Hotel Amacayacu no va más

Debido a que la infraestructura está ubicada en una zona de alto riesgo y a que resultó bastante deteriorada luego de la temporada invernal, Parques Nacionales está liquidando el contrato de concesión y buscando soluciones para los visitantes.

Hace 10 meses que las puertas del Parque Nacional Amacayacu están cerradas para los turistas. Así permanecen desde el 29 de mayo de 2011, cuando las aguas de los ríos Amazonas y Amacayacu y de la quebrada Matamatá ocuparon el espacio de la infraestructura creada para hospedar a 51 visitantes.

Las lluvias no daban tregua y con el agua amenazando con tragarse las malocas, el restaurante y demás infraestructura, Parques Nacionales tuvo que suspender durante seis meses el contrato de concesión firmado desde 2005 con la Unión Temporal Concesión Amacayacu (conformada por Hoteles Decamerón, Aviatur S.A. y Cielos Abiertos Ltda.) para operar los servicios ecoturísticos del parque ubicado en pleno Amazonas.

Pasaron seis meses y el agua volvió a su cauce, pero era imposible restablecer el hospedaje. La huella de la inundación había dejado más que maderas húmedas: en este momento las pérdidas se calculan en $500 millones. Y aun si fueran invertidos, hay un problema mayor que impediría las visitas. De acuerdo con un estudio contratado por Parques Nacionales, el lugar, construido en la década de los 80 y que sólo en 2010 recibió a 14.800 visitantes, está ubicado en una zona de medio y alto riesgo de erosión.

Los efectos de la inundación sumados al riesgo dan como resultado para Parques Nacionales una razón suficiente para caducar el contrato de concesión de manera anticipada (inicialmente iba hasta junio de 2015). En este momento se encuentra en liquidación, como le dijo a este diario Julia Miranda, directora de Parques. En la década de los 80, cuando se construyó el lugar, nadie hizo un estudio de suelo que advirtiera sobre el riesgo.

Pero el asunto no es nuevo. Es más, en diciembre de 2011, antes de que ocurriera la inundación, la Unión Temporal Concesión Amacayacu le pidió a Miranda que analizara la posibilidad de cancelar el contrato, pues lo que comenzó como una grieta ya estaba tomando otras dimensiones. En ese momento Parques no encontró razones suficientes para terminar el contrato y se establecieron medidas de restricción, pero más del 90% de los servicios ecoturísticos seguían funcionando.

Otro fue el panorama luego de la inundación, pues no sólo deterioró el lugar, sino que dejó en evidencia que el riesgo era latente, como lo pudo confirmar después la consultoría contratada por Parques Nacionales.

Carlos Mario Tamayo, subdirector de Sostenibilidad y Negocios Ambientales de Parques Nacionales, explica que están buscando la mejor alternativa para que el Amacayacu pueda seguir recibiendo a los visitantes.

“Para definir una nueva alternativa tendremos en cuenta las directrices del Ministerio de Ambiente en cuanto a ecoturismo”. Tamayo se refiere a la propuesta que presentó el Ministerio a comienzos de febrero pasado y que busca transformar la manera en la que se ha hecho turismo en estos lugares.

Según la nueva política, “es necesario impulsar la futura instalación de infraestructura de servicios fuera de las áreas protegidas, buscando dinamizar el turismo sostenible, la economía de la zonas amortiguadoras y reducir los impactos negativos que ésta genera dentro de las áreas”. En estas zonas el único tipo de alojamiento permitido para pasar la noche serían “las carpas y hamaqueros ubicadas en zonas de alta densidad de uso”.

Como en este caso hay que reconstruir el hospedaje, Tamayo explica que una de las posibilidades es que la nueva infraestructura esté en los alrededores del parque, que actualmente tiene 293 mil hectáreas, y se presten servicios de pasadía para que los viajeros puedan visitar partes de la zona protegida durante el día. “Estamos buscando que el ecoturismo se fortalezca más como una actividad de conservación, de educación y sensibilización para el visitante”.

En cuanto a recursos, Parques dejará de percibir cerca de $80 millones al año. Los más afectados además de los visitantes son las comunidades indígenas cercanas al lugar, pues la actividad ecoturística había dinamizado su economía, no sólo por la venta de artesanías y productos para los visitantes, sino por que ofrecían guianzas turísticas y otros servicios (ver gráfico).

Según Iván Vanegas, gerente de la concesión, “estamos completamente de acuerdo, porque operar en esa esquina es un riesgo inminente. Resta que Parques determine qué va a hacer en ese punto, pero lo más sabio es correr la infraestructura”.

De acuerdo con Tamayo, en abril se sabrá qué va a pasar con el Amacayacu. Lo más probable, como él lo reconoce, es que los próximos visitantes de esta zona duerman en los alrededores.

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