras raíces en Colombia", dijo Fiona en entrevista con?El Espectador.

La niñez de las dos mujeres fue feliz, desde que llegaron a Holanda sus padres adoptivos se dedicaron a cuidarlas, especialmente a Kim, quien padecía desnutrición. Por su parte, Fiona creció con otra colombiana adoptada, quien actualmente tiene 40 años y a diferencia de ellas no tiene quiere conocer el paradero de su familia de sangre.?

A Fiona Teggatz se le despertó el interés por encontrar a su madre natural cuando tenía 20 años. Asegura que fue "por curiosidad" y por eso, en 2005, viajó esperanzada a Colombia para reencontrarse con su pasado. Indagó en la Notaría 20 de Bogotá, en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y en el orfanato Fana. No hubo novedad. Similar fue la situación de Kim, quien llegó a Colombia por cuestiones laborales, inició las pesquisas y no encontró nada.

Durante su viaje a Bogotá y por cuestiones del destino Fiona conoció a Manuel Teodoro, presentador del programa de televisión Séptimo Día. Le contó su historia, y en 2012 el comunicador la publicó en su programa junto a otros casos de colombianos adoptados en el exterior. "Él hizo un documental precioso sobre la realidad de las adopciones, los desgarradores relatos de las madres y los hijos. Tuve la oportunidad de contar mi propia experiencia. Fue bonito y emotivo", recuerda Fiona.

Pese a que recibió llamadas de muchas personas que creían tener parentesco con ella, no obtuvo lo que esperaba. "Fue un periodo con muchas lágrimas, desesperanza y tensión".

Sin embargo Fiona no se dio por vencida. A través de varios medios de comunicación holandeses contó su historia y habló de su proceso de búsqueda. El resultado fue inesperado. En diciembre de 2013, una mujer que también había sido adoptada en el orfanato Fana la contactó. Así conoció a Kim con quien se reunió en varias oportunidades para tratar de encontrar pistas en su pasado conjunto. Luego de varias conversaciones decidieron practicarse una prueba de sangre y, para sorpresa de ambas, encontraron que existía un parentesco.

Kim asegura que fue muy extraño, después de 38 años, encontrarse con un familiar de sangre: "Era increíble tener una hermana. Ella cambió mi vida completamente. Yo no estaba interesada en buscar a mi madre pero siento que encontrarnos fue un milagro".

• Un mismo origen y un mismo objetivo

Cuando tenía 20 años Fiona creó, junto a otros dos colombianos, un grupo de adoptados en Holanda que buscaban a sus familias biológicas. "Organizamos encuentros culturales, campamentos y otras actividades. Es bueno tener ese sentimiento de saber que hay otros como yo". Y muchos han cumplido con su meta. Luego de llamadas, correos electrónicos y viajes, miembros de esa comunidad han conocido a sus padres biológicos. No obstante, otros como Kim y Fiona siguen esperando.

Actualmente ambas viven con sus esposos y tienen dos hijos. Fiona se dedica al trabajo social mientras que Kim dirige una fundación de arte y cultura. No han compartido mucho tiempo debido a sus ocupaciones y a que viven en ciudades diferentes, -una en Assen (a dos horas de Amsterdam) y otra en Bussum (a media hora de la capital de Países Bajos)-,pero ambas creen que hay “una relación especial".

En sus venas corre sangre colombiana, y es por eso que su forma de ser no se asemeja a la de sus padres. "No soy sobria como ellos, mis padres son más organizados y estructurados", sostiene Kim. Tanto ella como Fiona no han perdido la esperanza de encontrar a su madre, no para regresar a Colombia, no para hacer reclamos o reproches, sino para completar el rompecabezas de sus propias historias. "Soy muy emocional y sensible, sigo mucho mi intuición. Si me encontrara con ella, me dejaría llevar por el momento y lo viviría", confiesa Kim.

Por su parte Fiona asegura que su propósito es hallar la verdad y poder decirle a su madre natural que tanto ella como Kim son felices y que no le guardan rencor. "Lloraría porque han pasado muchos años, pero ninguna de las dos sentimos odio o resentimiento, simplemente queremos saber qué sucedió".


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@tatianamolinav

 

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