Los Nobel de los asuntos "banales"

Un estudio que demuestra que las tortugas rojas no se contagian de los bostezos y otro que afirma que es mejor orinar antes de tomar una decisión fueron premiados. Más que una broma.

Si tiene que cerrar un trato o invertir su dinero, hágalo con la vejiga vacía. Un grupo de ocho investigadores en Estados Unidos comprobaron, a través de tres estudios, que la urgencia de orinar determina las actitudes de las personas. Por eso fueron unos de los galardonados del Premio IG Nobel, que se entrega año a año en diferentes categorías.

Mientras que los Premios Nobel llegan a las manos de investigaciones científicas sesudas y complejas, el IG Nobel (que se entrega desde 1991) se acerca más a los aspectos cotidianos. De modo que los asistentes a la ceremonia de 2009 no debieron de extrañarse cuando, acompañada del escritor Orhan Pahmuk, la doctora Elena Bodnar presentó un brasier que se convertía en tapabocas. Y tampoco este año, cuando un grupo liderado por la británica Anna Wilkinson fue premiado por demostrar que las tortugas de patas rojas no se contagian del bostezo.

O cuando el jurado del IG Nobel le concedió el premio de paz a Arturas Zuokas, alcalde de Vilnius (Lituania), por inventar una forma de acabar el parqueo ilegal en las calles: aplastar los carros con tanques de guerra.

En la edición número veintiuno de los premios, y bajo su premisa tradicional (“Nuestro objetivo es hacer a la gente reír y luego pensar”), el IG Nobel entregó 10 galardones en fisiología, química, medicina, psicología, literatura, biología, física, matemáticas, paz y seguridad pública. Este último, poco común, ahora es parte del palmarés de John Senders, quien realizó un experimento automovilístico en el que el conductor era cegado por un elemento en el parabrisas.

El galardón de matemáticas exactas fue entregado a un grupo de inexactos. Seis individuos que predijeron el fin del mundo en fechas diferentes se llevaron el premio. ¿Por qué? “Por enseñar al mundo a ser cuidadoso al realizar cálculos matemáticos”.

¿Una burla?
“Debe ser permitido burlarse de los científicos, porque ellos se burlan mucho de sí mismos”, dijo uno de los celebrados, Karl Teigen, quien encontró que las personas suspiran por resignación.

La respuesta de Teigen genera otra pregunta: ¿los premios IG Nobel son simplemente una burla de la comunidad científica?

Marc Abrahams, creador de los premios, dijo, en entrevista con El País de España, que “en la ciencia académica hay mucho sentido del humor, pero no se suele mostrar al escribir artículos en las revistas”. Además, es probable que un descubrimiento nimio vislumbre otros caminos. Por ejemplo, demostrar que el mosquito que transmite la malaria es atraído por el queso tipo limburguer, permitió combatir la enfermedad en algunas zonas de África.

Un científico que reciba el IG Nobel no termina en el desprestigio. El físico Andre Geim, ganador del Premio Nobel en 2010, había sido premiado en 2000 por los IG luego de hacer levitar a una rana.

El IG Nobel, más que una parodia, es otra forma de ver la ciencia. “Saber que la mayor parte de tu trabajo fallará —afirmó Abrahams— ayuda a tener sentido del humor”.