Las lecciones del invierno pasado

Los temas que representan un mayor reto para atender las emergencias que se avecinan son la logística del transporte y la entrega de ayudas. La Guajira es el primer afectado.

El comienzo de la segunda temporada invernal del año ya dejó los primeros afectados: 4.000 familias de 24 barrios de Riohacha resultaron damnificadas luego de las fuertes lluvias del pasado fin de semana. Por la experiencia de principios de año la Cruz Roja tiene la certeza de que esta situación se replicará en todos los rincones del país, especialmente en esas zonas catalogadas de “alto riesgo”: el Valle del Cauca hacia Buenaventura, el sur del Cauca, Risaralda en la zona de La Virginia, Caldas, Tolima por la vía de la Línea y Cundinamarca, en el Magdalena Medio.

Precisamente previendo este escenario, desde ayer se dieron cita en Bogotá 12 directores de socorro de las principales seccionales de la Cruz Roja, con el objetivo de compartir sus experiencias en un taller titulado “Lecciones aprendidas durante la ola invernal”. César Urueña, director de Socorro Nacional de la Cruz Roja Colombiana, habló con El Espectador.

¿Cuáles fueron esas enseñanzas?
Tenemos unos retos muy grandes en cuanto a la logística para llegar a las zonas que presenten dificultades; aquí es indispensable la coordinación con el Ejército y la Policía. También nos estamos concentrando en el tema de los alojamientos inmediatos: ya tenemos dispuestos unos kit de carpas en ocho regiones estratégicas del país, para poder atender en las primeras 12 horas a las familias damnificadas; el reto es que estos alojamientos no sean los colegios ni las escuelas, porque estaríamos generando otro problema paralizando el estudio de los niños.

¿Qué falló a principios de año?
Hay que fortalecer el esquema de evaluación de los daños y necesidades. Para esto se requieren unos equipos especializados que rápidamente puedan tener un censo de afectaciones; hemos aprendido que no pueden ser sólo dos o tres organismos, sino que hay que sumar las experiencias de equipos preparados previamente. También tenemos que ser conscientes de que mientras haya familias viviendo en zonas de alto riesgo se va a presentar inevitablemente una emergencia, aquí se requiere un trabajo muy fuerte de las autoridades locales para que adelanten las evaluaciones preventivas.

Y qué, ¿sí funcionó?
Tenemos un buen balance de las salas de crisis y los puestos demando unificado que coordinan cada departamento y que reúnen a los representantes de cada uno de los organismos de socorro y de las autoridades locales.

¿Se va a revisar la entrega de ayudas a los damnificados, en la que se encontraron tantas irregularidades?
Las colectas que se hicieron a comienzos de año para recaudar recursos y ayudas cumplieron con su cometido, pero sólo se debería hacer una nueva convocatoria cuando se hayan agotado todos los recursos. Y específicamente en el proceso de entrega, las dificultades se pudieron presentar porque algunos sectores que estaban manejando las ayudas no tenían la experiencia suficiente para enfrentar un desastre de esta magnitud. En el caso de la Cruz Roja, nuestra estrategia es entregar las ayudas directamente a los damnificados, no acudimos a terceras personas ni a alcaldías ni a gobernaciones.

¿Con cuánto personal dispone la Cruz Roja?
Tenemos 60.000 voluntarios y empleados que se encuentran en estado de alerta. Estamos trabajando mucho en la prevención y preparación, y para ello creamos una estrategia en cien comunidades de alto riesgo, a las cuales estamos formando en tres puntos: primero, en que ellos mismos hagan el monitoreo de los niveles de los ríos; segundo, en que acudan a medios sencillos, como el uso de pitos o campanas, para alertar tempranamente cuando haya subido el nivel; y tercero, en que tengan planeadas unas zonas de evacuación segura. El mensaje final es que las comunidades sí se pueden organizar para prevenir una situación de desastre, que no tenemos que esperar a que ocurra para actuar.

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